Letras
Dos poemas

¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

Pobre

Pobre,
Pensó que la vida era un espejo
Donde se reflejan las miradas.
Pobre,
Deseó una historia apasionada
Y los días transcurrieron tranquilamente
Pobre,
Soñó que el mar iba y venía
Para asolar la madrugada.
Pobre,
Imaginó las luces de la noche
Como guías de esperanza.
Pobre,
Esperó del amor furtivo
Mil y un goces.
Pobre,
Planificó en largos recorridos
Un viaje sin paradas.
Pobre,
pensó, deseó, soñó, imaginó, esperó y planificó,
Y al final comprendió, que la vida es inesperada.

 

Mis silencios

Compatriotas de una España
que a mí apenas me suena.
¿Cómo queréis que os honre
desde mi villa costera?
Donde ustedes ven campiñas,
playas de blancas arenas,
campos llanos de Castilla,
ciudades y ciudadelas.
Yo miro mis altos picos,
las olas y las mareas.
Me dicen como española
debo honrar a mi tierra;
y yo pregunto a cualquiera,
¿qué tierra?
¿Volcanes de lava negra?,
¿Playas de lajas austeras?,
¿Barrancos, pequeños valles,
pinos y flores de gran belleza?
¿Canarios avergonzados
emigrantes a otras tierras?,
¿o extranjeros café
qué llegan en las pateras?
Soy yo, parte de ella.
Yo, mis amigos, mis parientes
y parentelas.
Hemos forjado una raza
diferentemente auténtica.
Por mucho que nos comparen
no somos dignos discípulos
de enseñanzas tan ajenas.
Buscarnos en el calor
de las sonrisas abiertas,
en la dignidad callada,
en la discreta modestia,
en el orgullo altanero
de la sal y la pimienta.
Ahora, si me aceptáis,
seré compatriota vuestra
y defenderé a la patria,
nación, país o tierra;
porque ya habréis comprendido
que soy una lejana isleña.

Aunque el pecho tenga de cristal
y profundos sueños en él guarde,
aunque mi voz dolorida alcance
del mar presagios de mil tormentas.
Arranquen surcos de efímeras estrellas.
Aunque perdidos los recuerdos vayan
por calles estrechas y quietas.
Seré como yo soy,
así, de fácil, tan a mi manera.
Altiva, altanera, sí.
Compasiva, amorosa, tierna,
soñadora empedernida voy,
equivocada, empecinada otras.
Sólo distingo en mí una cosa,
y aunque suene a eco de conciencias, soy
una entre mil, mi voz,
una de tantas sombras,
una caricia, aquí, donde anidan las alondras.
Y aunque el pecho tenga de cristal
guardo para mí tantas tristezas.
Seré tan sólo yo, una lejana estela,
una sonrisa abierta
una mano en la tiniebla.

Si a alguien ofendo,
o molestan mis requiebros,
si mis impulsos transgreden
al incómodo desacierto.
Cerrar oídos y alma,
darme tristes la espalda,
olvidar que soy poeta,
no recordar de mí, ni una palabra,
ni un verso, ni una metáfora.
Seguir vuestra vida sin mí
por no ser tan necesaria.
Yo estaré entre mis hojas blancas
trazando formas complicadas
a las que llamo palabras.
Camino de mil despojos voy
escudriñando a lo lejos,
en el escribir certero
dejo arados sentimientos
al corazón que me inunda,
al de los sueños que evoco.
Escribir es revivir,
inventar lo no vivido,
o simplemente morir
mientras los versos escribo.

Mujeres de obstáculos frecuentes,
anhelos frente a frente.
Abrazos.
Ved la vida pasar
y cómo las arrugas
presagian ancianidad.
Someteros al loco avance social.
Alejad la niña ilusa
que sembraba flores secas
sobre una alfombra turca,
esperando mariposas
que volaran presurosas
hasta la madreselva dibujada
en tela aterciopelada.
Pero no quedan mariposas
y las flores se marchitan
dejando manchones
en la alfombra made in Taiwán
y como mujer eres y de ti es lo que se espera
te levantas presurosa
a dejarla como nueva.

Los pies esclavos de tantísimos horrores,
descalzos van sobre lechos de suspiros suaves.
¡Qué bello caminar el de algunas aves!
que vuelan y se posan para volver a retomar el aire.
Manos encallecidas se someten solas
no hay ley escrita alguna
en mezcla de sentimientos.
Compuesto de amor, de minutos y mil horas,
pon toda la intención
que yo pondré una rosa.

Mis palabras acarician sentimientos
y se vuelven aplicadas cuando escuchan.
Enlazan otras voces tan lejanas,
abren puertas tan cerradas,
son de hombre y de mujer,
de infancia y de vejez,
llenan vacíos solitarios,
Vacían la superflua fortuna,
son humanas, cotidianas.
Yo no he inventado nada.
Mas cuando las uno hilvanadas,
salen ideas en volandas,
surtidas de horizontes,
incluso hermosamente llanas
grandes, espléndidas, mundanas.
Por eso las palabras son
mi única arma.
Si la utilizo, o no,
depende de mis ansias.

Anoche pude soñar contigo
en mi propio ritmo interno
divisé tus andares pausados,
tus aromas de mistela,
tu voz se arrimaba a mi piel,
como siempre,
dando consejos, que ahora no recuerdo.
Y en el alma quedó prendida
una única palabra,
gracias.
Lloré al comprobar que ya no estabas,
tan solo quedó aquella palabra
que llenó mi vida y me dio construido
el mundo, el calor de una fragua.
Aprendí a ser y tan solo por aquella palabra
lo que tanto vi en tus enseñanzas.

¡Vaya! Llegó el amor
y se paseó delante sigiloso.
Yo, por supuesto, lo reconocí.
Me hice la distraída
y él se coló en mi sonrisa.
Ya dentro de mi boca se relamió en mil sensaciones
y pujó por pasar a mis pupilas.
En un descuido brotó con destilados influjos
una mirada sincera y acuosa,
me sentí deseada y hasta hermosa,
después recorrió toda la piel de mi envoltura,
tocando de mí cuerdas sostenidas,
en vibrante arpa de plata.
A cada acorde rendí el alma,
a cada acorde abandoné la calma.
Dormí, porque tanto amor cansa
y al despertar, tan solo supe
que había estado enamorada.

Si pronuncias mi nombre al mirarme,
abro en mil las mil cárceles del alma
y dejo salir los pesares
atiborrados de años a la sombra,
ataviados de espléndidos manjares.
Si alguna vez hurgas en mí como en la tierra,
acaso me encuentres terriblemente seca,
sin más abono que las tristezas,
sin otra propiedad que la entereza,
que si soy sincera se tambalea
al esperar de ti que algo en mí enciendas.

Hace tiempo de tu marcha
y el mundo ya no es mi mundo,
ni los pasos son aquellos que lo transitaban.
Mis sueños, que eran los tuyos, ya no están, no queda nada.
Voy de aquí, o allá buscando lumbres
que calienten mi morada.
Mas este frío me hiela,
no me caliento con nada.
Y si abrigo me encontrara en una risa cercana,
mi frío sería menos, a pesar de estar helada.
No hay en el mundo cobijo para el que no tiene esperanza,
ni amigos, ni destino, ni ilusiones,
ni puerto donde amarrar la barca.

Para ser serena espiga
alzo mi cuerpo cargado,
grano seco acumulado
y espero una mano amiga
que desee aprovecharlo.
Es el viento que me mece
al compás de la folia,
amapolas serpentean
entre notas saltarinas.
Soy simiente de otras vidas
y destino de la mía,
haré un gran pan caliente
con todas mis mil semillas.

Cruzan umbrales,
perfilan caminos estelares,
ondulan ligeros, sutiles,
precipitan angosturas,
escalan, serpentean,
advierten inquietos
que al crujir del pedregal
le faltan alas.
Solos están y estarán
porque para recorrer el mundo
hacen falta ganas,
y para las ganas,
encontrar alguna playa
a la que llegar y arribar sin zozobra,
simplemente, columpiando olas.
Surcar el mar hacia tierra fértil
Dejándote llevar sin desaliento,
Sin hastío
Porque la mar es vida
Llena de pasos;
Pasos que van, vienen y dan la vuelta,
caminantes, acérrimos peregrinos
surcando lechos azules de estrellas
para ahogar lo más negro del destino
allá en las profundidades del abismo.
Mis pasos son marinos,
aletas de perfiles desmedidos,
huellas de superficies olvidadas,
agónicas zancadas repetidas,
al fin conducen en sí a cualquier sitio
para encontrar pasos serenos
y al mirarlos desde arriba tan desnudos,
ver que son pies con pasos, saltos y carreras
apresuradas a destajo.
Y aun así, son sólo pasos
sometidos a unos pies desnudos.

Romper la lanza en el oscuro,
clavar a sangre y fuego
en cruel asombro
la punzante aguja del desgarro.
Trazar rasguños y entramados,
el corazón detiene el ritmo
y el aire queda suspendido
en el suspiro largo de un pálpito.
Rasgaste entero el padecer
y atravesaste los odios uno a uno.
No hay temor ni asombro de locura
al ser un duelo de llanto impasible
que recorre mi piel en angostura
y vena a vena
expande su elixir reconcentrado
llegando al sentimiento ávido
estéril y helado,
donde no prende llama alguna
por el fluir de ríos de mi cuerpo patrio.
Ya sin apenas voz, ni fuerza alguna,
grito, no entiendo qué, pero lo grito,
Malgasto en semejante despropósito:
¡Traición, triste traición,
qué daño haces!
Muero por ti, por tu memoria,
por tu silencioso juego de naipes.
No quiero alimentar este dolor encallecido
que me deja exhausta y sin ánimos,
sin ilusión y negras perspectivas.
Quiero tan sólo seguir sin la zozobra
De saber que voy terriblemente sola.

Hablar es una práctica que agota
cuando no hay más que decir,
cuando la comunicación va coja,
pantanosa corre el ansia rota,
sumergiendo ideas anacrónicas.
Es impropio el silencio que alimenta la existencia
por ser en sí mismo una fuerza
que limita los desnudos
y acecha las esquinas más secretas
Desidia del pasar de las horas.
Decir no es hablar.
Hablar por hablar es otra cosa.
Contar alguna historia
pero entrever los sentimientos
es una práctica que agota.
Voy cansada de tanto intento
porque nunca sabré a quién le importan.

Las despedidas siempre dan pena
Dices adiós al tiempo que no regresa,
A la tierna infancia, a la complicada adolescencia,
A la juventud, despreciativa, a la madurez egoísta y desmedida.
La esperanza se agota silenciosa
Y la ilusión emigra, más bien por no dejarla sola.
No recuerdo cuándo me dejó la inocencia,
Supongo que fue cuando se apagó la luz de mis estrellas.
La alegría me abandonó sin yo quererlo
porque sé bien que la apreciaba
hoy no tenerla es un negro exilio
pero aun así, lucho sin fin por recuperarla.