El pasado sábado 18 de junio fue inaugurada oficialmente la calle Roberto Bolaño, como la ciudad de Girona ha rebautizado una calle de su sector industrial, a modo de homenaje al escritor chileno fallecido en julio de 2003.
Con esto se formaliza la designación de la calle con el nombre del autor de Los detectives salvajes, pese a que la placa fue instalada por el ayuntamiento hace algunos meses. En la inauguración participaron algunos amigos del autor: el escritor mexicano Juan Villoro, el poeta Bruno Montané, el crítico literario Ignacio Echevarría y el editor de Anagrama Jorge Herralde.
En 1980, Roberto Bolaño quería dejar Barcelona, después de tres años de haber llegado desde México. La calle Tallers, donde estaba su piso, quedaba en un barrio muy bullicioso. Pero, sobre todo, “había tenido miles de historias y necesitaba salir de todas ellas”, diría en una entrevista casi dos décadas después.
Bolaño precisaría: “Necesitaba irme a algún sitio donde no conociera a nadie”. El lugar elegido fue la ciudad catalana de Girona, hacia el norte de España. Ahí conoció a su futura esposa, Carolina López, con quien tuvo dos hijos. Bolaño y Carolina se instalaron a vivir en la calle Capuchinos, del casco antiguo de Girona.
Carolina y sus hijos, Lautaro y Alexandra, prefirieron no asistir, luego de las ya públicas enemistades entre la esposa de Bolaño con parte del grupo más cercano que compartió episodios claves de su vida. En la ceremonia si estuvo presente, en cambio, Carmen Pérez de Vega, la mujer que acompañó al autor de Llamadas telefónicas en sus últimos años.
Antes de Carolina López, de publicar la novela Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (en conjunto a Antoni García Porta), Bolaño llegó a Girona a seguir esa vida de sobreviviente que lo llevó a España; a su vez, continuaba enviando cuentos y esbozos de futuras novelas a concursos literarios de provincia, que le permitían reunir algo de dinero.
Sin embargo, a punto de cumplir sus treinta años el panorama era desalentador. Es por esos días que Bolaño comienza a escribirse cartas con un poeta que admiraba, que vivía en Chile y que lo alentó a no rendirse. “Estaba en la inopia. No era el típico escritor latinoamericano que vivía en Europa gracias al mecenazgo (y al patronazgo) de un Estado. Nadie me conocía y yo no estaba dispuesto ni a dar ni a pedir cuartel. Entonces, comencé a cartearme con Enrique Lihn”.
La historia, desarrollada en el relato “Encuentro con Enrique Lihn”, refleja sus días en Girona, su vida en aquella ciudad que ahora tiene una calle con su nombre, mientras su obra se expande por el mundo a un ritmo inusitado.
“Cuando no hay nadie, las calles ceden el paso a los fantasmas. Mario Santiago Papasquiaro (Ulises Lima) irá por ahí a bordo de un Impala. También los Sudacas Voladores, Sensini, Buba y otros personajes recorrerán esas piedras”, dijo Juan Villoro en la inauguración de la placa.
Fuente: La Tercera