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Poemas

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Fábula clásica

Helos aquí:

            Fulvius Macrianus, Macrianus Iunior, Quietus, Postumus,
            Aemilianus, Tetricus Senior  y Tetricus Iunior, Magnus, Pacatianus, Ingenuus,
            Balista, Felicissimus, Terentius Maximus, Gellius Maximus,
            Regaliano y Sulpicia Dryantilla

                                                              —muertos todos;
                                                                 olvidados.

            Nadie despierta sudoroso en su nombre, ni sufre sus conjuras y confiscaciones.
Nadie teme a Tetricus, ni a Postumus.
Nadie sabe en qué playa inundada están las sobras de Aemilianus.
Nadie sabe quiénes son los hijos de Sulpicia; nadie les odia ya, y
            nadie sabe cómo fue quererles;

            Nadie les cuida, nadie les traiciona, nadie sufre su traición.
Nadie les aclama en las plazas.
Nadie afila las lanzas en su nombre.
Nadie se ocupa de censar el odio que germina en los aplausos.
Nadie espía las nuevas codicias que brotan como musgo entre sus sombras.
            Nadie ambiciona tratos con Macrianus.

            Ya no conspiran, ya no obtienen ganancias de su astucia.
Ya no ganan y pierden las batallas, ni avalúan sus victorias con actuarios de muerte.
Ya pueden descansar sus sonrisas incompletas, y el rictus macabro en sus miradas.
Ya no precisan mentir, o hacer inventar perversas fantasías.
Ya no necesitan esconder sus motivos.

            Ya están todos muertos;
                                                              olvidados.

(de Cada sol repetido, Ananá Ediciones, 2010)

 

Visión de tiempo y arena

El recuerdo es la única era habitable,
dúctil frente al soplo de arenas
que aguija imparable los sentidos.
El resto es sólo transcurso y escape,
menos asible aun que un umbrío
perfil de tormenta;
sólo pueden vivirlo estrellas lejanas
(las que empalan luciérnagas tristes
y agitan su luz en despedida).

(de Babel y exilios, poemario inédito)

 

Meditación antes de la búsqueda

Fisuras desgarradoras en la conciencia;
versos persiguiendo escurridizas verdades;
palabras que resisten el llamado a la marcha
—presienten el cansancio de la guerra sin causa.

¿De qué se trata el sol en la retina
la calma noche y la llanura cruenta
de pequeñas muertes y de enanas blancas?

La búsqueda del mapa me conmueve,
el desentierro del antiguo propósito
—no el retrato heroico de genocidas
   cargados de medallas,
   gordos de panegíricos.

Ésos ya tienen sus biógrafos y banderas,
sus estatuas, sus orgullos nacionales.
                                             Y sus sarcófagos,
templos, rituales y tabúes
y el pudor de muchos limpiando
la sangre de sus páginas.

(de Babel y exilios, poemario inédito)

 

Partitura del amor fiel

Todo esto debería ya saberse:
           el amor arranca chispas al agua y al bosque seco;
manan torrentes en su sed profunda;
           su polen hace brotar palabras en las piedras;
de la mano de Dios no sabe qué es incienso,
           y entiende más de nacer que de abnegar,
se empeñó en aprender el arte del regreso,
           y ayer sintió nostalgia
hoy tiene el cerebro lleno de poemas; y se ha dado a indagar,
           tornando celestes las ventanas,
si las garzas blancas rondan todavía,
           si las trinitarias se desperezan;

esconde los detalles del día en su memoria,
y los derrocha después
                      en crisálidas ociosas;
pero cabe en una sola línea sincera,
                      y sabe dónde estás,
y allí te espera.

(de Babel y exilios, poemario inédito)

 

Paisaje de playa

(F, Pluralia tantum)

Huellas saliendo de la arena,
misteriosas protuberancias
húmedas, efímeras;
¿qué criaturas se fugan bajo el rastro?
Dos corazones brevemente abrazados,
uno en postrada espera, el otro,
hilachas de espuma, de mar, de costa;
en juego de magia se desvanecen ambos
y nadie explica, y nadie observa,
y nadie sufre su carencia:
es el camino antes del caminar,
la utopía, antes del soñar,
un aire lento que insufla el milagro,
un día lejano que se gesta.