Los convencionales humoristas, publicado por la editorial Caro Raggio, reúne en un volumen dos piezas humorísticas del escritor donostiarra Pío Baroja, asociado habitualmente a la imagen de refunfuñón pero que aquí aparece en su versión más satírica, a través de dos piezas “desternillantes y sencillas que se leen como un cómic”.
El libro recupera un sainete de 1926, Arlequín, mancebo de botica, pero sobre todo saca a la luz un inédito, que da título al volumen. El sainete, sin data pero escrito probablemente en torno a 1950, es una de las últimas creaciones de Baroja y ha permanecido oculto durante más de medio siglo.
De hecho, se trata de un sainete desarrollado a lo largo de 63 cuartillas encoladas “a modo de bastidor” sobre las páginas de un ejemplar de Geografía Histórica de la Villa y Puerto de Portugalete, editado en 1942 por la Junta de Cultura de la Excma. Diputación de Vizcaya.
En realidad, se trata de una transcripción realizada a mano por el sobrino del escritor Julio Caro Baroja. “La letra de Julio es firme y limpia, mientras que la de Baroja es vacilante y borrosa”, señala la editorial madrileña. “Suponemos por ello que se trata de una de las últimas obras de don Pío”.
Los convencionales humoristas, ilustrado por dibujos humorísticos y divertimentos del primer Julio Caro Baroja, arranca con el sainete que da título a la edición, una obra ambientada en una aldea vasco-francesa en la “Época del Terror”.
Con un argumento “disparatado”, la trama se desencadena a partir de la llegada al pueblo de un amedrentado grupo de aristócratas procedentes del París revolucionario. En la aldea, los nobles se topan con las “fuerzas vivas locales divididas y enfrentadas al Antiguo Régimen en plena dialéctica contra las modernas ideas de la Revolución”.
En cuanto a la segunda pieza incluida en esta edición, se trata de otro sainete, pero escrito por Baroja un cuarto de siglo antes. Fechado en 1926, Baroja lo compuso para El Mirlo Blanco, el teatro de cámara fundado por su cuñada, Carmen Monué, en la propia casa familiar. Se da la circunstancia de que el propio autor llegó a interpretar el papel del señor Pantaleón en esta “farsa ágil y graciosa con un final feliz absolutamente inesperado”.
La publicación de Los convencionales humoristas recupera para los lectores al Baroja humorista y al autor teatral cuya obra dramática —apenas una decena de títulos— ha quedado sepultada por su ingente producción narrativa. Sobre su faceta como autor de sainetes, el propio Baroja escribiría en el prólogo a sus Entretenimientos que escribió tres, “naturalmente, de intención sonriente y optimista”.
Fuente: Diario Vasco