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Antonio Skármeta
Skármeta: Los días del arcoíris es una novela hecha de dichas y quebrantos.
Antonio Skármeta obtiene el Premio Iberoamericano Planeta-Casamérica
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Por una novela que él mismo describe como una historia “acerca de la fuerza de la imaginación para conseguir un presente en un mundo globalizado y frío como este, y que ha dado cambios que hoy disfrutamos”, el escritor chileno Antonio Skármeta obtuvo, por mayoría, el IV Premio Iberoamericano Planeta-Casamérica 2011, según se anunció el pasado 14 de marzo en Santiago de Chile.

Titulada Los días del arcoíris en una referencia al arcoíris que emplearon como símbolo los partidarios del “no” durante la campaña para la votación en el plebiscito de 1988, la novela —que Skármeta presentó con el seudónimo “Cosme Catiboratos”— fue definida por el escritor Álvaro Pombo como “una novela de la reconciliación” y “claramente política y psicoanalítica, que analiza la situación anímica de un pueblo que después de 15 años se encuentra con el dictador”, y que combina emociones de dos clases: el quebranto y la dicha.

Y es que esa historia que tiene como narrador a un jovencito de secundaria llamado Nico, con un padre que es profesor de filosofía y que vive quince años después del derrocamiento del dictador Augusto Pinochet, tiene mucho de un verso de la canción “Gracias a la vida”, de Violeta Parra.

Tanto que Antonio Skármeta dice que si ella viviera podría decir cantando “es una novela hecha de dichas y quebrantos, los dos materiales de los que está hecho mi canto”. El narrador asegura que su novela es quebranto porque “tiene momentos muy duros de la represión que hasta hoy le duele a mi pueblo, pero también dicha, porque Chile encontró, para salir de eso, un camino pacífico, alegre”.

En una ceremonia celebrada en la Biblioteca Nacional de Chile, el narrador —que ya en 2003 había obtenido de la misma casa editorial el Premio Planeta por su novela El baile de la victoria— aseguró que Los días del arcoíris es una novela que se desarrolla en un momento de la agitación y de movimientos dramáticos de liberación, no sólo en Chile, sino en varios pueblos del mundo que se mueven para cambiar.

El escritor español Álvaro Pombo, en su calidad de miembro del jurado del premio —junto con el escritor argentino Guillermo Martínez; la colombiana Ángela Becerra (anterior ganadora del premio); Alberto Díaz, director de Planeta Argentina; Imma Turbau, directora general de Casa de América; y Ricardo Sabanes, director internacional del Grupo Planeta—, dijo que además de que el novelista cuenta mejor que el historiador, en 1970 había una especie de reconciliación en marcha.

El también miembro de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) reiteró que la novela tiene un gran poder evocado de un periodo de unificación y reconciliación nacional, pero también de cántico y de gran herencia y enseñanza, pues Chile demostró que podía salir de la dictadura por un camino pacífico y alegre rumbo a la democracia. “Es una forma ingenua de presentar el psicoanálisis del Chile de la época”.

La obra, que obtuvo un premio de 200.000 dólares, fue seleccionada de entre las 639 propuestas que entraron al concurso a lo largo de dos años, pues hay que recordar que este galardón sería entregado en 2010, año en el que Skármeta ya figuraba entre los finalistas, pero la entrega fue cancelada debido al sismo que azotó a Chile el 27 de febrero de 2010.

Un año después de ese hecho, la novela del escritor nacido en Antofagasta en 1940, y que forma parte del catálogo de autores de Grupo Planeta desde hace varios años, fue premiada y definida por su alegría y esperanza.

La escritora colombiana Ángela Becerra comentó que se trata de una pieza de alegría y mucha esperanza que está presente a lo largo de la historia. Se trata de una novela que, augura, van a leer muchos lectores jóvenes. “Es muy fácil de leer y gratificante”.

La colombiana prefirió leerla sin el peso de ser escritora ni como jurado, para ello se convirtió en un lector limpio que no buscaba la estructura narrativa, sino dejando que “la novela te coja de la mano y te lleve. Me llevó de forma continua como un río fresco, limpio e ingenuamente bello. Es una novela que va a mostrar ese periodo, va a acercar a los lectores a la juventud de forma fácil”.

“Debemos congratularnos de que Chile lo logró de una manera pacífica. El costó fue conseguir una dignidad muy alta frente a un dictador”, dijo Skármeta, el autor que se ha distinguido por una narrativa sencilla que llega a miles de lectores, que conquista con su visión desenfadada, aunque toque a veces la realidad nacional o el pasado de su país.

Habló de democracias y de populismos, dijo que la responsabilidad del escritor está con la ficción y no con la realidad política, por eso él no es un intelectual que opine de todo y analice y critique las acciones políticas. Su papel, dijo, es ser fiel a sí mismo, se rige por la máxima “conócete a ti mismo”.

“Mi rol no es explicar; a mí me toca, me hiere, me duele el dolor de mi gente; he tratado de que mi íntimo corazón palpite al unísono con el corazón de mi gente; entiendo que otros creadores tengan otra actitud, unos optan por la militancia, pero yo respeto la libertad de la novela”, declaró el autor de Ardiente paciencia, cuya adaptación fue hecha por él mismo en 1983 y por Michael Radford, con el título Il postino, en 1994.

Sin embargo, sí habló de democracia y agradeció el premio a un chileno que se lo otorgan en Chile, un país democrático porque, dijo, “justamente mi novela tiene que ver con otros momentos de ese Chile, con momentos muy arduos en los que se luchó para conseguir esta libertad de la que gozamos”.

Su visión es esperanzadora y de alguna manera rinde homenaje a todos los que fueron compañeros de esa aventura que llevó a la democracia a través de un camino pacífico. “Una novela es una novela, una novela es lo que es”.

Los días del arcoíris tiene que ver también con la tristeza y con la reconciliación. “La tristeza es un tema que está dando vueltas en la novela, pero el final tiene indirectamente algo que ver con el tema de la reconciliación y el tema de la deuda, dos temas que se funden, el final mismo de la novela”, señala el narrador.

Sabe bien que su novela tiene como marco un momento de agitación y movimientos dramáticos de liberación en varios pueblos y aunque se congratuló de que Chile logró el cambio de una manera pacífica, con una dignidad muy alta, no pudo dejar de hablar de los gobiernos populistas que “simplemente se formulan sobre la base de una retórica de cierto abuso del poder democrático. Que no dejan satisfechos ni a los partidarios ni a los opositores”.

La novela, que tiene como uno de sus protagonistas al actor Roberto Parada, está también dedicada a él e inspirada en su dolor y sonrisa. Skármeta recuerda cuando al actor le avisaron que su hijo había sido asesinado, fue durante una función y él siguió actuando, pero antes dijo: “Han asesinado a mi hermoso hijo y esta función se la dedico a él”.

De ahí que Parada está presente en la obra. También están presentes los “pingüinos”, los jóvenes estudiantes de secundaria, que con su uniforme muchas veces tomaron las calles pidiendo mejoras; también están los profesores.

Que su novela llegue a la pantalla grande no le corresponde a él, ni siquiera sabe qué va a pasar con ella. Recuerda los éxitos que ha tenido Ardiente paciencia, su vida larguísima, pues es un libro que se reedita todavía en los 25 idiomas a los que ha sido traducido. Incluso se ha adaptado a varios géneros, además del cine ha llegado al teatro y a la ópera a cargo, esta última, del mexicano Daniel Catan y con Plácido Domingo como Pablo Neruda.

“Lo que más me importa de esta novela es que va más allá de la experiencia chilena, es una novela de una épica un poco estridente, es una novela de una época pacífica que tiene un sustrato y un antecedente trágico. Su desenlace puede interesar mucho a los lectores de todo el mundo”.

En un mundo en que se describe el poder desde el poder de la fantasía, de la imaginación. Hay un momento en la historia que la acción muestra que los creadores pueden producir cambios que pueden llevar a la salida de un país. Si se tuviera que definir en una sola frase, diría que es una novela acerca de la fuerza de la imaginación para conseguir, aun hoy, en un mundo globalizado y frío como este, cambios que hoy disfrutamos”, dijo Skármeta.

Con estudios de filosofía y teatro en Chile y una maestría en la Universidad de Columbia (Estados Unidos), Skármeta fue embajador de Chile en Alemania durante la presidencia de Ricardo Lagos (2000-2006). Ha traducido al castellano a Kerouac, Mailer, Melville, Scott Fitzgerald, e incluso ha incursionado en la actuación. También dirigió y animó El show de los libros, un programa de televisión en el que difundía la literatura y los escritores.

Fuentes: El PaísEl Universal