Artículos y reportajes
“El corazón de Venezuela. Patria y poesía”, de Luis Alberto Angulo y Luis Ernesto Gómez (comps.)
El corazón de Venezuela. Patria y poesía
Antología de la poesía venezolana
Luis Alberto Angulo y Luis Ernesto Gómez (comps.)
Ediciones de la República de Venezuela
Caracas, Venezuela, 2009
Breve nota de lectura de El corazón de Venezuela. Patria y poesía

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Hacer una antología es siempre tarea difícil. Pero en este caso la tarea se ve complicada por la envergadura de este proyecto, que abarca la historia de Venezuela a través de la voz de sus poetas. El universo o colectivo de poetas considerado es parte relevante de la cultura de un país que atraviesa por momentos clave en su historia, que además se proyectan a nivel continental. De manera explícita, esta antología otorga un papel especial a la poesía entre lo que llamaríamos las manifestaciones de la expresión y representación; así, y según los autores, el proyecto “no pretende sino desplegar la importancia, validez y belleza de esa expresión en la construcción del ideario espiritual de nuestra nación”. La idea de nación es tan fluida como la de país. La nación puede ser un colectivo etnocultural y lingüístico, delimitado territorialmente o no, y con raíces comunes. O puede ser un conglomerado humano heterogéneo que convive dentro de los límites geográficos de un país, que acepta como definitorios. En general, un país está delimitado geográficamente y posee unidad institucional. Pero en la historia hay proyectos nacionales que pueden y han podido atravesar las fronteras de los países, en un intento de aglutinar en una nación-estado elementos etnolingüísticos y culturales separados al interior de varias fronteras. En ciertas circunstancias históricas y culturales, plantearse un proyecto nacional en un país delimitado geográficamente puede tener resonancias históricas y trascender hacia el conjunto de la región en que se encuentra el país de que se trate. Creemos que esta antología surge en una situación de este tipo en el país hermano de Venezuela.

Así, esta compilación de poetas venezolanos de Luis Alberto Angulo y Luis Ernesto Gómez, publicada por la Dirección de Publicaciones de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, viene a ser una historia y un testimonio poéticos de un país que atraviesa momentos definitorios, es un intento de configuración de la nación venezolana, del contorno de la Venezuela poética y axiológica contemporánea y de sus raíces históricas. De acuerdo con la intención de este proyecto, las voces de los 158 poetas presentes en esta antología atraviesan prácticamente la historia republicana de Venezuela, desde fines del siglo XIX hasta nuestros días, y representan a todas las regiones del país, así como a países extranjeros en que los poetas o polígrafos venezolanos desempeñaron un papel a veces crucial, como es el caso de Chile con Andrés Bello, lo que de alguna manera señala que la incidencia actual de Venezuela en el resto de América Latina no carece de antecedentes. El proceso venezolano, con elementos anticoloniales, socialistas, de autonomía política y económica, además de una afirmación cultural esencialmente latinoamericana y una vocación de redención continental, hacia la actualización y la concreción del ideal bolivariano para la América indo hispano lusitana. Igualmente multifacética es esta antología, que además de presentar la concreción poética de estos componentes, va siguiendo las instancias de la evolución afectiva, espiritual e identitaria de la gente que puebla y constituye el país, representada por sus poetas. El poema “Gloria al bravo pueblo”, de Vicente Salias, escrito en 1810 y que es el himno nacional del país, ya tiene algunos de estos componentes sociales y continentalistas, como queda en evidencia en este fragmento:

¡Abajo, cadenas!
¡Abajo, cadenas!
gritaba el señor,
gritaba el señor,
y el pobre en su choza
libertad pidió...
Unida con lazos
que el cielo formó
que el cielo formó
la América toda
existe en nación

En unos versos, aquí antologados, de los fragmentos de la Alocución a la poesía de Andrés Bello, el polígrafo venezolano-chileno dice:

la tierra, al hombre sometido apenas;
y las riquezas de los climas todos
América, del Sol joven esposa,
del antiguo Océano hija postrera,
en su seno feraz crea y esmera

El continentalismo americano parece así ser una constante de la poesía venezolana —y quizás por tanto de la ideología histórica nacional—, como queda de manifiesto en el poema “El gaucho y el llanero”, del poeta venezolano-español Alfredo Arvelo Larriva, de 1926, y que reproducimos en su totalidad:

El gaucho y el llanero

Son los hijos del sol y la llanura,
con el azul y el iris por bandera.
Su América les dio, gaucha y llanera,
lección de libertad, visión de anchura.

Encintada y sencilla, fiel ternura,
moza o guitarra es musa y compañera.
Vidalita o chipola, dulce o fiera,
la copla dice amor, dice bravura.

¿Riñen? Facón al sur, machete al norte,
en su mano fulminan punta y corte.
Toro y jaguar son juegos en su historia.

Y a voz de Patria, por instinto oscuro,
lanza y corcel tendidos al futuro,
pasan en su inconsciencia de la gloria.

El bolivarismo tiene una nutrida aparición en esta antología, por ejemplo en “Bolívar, toma mi canto”, de Enriqueta Arvelo Larriva.

El aspecto por así decir social, otra constante de la poesía venezolana y latinoamericana, está presente en un gran poema de Andrés Eloy Blanco, poeta venezolano mexicano, su “Presentación mural del hombre honrado”, que parodiza con abundantes elementos coloquiales y antipoéticos a una figura que representa o encarna a la clase pudiente, explotadora y opresora, y pensamos que la expresión plástica mexicana del mural, de tanta productividad artística y revolucionaria en su momento, no está ausente como referencia para la composición de este texto, del que elegimos una parte:

Presidente del Carnaval,
Director de Créches,
Filántropo de fiestas con frac
y cuadros vivos con patrias tiesas,
oficial de la Orden del Libertador,
Pendejo con palmas académicas,
ni le matas el hambre a nadie,
ni le quitas a nadie el sueño.
Hay un límite en todos tus designios honrados:
el gobierno.
Representas muchos intereses;
pero nunca recuerdas el interés del pueblo.
Que roben, que asesinen, que recluten,
pero que tú y la cárcel se saluden de lejos;
la honradez de la Patria no habrá sufrido nada
mientras tú no estás preso.
Te admiro. Eres virtuoso.
Los demás luchan, los demás tienen hambre.
Los niños se hacen engrillar,
los campesinos se hacen matar, las mujeres se hacen ultrajar,
y tú
permaneces mudo,
solemne,
espectador,
honrado,
honrado,
abominablemente honrado.
Pero yo sé que nunca
alcanzarás siquiera la honradez del Tirano.
...Sonríes.
Esperas.               
Harás un gesto cuando te convenga,
cuando la sopa está a tu gusto.
Mientras tanto, haces plata (...).

Y siguiendo un poco con lo que sería el rastreo de la presencia del “tema social” en el friso poético de Venezuela a que han dado forma los antologadores de este volumen, nos encontramos con la tan fecunda mezcla de experimentalismo o vanguardia con el vasto abanico de los contenidos así llamados “sociales”, que en realidad pueden abarcar a toda la realidad humana y su entorno, como en este párrafo de J. A. de Armas Chitty, del poema antologado “El regreso”:

La ansiedad ensaya un cielo.
Los ángeles no retornan.
Sólo es realidad la tierra,
el sueño cuando se ahonda,
el aguante del llanero
que es de angustia y no se dobla.
Allá va Paula Meléndez
con el hambre por joroba,
su pie es un hueso y no sabe
que tiene las huellas rotas.

Y si nos vamos por esta otra vertiente del rico caudal de este libro, el de la experimentación poética, de la literatura intergénerica, nos encontramos con Hugo Fernández Oviol y su poema en prosa “El caballo de Ibrahim”, cuyo fragmento inicial reproducimos:

Había una vez un hombre bueno llamado Ibrahim. Era un genio, un ilusionista, que andaba lleno de ciencia, de sueños y de amor. Como es lógico, este hombre maravilloso había nacido en Cabure y como yo tuve la suerte de nacer en el mismo lugar y algunos creen que soy poeta, naturalmente, Ibrahim y yo fuimos amigos.

Y así podríamos ir siguiendo los hilos temáticos y estilísticos, o la recepción y trasmigración de las diferentes escuelas y tendencias poéticas, filosóficas, estéticas o ideológicas “occidentales” en el especial entramado de la poesía venezolana, pero esperamos que estos ejemplos sirvan para mostrar la relevancia que tiene la poesía venezolana para las letras en castellano, para el momento actual que atraviesa Venezuela. Además esperamos que los lectores del mundo hispánico puedan disfrutar del magno y atinado esfuerzo de los antologadores al elaborar esta historia poética del país, seleccionando los elementos del vasto discurso poético nacional para construir un friso que se nos enfrenta y así contribuye a dar sentido a la historia contemporánea de Venezuela y su visión de mundo, enraizándolas.