Letras
Poemas

Comparte este contenido con tus amigos

Intensidad de lluvia

Llueve sobre la hierba, las sombras, las grietas,
sobre esa costra que ya se pudre y cuyos pedazos caen
dentro del cántaro y su óxido dañino.
Nadie escribe ahora su testamento de inquinas
ni deja para otros la lista de sus deudos.
El tiempo se aburre en alacenas de estío
para entonces juguetear entre cordeles de llovizna.
Perfora la nostalgia ese delirio que arde en las calles y luego
eclipsa la tarde en las copas de los pinos.
Todo verdor vierte una tímida estridencia sobre los dorsos de las frutas,
el frío fermenta pies ocultos
y un lamento de neblina canta ráfagas de rezos.
Precocidad de lluvia libertina.
Cuánto ardor en los techos suspirando
por tus goteras de elegías.

 

Nombro lo esquivo de tu rostro

Ninguna curvatura atroz como tu sombra
estela sin fin que destroza arreboles en la tarde.
Te distiendes en la tenacidad de un piano
cuya aria enfatiza un pésame de ola
—locuaz vespertina de ensueño.
Yo me marcho en tu voz que se quiebra
me lanzo a tu estribillo de brisa,
huracán indetenible tu espada merodea ese pasillo
donde fragilidad y paz se dan la mano
y a toda hora alguien proclama guerra sin cuartel.
Ninguna burla atroz como tu línea
depurando un horizonte de grosellas;
vengo a esperarte ahora que te has marchado
vengo a tu país de música imbuyendo los silencios.
Acaso así nombro lo esquivo de tu rostro
tal vez así esté recreando un cosmos invivible.

 

Frente a Dios

Miro al fondo la luz y creo a solas.

V. Aleixandre

Cómo saber si soy lo que esperabas
si en tu mano fui tejido,
constelación semiapagada
de neutros soles
y dulcísimo éter.
Cómo saber si mi cuerpo es sequía
y mi piel es grava
o una simple pizca
de ceniza.
Cómo saberlo, Señor,
si con sólo un toque
lo escudriñas todo.
De mí absolutamente
todo lo reservas.

 

El poeta geómetra

Escribe sobre levedades y conjuros
que no pueden versarse con escuadras
menos rimarse con corolarios y teoremas.
Traza estrofas que son ángulos colaterales
metáforas de rectas curvilíneas
símiles para alinear espíritu y hecatombe.
Une los puntos que distancian de los muertos
sus querencias y odiseas.
Dibuja las asíntotas que interceptan la entrada
al portal esquivo del tiempo.
¿De toda la poesía que construye con reglas y compases
cuál le indicará el mejor modo —el apotegma—
que habrá de equilibrar exactas las iniquidades del mundo?

 

Cuando toque tu alma

Tu alma: un ala pulsando las teclas de un piano inconsolable.
Cuando toque tu alma exhalará el zumo agridulce de la somnolencia,
se escribirá la historia autobiográfica de mi otra vida;
propagará un perfume etéreo la brizna
que circunda esta ciudad de historia y de murallas.
Cuando te palpe por encima de un dedo caerá herida el ave sempiterna,
descenderá el cielo de lo absurdo, lo inconsútil
de esta comedia de barajas e ilusiones.
Cuando toque tu alma sabré que es cierta la dicha que me distancia
de esta paz sin tu paz en mi camino.

 

Ars magna

Entretejer chispas con vocablos,
transmutar en versos el olvido,
disipar toda nostalgia y distancia
(siempre necesarias a la hora del lamento).
Ver discurrir los días y la historia,
el derroche senil de un diccionario
en el que todos leen
el significado de la ausencia;
este grácil juego se apresta
para hacer preguntas sin respuestas,
devoción sin altares, ni reliquias.
El milagro nos depara un parir de ostras
un dolor de tripas balbuceantes.
Puede que la anunciación del ángel
agazapado en tu oído
dicte la sentencia, la condena.
Puede ser que el oficio del poeta sólo consista
en dejar el alma
a la deriva de lo incierto.