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Entrevista a la cantante argentina Suna Rocha

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Suna Rocha

Además de su extraordinario canto, Suna Rocha posee una mirada crítica acerca de la música de raíz folclórica y de la labor del que compone o interpreta.

—¿Alguna vez usted se preguntó “qué es esto del folclore joven”?

—Es un tema que conozco muy de cerca debido a que quien era mi representante, por ese entonces tenía muchos chicos jóvenes en su staff e inventó el término para poder venderlos. Es bastante ridículo el tema, “folclore viejo” o “folclore joven”. ¿Qué pasa si a una chacarerita o a una canción de la década del 50 la canta un pibe de 16 años? ¿Ese tema forma parte del folclore joven? Pregunto eso, nada más.

—Usted grabó hace un tiempo “La maldición de Malinche”. Seguramente sabrá que ha habido en los últimos tiempos historiadores y escritores que intentan reivindicar a Malinche.

—Mire, esto es como la Conquista española, aquí hay gente que estuvo de acuerdo, “porque si no, andaríamos con un taparrabos”, dicen, pero fue un genocidio del que no hablan muchos. Con la Malinche pasa igual, ella les contó —en su perfecto castellano— lo que sus hermanos mayas o aztecas harían a nivel estratégico, entonces se alió a los españoles. Cuando alguien engaña o no camina sobre los códigos de la lealtad se dice que tuvo una actitud malinchista, o hubo malinchismo, ¿por qué será?

—¿El rock nacional ha contribuido a la difusión del folclore?

—No, yo no lo veo así, Mercedes Sosa comenzó a grabar temas de Charly García e hizo conocer a los folkloristas esas canciones. Leda Valladares, en sus tres CDs, Grito en el cielo 1 y 2 y América en cueros, grabó con Pedro (Aznar) —que cantó ambos conmigo—, con Fito, con Fabiana Cantilo, con los hermanos Moura, de Virus, con Gustavo Cerati, etc., y fue Leda quien los acercó al folclore más puro.

—¿Con qué criterio elige usted las canciones que va a interpretar?

—Elijo las canciones que me den algún mensaje, que lleven implícito algún compromiso, pues el artista a través de su obra debe ser testimonio de lo que siente la gente, para bien o para mal. Si ese tema me pega en el zurdo, es seguro que lo hará también con la gente.

—¿Hay grupos o solistas en la actualidad que le gusten particularmente?

—Algunos. Como no podía ser de otra manera de la crisis no escapa la música nacional, ya no hay más Discépolos, en lo que hace al tango, ni Castillas, ni Yupanquis, etc. Ni tampoco estos autores son leídos por los jóvenes, me lo dicen sus canciones... Para hacer cualquier cosa en la vida, en cualquier rama o sector, se debe partir de un punto, de un referente, y los chicos toman un lápiz y sus letras parecen más un bolero con ritmo de zamba. Letras con mucha azúcar, muy almibaradas, que en lo particular no me dicen demasiado, digamos que las canciones son “diabetes musicales” (risas). Y los que me gustan son Juan Quintero, de Aca Seca, el negro Aguirre, entrerriano... en fin, medio poquitos. Esta es mi opinión, y me hago responsable, otros tendrán otra, es lícito.

—Usted canta sin afectación. Es común que muchos intérpretes sí lo hagan.

—Yo canto como lo siento. Cada uno canta como lo siente, algunos estudian, otros no. Lo que sí observo es qué no dicen las letras, y decir, interpretar una letra es muy importante, es decir, meterse en ese tema, adentrarse en su clima, en su historia, es fundamental para poder trasmitir lo que se dice.

Suna Rocha—Hay quienes dicen que el artista no debe tratar de ser más que la obra.

—Una obra es el resultado del que la compone, si el que la compone es un buen autor, o compositor, la obra dará como resultado la maravilla, por el contrario si la obra es mala, mala la música o la letra, será un “mamarracho”, como dijo Leda Valladares.

—Usted dijo: “Busco buenas letras que digan cosas, que tengan belleza y sean testimonio de lo que le pasa a la gente”. ¿Se descuida la música a veces con tal de hacer una letra comprometida?

—No, lo ideal es que la música esté a la altura de esa poesía, de esa letra; anteriormente le hablé de la importancia de ese mensaje, comprometido y testimonial, que debe comprometernos con nuestra gente y con nuestro tiempo. El valor de un cantor, de un autor, debe estar en buscar la excelencia y ser lo más coherente que pueda, para ser creíble, si no, si le da lo mismo grabar un chequendengue que algo mejorcito, no tiene idea de lo que significa esta profesión, yo lo convidaría amablemente a que leyera, en el libro de Yupanqui, El canto del viento, un escrito, un compendio de sabiduría que escribió Yupanqui que se llama “Destino del canto”, eso encierra todo lo que un verdadero artista debe contener, su compromiso porque, como él refiere, Dios nos dio ese talento, no para nuestra vanidad —es decir, ser famoso y firmar autógrafos— sino que esto significa una gran responsabilidad.

—Usted ha hablado del “folclore erótico”.

—“Yo te amo, muchacha, tu piel, el mar, te haría el amor, etc.”... El hombre del campo, de la provincianía, no habla así.

—¿Qué importancia tiene la lectura para un compositor o para un intérprete?

—Es fundamental, el que lee mucho tiene un muy buen lenguaje, el que lee aprende, se cultiva, y eso le sirve a la hora de componer, no es casual que los pibes —que no leen, muchos de ellos— digan “loco, sí loco, sí boludo, no boludo” cada segundo, o “nada”. Y están contando algo y dicen “y nada”. Es una muletilla propia de los que no se pueden expresar con la riqueza que deberían tener, acorde a un idioma tan rico como el idioma castellano.

—¿Sus lecturas cuáles son?

—En este momento y después de diez años sigo leyendo los autores que me aconsejó Yupanqui en una carta. Acabo de leer La voz de los hombres de maíz, de Miguel Ángel Asturias, también El sol de los jaguares, de Ciro Alegría, son cuentos amazónicos, un poco me recordó a Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga. Y ahora comencé con Lázaro, también de Alegría. Ya leí a Juan Carlos Dávalos, y su Viento blanco, además Manuel Scorza, Martiniano Leguizamón, Bonilla Aragón, Fausto Burgos, Güiraldes, Morisoli, De la Pampa —aún vivo—, Capdevila, Oliverio Girondo, Ernesto Morales, Corvalán Mendilaharzu, Floro Ugarte, Romildo Risso, Regules, Ricardo Rojas, Méndez Calzada, Serafín García, Roberto de la Vega, Joaquín González, Juan Rulfo, etc. Todos estos escritores tienen una característica: su inspiración se basa, casi en la generalidad, en encarar asuntos que tienen que ver con la provincianía, hay poco asfalto aquí, poca ciudad, hay mucho verde, mucha idiosincrasia pueblerina, características de hombres rudos, de gran valor, tienen que ver con la tierra profunda, con la identidad, con los temas coloquiales de un pueblo pequeño, con los animales, los sonidos insondables de la vida rural, en fin, con nosotros y nuestra historia.

—¿Hay algunas canciones que le haya gustado cantar especialmente?

—Sí, las bagualas porque son temas muy de acá, muy del alma del hombre, con un acabado misterio que identifica al arribeño, al hombre del cerro, al hombre y el precipicio, al grito de la Tierra, de la Pachamama que está enojada hoy por los desastres que el hombre insistentemente realiza.

—¿Le parece que la nueva Ley de Medios ayudará a una mayor difusión del folclore?

—Espero que sí, esperamos que sí, nuestra música siempre fue marginal, por ejemplo en los medios escuchan la palabra “folclore” y no quieren saber nada, es una música discriminada, no me caben dudas, sé lo que digo. Aquí en Buenos Aires es así. Esperamos que la ley sea positiva, para una mayor difusión de esta bendita música.

—Muchos artistas apoyan al actual gobierno nacional.

—Cuando la gente cree en algo, lo apoya, simpatiza, es decir... se cree en eso.