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“Las trece últimas horas en la vida de García Lorca”, de Miguel Caballero Pérez
El asesinato de García Lorca habría sido un ajuste de cuentas.
Un libro muestra retratos de los asesinos de Federico García Lorca
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El investigador Miguel Caballero Pérez muestra las imágenes de los “ejecutores” de Federico García Lorca, así como el lugar en el que fue asesinado, en el libro Las trece últimas horas en la vida de García Lorca (Esfera de los Libros). El autor alega que la muerte de García Lorca fue “un ajuste de cuentas” entre las familias de la Vega granadina.

Caballero Pérez señala y muestra en el libro los rostros de los seis “ejecutores” del poeta granadino enviados por los asesinos “intelectuales”. Los ejecutores eran el sargento de la Guardia de Asalto Mariano Ajenjo Moreno; el pistolero Antonio Benavides Benavides; Salvador Varo Leyva, “Salvaorillo”; Juan Jiménez Cascales; Fernando Correa Carrasco y Antonio Hernández Martín. Todos ellos eran los miembros de la escuadra que el capitán José María Nestares, jefe del sector de Víznar, había asignado para las ejecuciones.

“Cuando García Lorca volvió a Granada estaban los cuchillos esperándole para ajustar cuentas”, señala Caballero Pérez, y recuerda que La casa de Bernarda Alba fue una “venganza literaria” del autor español, y la “gota que colmó el vaso” a la hora de despertar las “venganzas personales” de las familias de la Vega.

Viejas rencillas privadas que se remontan al siglo XIX, según Caballero Pérez, y que se van concatenando hasta llegar a la Guerra Civil, junto con problemas familiares, económicos y de política local, se mezclan entre tres familias: los García Lorca, los Roldán y los Alba.

Así, el autor considera a la familia Roldán como los “autores intelectuales” de la muerte del poeta, y niega que hubiera razones políticas desde Madrid o de la “política nacional”. Además, precisa que su ejecución fue el 16 de agosto de 1936 y en las primeras horas de la madrugada del 17, y denuncia la “apropiación indebida” de la figura de García Lorca por parte de la izquierda.

“Era un ferviente republicano pero no militó en ningún partido político”, alega este autor, aunque reconoce la colaboración de García Lorca con Fernando de los Ríos, cuando era ministro de Instrucción.

El día de su asesinato, García Lorca fue conducido al Gobierno Civil. Esa misma noche, en ausencia del gobernador civil, José Valdez, su sustituto, el teniente de la Guardia Civil Nicolás Velasco, ordena que García Lorca sea custodiado hasta La Colonia, un viejo caserón en Víznar que servía como antesala de las ejecuciones.

Según Caballero Pérez, la ejecución se produjo antes de las cuatro de la mañana, ya que el teniente Martínez Fajardo, que debía ser el que se cerciorase del fusilamiento, tuvo que partir a las cinco de la mañana para acudir al frente y salir de Víznar.

Caballero Pérez publica este libro siguiendo las investigaciones del falangista Eduardo Molina Fajardo, “que en su día intentó poner en claro la muerte del poeta”, gracias a su amistad con antiguos compañeros de la Falange Española. Además alega que toda los datos de su libro proceden de “pruebas documentales” tras investigar en archivos policiales y militares e incluso en las lápidas de los cementerios.

También ha obtenido el permiso de la familia García Lorca para investigar durante más de cinco años en el archivo de Protocolo de Granada, donde documentó las rencillas familias que se remontan al siglo XIX.

Asimismo, Caballero Pérez muestra la imagen del lugar donde fue ejecutado el poeta, una finca privada, cuya zona lleva por nombre el Peñón Colorado y es conocida como el cortijo del Gazpacho.

Para Caballero Pérez, cronista oficial de Láchar (Granada) quien ha publicado varios trabajos sobre la vida y obra de García Lorca, Ian Gibson, quien es el “mejor biógrafo” del poeta, cometió “el fallo de guiarse por la tradición oral” y escribió “para contentar a la izquierda” y se olvidó de la investigación de Molina Fajardo.

En este sentido, considera que la comisión creada para buscar la fosa de García Lorca —de la que informáramos en nuestra edición 224—, en el marco de la Ley de Memoria Histórica, debería haber tenido en cuenta el testimonio de Fajardo.

Fuente: Europa Press