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Poemas

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A costillas de Eva

Ardía su piel
debajo del vestido.
¿Esto es ser mujer?
se preguntaba
Eva
una y otra vez
despellejando margaritas.

Pasó un ave.
Una tropa de animales perfumados
con su sexo colgando
y lanzas hundidas sobre el lomo.

Tango salvaje.

Agua azul bajo la alcantarilla

Las flores morían en sus manos

¿Esto es ser mujer?

Eva se desnuda en el paraíso
de sus ganas.

Venus busca a-Marte.

Lo encuentra.

Le saca una costilla.

Y se la come.

 

Ganas

Llueve.

El río crece.

En su vientre se están elaborando sapos y más plantas.

El bosque se entretiene armando colibríes para adornar el cielo; las mariposas dan a luz alas de colores.

Un caracol con sus antenas largas como hilos, no sabe adónde ir y se pone a lustrar los zapatos de la tarde.

Todos trabajan para el mundo.

Sentada en las flores me sirvo una porción del horizonte.

Sabe a madreselva. A pan caliente.

A ganas de vivir.

 

La espera

Esperé al amor lustrando peces; fraccionando racimos de verano para festejarlo el día de su nacimiento.

Otras cosquillas llegaron antes, a devorar el banquete de mi carne servida como cena.

—Arrodíllate, hija, es bueno rezar, así después no duele tanto —decía la abuela.

Y yo rezaba.

Encendía velas y floreros con magnolias. Usaba el velo, lo desusaba.

Al tiempo aprendí a usar y desusar el hábito de esperarlo.

Un día vino con su manto dorado, la promesa de miel y un anillo de novia.

—¡Aquí! —grité

Zarandeando las costillas.

No me vio.

Examinó mis restos.

El humo del tabaco que fumaron otros, los que no eran, desecando mi antigua garganta.

—Tarde —dijo; y se marchó.

Masticando el último hueso sin espinas.