“El hipertexto prospera en la marginalidad, como el sabio”.
George Landow.
Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han revolucionado el universo mental de sus usuarios, y con ello, su universo semiótico, por lo que resulta necesario estudiar una de sus herramientas fundamentales y la metáfora que lo expresa a plenitud: el hipertexto, creando una nueva semiosis, una nueva esfera semiótica, que bien podríamos llamar, de modo experimental, tecnosfera: lugar donde se desarrollan los procesos semióticos relacionados con las TIC, haciendo una analogía con el concepto de semiosfera de Lotman (que a su vez lo tomó del concepto de biosfera de Vernadski), quien abordó el problema del texto en una perspectiva por demás original a mediados del siglo XX.
Para Lotman la semiosfera es una “esfera que posee los rasgos distintivos que se atribuyen a un espacio cerrado en sí mismo. Sólo dentro de tal espacio resultan posibles la realización de los procesos comunicativos y la producción de nueva información” (Lotman: 1996: p. 23).
Visto así, podemos entonces ampliar el concepto de tecnosfera a un universo semiótico donde convergen distintos textos y lenguajes relacionados con las TIC, tales como mensajes de texto, chat, correos electrónicos, foros, redes sociales, entre otros, donde se generan nuevos procesos comunicativos, donde se generan nuevos procesos comunicativos.
Recordemos que el texto, en este teórico, es “una persona semiótica y (...) considera como texto [a] la persona en cualquier nivel sociocultural”.
¿Qué es el hipertexto?
Definiendo el concepto de hipertexto, utilizando la noción desarrollada por Theodor Nelson en los años 70, con el cual se refirió a un tipo de texto electrónico, una tecnología informática radicalmente nueva y, al mismo tiempo, un modo de edición (Landau: 1995). De manera puntual lo define como “una escritura no secuencial, un texto que [se] bifurca que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva”.
De acuerdo con la noción popular, prosigue Nelson, se trata entonces de una serie de bloques de textos conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario. Sin embargo, al igual que el texto, el hipertexto también es polisémico.
De este nuevo texto, nos interesa conocer la nueva pragmática que permite transformar los textos heterogéneos en homogéneos y con ello, los diversos procesos de relación del ser humano, creando una semiosis por demás original en la comunicación y en la cultura en general.
Algunos datos sobre Internet
La producción de nuevos mensajes a partir de la explosión de Internet como una red mundial, que según la consultora Internet World Stats son 1.800 millones de usuarios en todo el planeta para diciembre de 2009, da cuenta de un intercambio de información sin precedente, usando en especial el hipertexto como herramienta de intercambio, generando una semiosfera o mejor aun una tecnosfera, como la hemos definido en líneas anteriores, por demás significativa y compleja, que le da significado y sentido a los mensajes que por ella circulan.
En Venezuela, de acuerdo con el Consejo Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), durante el primer trimestre de 2010 circularon 16.559 millones de mensajes de texto, entre las diversas operadoras de telefonía móvil que existen en el país, con un promedio de 590 mensajes de texto y 280 mensajes de voz por suscriptor La telefonía móvil supera el 102% de cobertura, con un 98% de líneas activas. El acceso a Internet está ubicado en un 32,66% para un total de 9.306.916 usuarios existentes, con suscripción en su casa. Esto no incluye los más de 3.000 centros de acceso gratis gubernamentales, ni los cibercafés (fuente: Indicadores del primer trimestre de 2010).
¿Qué es la pragmática?
La pragmática es una de las ramas que se interesa por el modo en que el contexto influye en la interpretación del significado, puesto que incluye cualquier aspecto extralingüístico (situación comunicativa, conocimiento compartido por los hablantes, relaciones interpersonales, etc.) que influye en la producción y comprensión del mensaje, del signo.
Para Lotman (1998), “las relaciones pragmáticas son las relaciones entre el texto y el hombre”, de tal modo que siempre está presente la posibilidad de una activación “en el proceso de funcionamiento pragmático de las estructuras nucleares en periféricas, y de las periféricas en nucleares”.
Para Morris (1985), la pragmática es la ciencia de la relación de los signos con sus intérpretes. También la define como la parte de la semiótica que trata del origen, usos y efectos de los signos.
La popularización del hipertexto apenas tiene 10 años, desde que se masificó el uso de Internet a finales del siglo XX. Es entonces un fenómeno de reciente data, por lo que sus procesos internos están lejos de estabilizarse y la producción de sentidos de este nuevo texto es inmensa, dado su constante interactividad con textos de otra naturaleza, en busca de una homogeneidad que está muy lejos de tener todavía.
En este proceso de adecuación del hipertexto, como nuevo dispositivo pensante, “los vínculos pragmáticos pueden actualizar estructuras periféricas o automáticas; pero no son capaces de introducir en el texto códigos esencialmente ausentes de él”.
El hipertexto como dispositivo intelectual
Esta dinámica, de acuerdo con Lotman, vendría a reafirmar la condición de dispositivo intelectual que supone el hipertexto en tanto y en cuanto no sólo trasmite información depositada en él desde afuera, sino que transforma y produce nuevos mensajes, generando nuevas semiosis que enriquecen y complejizan la comunicación y la cultura. Veamos:
- El hipertexto amplia y complejiza el rol de memoria cultural multimediática al agrupar, en un mismo texto, letra, sonido e imagen, hecho sin precedente en la cultura.
- Estimula la interactividad como nueva forma relacional entre el emisor y el receptor, alterando los roles tradicionales del lector y el escritor y su relación con la comunicación y la cultura en general.
- El hipertexto se convierte en interlocutor, rompiendo con la noción de simple mediador, adquiriendo autonomía, presencia y dinamismo. Ya no es una simple metáfora decir que el lector dialoga con el texto.
- La relación del hipertexto con el contexto cultural adquiere otra dinámica, actualizando y sacando a flote significados ocultos u olvidados, puesto que adquiere, como ya lo hemos señalado, autonomía. Creando “complejas corrientes de sentido que generan nuevos mensajes”.
Estas características, en la perspectiva de Lotman, pueden convertir al hipertexto en un “macrocosmos cultural”, en una especie de modelo cultural con una conducta independiente, que puede desempeñar en relación al contexto “el papel de mecanismo descriptor” o el de un “generador informacional que posee rasgos de una persona con un intelecto altamente desarrollado”.
De tal modo, siguiendo con la teoría lotmaniana, el hipertexto pierde “su carácter de acontecimiento finito (...) tornándose cada vez más parecido a los actos (...) de trato semiótico de un ser humano con otra persona autónoma” (Lotman: 2000).
El hipertexto como generador de sentidos
En la cultura, los textos —de acuerdo con Lotman (1996)— cumplen dos funciones básicas: 1) transmisor adecuado de los significados y 2) generador de nuevos sentidos.
La primera se refiere a la completa coincidencia entre el que habla y el que escucha, allí la monosemia es la regla. El lenguaje ideal para esta función el artificial. Para muchos este es el texto ideal, por lo que suelen identificarlo con el texto como tal. Una de sus funciones básicas es garantizar la memoria común, de convertir a la “muchedumbre desordenada” en una persona moral, según señala Lotman, que afirmaba Rousseau.
En la segunda función, es decir como generador de sentidos, “el texto deja de ser un eslabón pasivo de la trasmisión de alguna información constante ente el remitente y el receptor”, para convertirse en un dispositivo pensante, donde el ruido aparece con frecuencia y no es visto como defecto, sino como norma y donde, además, el mecanismo del texto debe estar organizado de otra manera.
Un ejemplo interesante de esta acepción del texto como generador de sentido es la investigación que recientemente realizó un equipo de la Universidad de Cornell en EEUU, el cual estudió 52 de las más conocidas versiones del famoso cuadro La última cena, de Da Vinci, realizadas en unos mil años, y analizó el tamaño de los platos servidos, encontrando que los mismos se han incrementado significativamente, en proporción al aumento de disponibilidad de los alimentos y con ello, la obesidad. Los investigadores declararon: “Creemos que, en la medida en que el arte imita la vida, estos cambios se han reflejado en las pinturas de la más famosa cena de la historia” (fuente: “Cuadros de ‘La última cena’ revelan aumento del consumo de comida en 69%”; El Universal).
Este ejemplo evidencia cómo, para que un texto “empiece a generar nuevos sentidos, debe ser insertado en una situación comunicativa en la que surja un proceso de traducción interna, de intercambio semiótico” (Lotman:1996: p. 71). En este caso, las sucesivas pinturas del famoso cuadro van evidenciado los diferentes momentos de abundancia por los cuales ha pasado una parte de la humanidad, el mundo occidental de manera puntual. Este descubrimiento plantea que “comer más de lo necesario no es un fenómeno nuevo ligado a la comida rápida, sino una tendencia humana milenaria”.
El estudio, publicado en International Journal of Obesity, reveló que la cantidad de comida ha aumentado progresivamente en un 69%, el tamaño de los platos en un 66% y el del pan en un 23% en los últimos 1.000 años.
Podemos afirmar entonces que el hipertexto se adecua con más facilidad a la acepción de generador de sentidos, y que el mismo representa un dispositivo “formado como un sistema de espacios semióticos heterogéneos en cuyo continuo circula algún mensaje inicial” (Lotman: 2000) que necesita como mínimo dos lenguajes para su decodificación, donde uno de ellos es dominante.
Una de las características fundamentales del hipertexto es su interactividad, ya señalada en párrafos anteriores, con la cual permite establecer entre el emisor y el receptor un intercambio de roles sin antecedentes en la comunicación y en la cultura, generando una dinámica semiótica que le da fuerza y sentido a la tecnosfera que lo contiene.
El hipertexto es multilineal y heterogéneo, conformado por múltiples recursos semióticos, el cual contiene ciframientos y profundidades temporales diferentes que es necesario descubrir si queremos conocer mejor la cultura y la sociedad en la que está inserto.
Todas estas características hacen del hipertexto un generador de sentidos que da cuenta del quehacer de su tiempo y espacio “y no sólo un recipiente pasivo de sentidos colocados en él desde afuera (...) de la cultura como inteligencia colectiva”.
El hipertexto como memoria cultural
El hipertexto también expresa una memoria cultural, que se activa cuando entran en contacto diferentes culturas en el ciberespacio.
De acuerdo con Lotman (2003) la memoria del ser humano que entra en contacto con el texto, en nuestro caso el hipertexto, “puede ser considerada como un texto complejo, el contacto con el cual conduce a cambios creadores en la cadena informacional” (Lotman:1996), de tal modo que aquí se reafirma la noción fundamental del autor de que un texto debe ser precedido por un texto.
Para que un texto entre en contacto con un destinatario determinado, el mismo debe tener como mínimo una memoria común. Sin embargo, aquí encontramos de nuevo dos posibilidades: el texto construido para un interlocutor abstracto, “portador exclusivamente de la memoria común, desprovisto de experiencia personal e individual” (Lotman:1996), y el texto dirigido a un destinatario conocido, de tal modo que dominando ciertos códigos lingüísticos y culturales, se puede conocer si un texto determinado está orientado a tal o cual auditorio y con ello, parte del escenario cultural que lo contiene y que está oculto en el texto.
A partir del texto no sólo podremos reconstruir al autor, sino al lector ideal, convirtiéndolo en “una fuente importantísima de juicios respecto a sus propios vínculos pragmáticos”.
El hipertexto, dada su condición multimediática, se convierte en un dispositivo ideal para la conservación de la memoria, ya no sólo como recipiente, sino como mensaje que guarda en sus estructuras múltiples manifestaciones que no son visibles, que pertenecen al inconsciente del creador y que nos permiten conocer aspectos desconocidos del mismo, así como de la cultura que lo contiene, donde la masividad es una de sus características actuales.
¿El hipertexto demanda su código o viceversa?
En relación con los diferentes enfoques sobre qué fue primero, si el texto o el código que lo creó, el hipertexto deja claro que primero se creó como “un modo de edición” (Landau: 1995) y luego surgió el código (el lenguaje) que le dio sentido hipertextual, a diferencia de otros textos, donde el código estaba implícito y se le consideraba “un sistema cerrado (...) capaz de generar una multitud abierta de textos, que se multiplican infinitamente” (Lotman: 1990).
Para efectos de este trabajo, la noción de una formación finita delimitada, cerrada en sí misma, calza más con la idea del hipertexto, puesto que uno de sus rasgos distintivos es la pancrocidad, de dar cuenta de su tiempo interno cuya relación con el tiempo natural es capaz de “generar variados efectos de sentido”. Se plantea entonces la necesidad de reconstruir el código (el lenguaje) que contiene al hipertexto, y con él, el andamiaje cultural que lo explica.
Este proceso de reconstrucción debe hacerse tal cual nos ocurre cuando estamos ante una lengua desconocida: viendo al texto como algo primario y al lenguaje como una abstracción secundaria, reafirmado la noción de Lotman de que “el texto es dado al colectivo antes que el lenguaje y el lenguaje es calculado a partir del texto” (Lotman:1996).
¿El hipertexto demanda un interlocutor?
Lotman plantea con énfasis que el texto, como generador de sentidos, necesita “para ser puesto en acción, de un interlocutor” es decir de “el otro”, de la alteralidad como condición necesaria para que se dé el diálogo.
En el ciberespacio esta condición es contundente. Tanto en la comunicación asincrónica (el correo electrónico, foros de participación) como la que se produce en tiempo real (los chats y las redes sociales), la presencia del interlocutor es lo que le da vigor, sentido y popularidad a las mismas.
Esta realidad tal vez ayude a entender por qué existan para febrero de 2010 más de 400 millones de personas conectadas al Facebook (fuente: “Facebook, historia y estadísticas”, en zFinanzas) y más de 105 millones al Twitter (fuente: “Impresionantes datos de Twitter”, en Primero Noticias). Nunca como antes, la gente encontró “un lugar” donde intercambiar información, opiniones, sentimiento y miles de cosas más. Esto no significa que haya más comunicación, etimológicamente hablando, pero sí más información.
Imaginemos por un instante la multiplicidad de mensajes que por estas redes circulan, que los diversos dispositivos tecnológicos viabilizan, y estaremos frente a una multitud de discursos de magnitudes inconmensurables, donde los procesos semióticos generan constantemente nuevos textos, hipertextos transformados, textos reactualizados y con ello, nuevos mensajes en nuevos contextos, desarrollando una capacidad de autodesarrollo sin antecedentes.
En este nuevo panorama semiótico, en la perspectiva de Lotman “la introducción de una semiosis extraña (...) al texto madre, conduce [a] este último a un estado de excitación: el objeto de la atención se traslada del mensaje al lenguaje como tal y se descubre la evidente no homogeneidad de los códigos del propio texto madre” (Lotman: 1996), generando desarrollos propios y nuevas formas de comunicar y de presentar lo que se quiere informar, en algunos casos con resultados impredecibles.
Como ejemplo de esto, podemos mencionar las múltiples formas de hipertextualidad que se han desarrollado en la red, que van desde nuevas formas de narrar, de producir literatura, de hacer periodismo, de construir cine, de producir arte digital, de elaborar textos académicos, entre otras miles de manifestaciones que encontramos diariamente y con un crecimiento exponencial en la Web.
Si buscamos en el buscador Google la palabra hipertextual nos da como resultado 1.780.000 sitios, para mayo de 2010. Seguramente si hacemos búsquedas más refinadas nos encontraremos diversas sorpresas, que dan cuenta del dinamismo de los nuevos usos del hipertexto.
Señala Lotman que “todo dispositivo intelectual debe tener una estructura bi o multipolar y que las funciones de esas subestructuras en los diversos niveles —desde el texto aislado y la conciencia individual hasta formaciones como las culturas nacionales y la cultura global de la humanidad— son análogas” (Lotman: 1996), y si algún dispositivo encarna esta descripción es el hipertexto, dada su estructura neural, en red.
Hoy la principal metáfora de la globalización es Internet. Y la metáfora por excelencia de Internet es el hipertexto. Por sus redes atraviesa todo un quehacer que le da sentido a la misma, desde los procesos económicos-financieros hasta los movimientos sociales alternativos.
¿El hipertexto en el hipertexto?
Plantea Lotman (1996) que “la cultura no es una acumulación desordenada de textos, sino un sistema funcionante complejo, jerárquicamente organizado” que se descompone en diversos textos jerarquizados, generando “textos en los textos” tejiendo entramados textuales, por ello, así como el texto artístico es políglota, la cultura que lo contiene habla diversos códigos”.
El desarrollo de la ciencia y la tecnología en buena parte del siglo XX ha creado un desarrollo sin precedentes en el área de las telecomunicaciones. Así, la explosión de las TIC en el siglo XXI genera yuxtaposiciones en los textos, lo cual estimula los procesos de concientización de estructuras semióticas que subyacen de manera inconsciente en la sociedad, estimulando la creación de una tecnosfera ya abordada en líneas anteriores. El hipertexto logra evidenciar semiosis que no eran fácilmente visibles en los textos tradicionales, estimulando nuevas retóricas o hiperretóricas.
En esta nueva construcción “la diferencia en la codificación de las distintas partes (...) se hace un factor de la construcción autoral del texto y de la recepción por el lector” (Landau: 1995). La toma de conciencia semiótica, de un hipertexto a otro, constituye la base de generación de sentido.
Esta nueva manera de abordar el texto —el hipertexto en nuestro caso— estimula la parte lúdica del mismo, reflotando el sentido irónico, paródico, teatral que pueda contener y además, acentúa los procesos fronterizos que contiene, tanto los externos (que lo separan del no-texto) como los internos que lo separan de otros códigos.
Así podemos mencionar, por ejemplo, a los escritores que realizan sus obras enteramente en el mundo digital, prescindiendo del formato papel con el fin de crear “una forma más rica y diversa de producir, difundir, leer y pensar la literatura” (II Encuentro de Nuevos Narradores: 2003).
La construcción de páginas y portales para diversos fines y la explosión de los blogs como formas personales e intimistas de “dialogar” con el mundo, usando diversas estrategias discursivas, así como variadas formas de presentación —o autopresentación— que van desde el anonimato, creación de personajes ficticios, de nuevas alteralidades, desdoblamientos o nuevos alter egos (donde se intercambian sexo, edad, nacionalidad, etc.), permiten sacar a flote discursos de diversa naturaleza que hasta ahora —muchos de ellos— estaban escondidos en el inconsciente.
Un ejemplo clásico de esto puede ser la película Matrix, la cual se destaca por mostrar la dualidad sobre si el mundo que nos rodea es real o ficticio, ilustrando sobre la posibilidad de que las máquinas y la inteligencia artificial creadas se rebelarán contra el ser humano. La idea de un mundo irreal al que se le percibe como real es una alegoría acerca de la alienación denunciada por ciertos postulados como el marxismo, donde la idea de la matriz sirve como parábola para ilustrar el concepto de una falsa realidad opresiva y alienadora (II Encuentro de Nuevos Narradores: 2003).
La dualidad realidad virtual vs. realidad material es la dicotomía dominante en el mundo digital y la base de reflexión y creación permanente buscando expresarla, evidenciarla y... superarla. A la antigua confrontación realidad-ficción, el hipertexto agrega virtualidad-realidad en un juego a veces de simetrías y de sinonimias entre virtualidad y ficción que no siempre es acertado, pero que está allí latente, generando tensiones y nuevos hipertextos que buscan evidenciar y confirmar las diversas posiciones, así como mostrar aristas de la realidad hasta ahora desconocidas.
Ejemplos de esta nueva dinámica abundan (donde se intercalan hipertextos en otros hipertextos), generando nuevos discursos más ricos y fértiles, capaces de interrogar con más intensidad al ser humano, su historia, su creatividad, su recursividad.
¿Un nuevo sujet?
El sujet, en esta nueva esfera, en algunos casos se convierte en un ser ubicuo: capaz de estar en todas partes y en ninguna. Recordemos que la red le ha permitido al ser humano superar una de las dimensiones que más le había costado vencer: el espacio. Gracias a Internet, la distancia temporal entre el emisor y el receptor es insignificante y no es limitativa.
Este sujet hipertextual es planetario en el sentido real de la palabra, facilitando el desplazamiento del mensaje al código; allí están como ejemplo los emoticones y diversos símbolos gráficos, que en muchos casos sustituyen al lenguaje escrito, o el regreso a una neoralidad como nueva forma discursiva, usada con intensidad en los chats y en los mensajes de texto de la telefonía móvil.
Los nuevos textos de la cultura, producidos de forma hipertextual, van recogiendo manifestaciones dispersas de ella y las va convirtiendo en textos homogéneos con respecto “al texto que lo rodea”, y heterogéneo con respecto a él, generando nuevas semiosis que se intensifican en la medida que la interpretación de los signos que la contienen estimule la multiplicidad de lecturas que rompan con la condición monolingüística del mismo.
Así, la película Matrix, ya mencionada, expresa una visión que pudiera ser la referencia adecuada del mundo de las redes y de inteligencia artificial, contenida ya de alguna manera en el libro 1984, del escritor George Orwell, donde un Gran Hermano, una gran inteligencia artificial, dirigiría el mundo y tendría a todos los habitantes del planeta vigilados, mediante dispositivos tecnológicos que les permitiría observar no sólo la parte física, sino sus pensamientos y emociones.
Así, esta película y el libro se han convertido en un clásico de la ciencia ficción, donde los dispositivos tecnológicos son el centro de la escena, desplazando al ser humano como protagonista natural. Estos textos están arraigados en la cultura de nuestro tiempo como referentes ineludibles, y su presencia como símbolos es recurrente en la plástica, en el cine, en la literatura.
Finalmente, podemos señalar que la irrupción del hipertexto en la sociedad ha estado concatenada con descubrimientos en otras áreas como la neurología, la sicolingüística, la teoría del caos, donde se ha establecido que el conocimiento se genera y se reproduce en red.
Así, la estructura hipertextual se comporta entonces tal cual lo hacen nuestras neuronas, rompiendo con la linealidad del texto tradicional y con todas aquellas visiones que lo acompañaban y daban vida, como por ejemplo: la historia como una flecha, la literatura como consecución etápica, y así sucesivamente.
El hipertexto rescata y hace visible a la red como epicentro del quehacer humano y no la recta. La sociedad en red que con tanto acierto ha descrito el sociólogo español Manuel Castells es la sociedad que contiene, explica y le da sentido al hipertexto.
Y, tal cual lo destaca Lotman, que texto en su etimología significa “entretejidos”, nunca como ahora, el hipertexto resignifica esa idea.
Bibliografía
- II Encuentro de Nuevos Narradores de América Latina y España (2003). “Propuestas literarias en el marco de las Nuevas Tecnologías de la Información”. Bogotá. Convenio Andrés Bello.
- Landow, George (1995). Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología. Editorial Paidós. Impreso en España.
- Lotman, Yuri (1999). Cultura y explosión. Editorial Gedisa. Barcelona. España.
— (1996). La semiosfera I. Semiótica de la cultura y el texto. Selección y traducción del ruso por Desiderio Navarro. Ediciones Cátedra. Universidad de Valencia. Impreso en España.
— (1998). La semiosfera II. Semiótica de la cultura y el texto, de la conducta y el espacio. Selección y traducción del ruso por Desiderio Navarro. Ediciones Cátedra. Universidad de Valencia. Impreso en España.
— (2000). La semiosfera III. Semiótica de las artes y la cultura. Selección y traducción del ruso por Desiderio Navarro. Ediciones Cátedra. Universidad de Valencia. Impreso en España.
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