Entrevistas
El viaje interior de Gabriel Payares

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Gabriel Payares. Fotografía: Efrén Hernández
Payares: Para ganar concursos literarios no hay más que perseverar. Fotografía: Efrén Hernández.
 

Gabriel Payares (Londres, 1982) aceptó la entrevista para el pasado jueves. Dijo que así tenía tiempo de cortarse el cabello. Y así fue, tras pasar por la peluquería, a la conversación en el Celarg. Ahí, el ganador del V Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores analizó su naciente obra, así como a la narrativa venezolana actual.

El autor de “Sudestada”, el texto triunfador del concurso, ya tiene publicado un libro de cuentos (Cuando bajaron las aguas, Monte Ávila Editores). Como Jonás, el protagonista de su relato, Payares apenas inicia su aventura. Solo, en un viaje interior.

—El jurado destacó de “Sudestada”, entre otras cosas, “la mirada poética a la decadencia de la vida moderna”. ¿Representa Jonás al hombre de hoy?

—Quizás. Los veredictos son un compromiso. De alguna manera tiene uno que estar de acuerdo con lo que la gente que te otorga el premio vio en tu obra. Yo no estoy muy seguro de si se trata de una manera de pensar al hombre moderno, como sí de una especie de búsqueda interior de las respuestas que no se encuentran en el mundo moderno. No sé, yo te confieso que en el panorama narrativo venezolano me he sentido muy solo, muy aislado, porque siento que la tendencia es a exploraciones hacia afuera, buscar anécdotas interesantes o a buscar panoramas específicos o reflexiones políticas, que suele ser el motor principal de nuestra literatura, o de reflejar un poco la vida cotidiana y esa necesidad realista. Yo no estoy muy seguro de que mis intereses vayan por ahí, si es que sé algo de lo que estoy haciendo. Pero sí creo que más que reflejar la vida, la literatura debería ser un puente hacia el interior. Y “Sudestada”, en ese sentido, es probable que contenga más elementos de una búsqueda interior que alguna especie de crítica o de reflejo intencional de la sociedad actual.

—El relato habla de las oportunidades desperdiciadas, de los sueños incumplidos, del hombre como enemigo de sí mismo. ¿Ante esto, no queda más que resignarse?

—O no. El personaje no se resigna. Su padre lo hizo y prefirió marchitarse antes de emprender una aventura. Él de alguna manera emprende esa aventura que tiene que ser necesariamente una aventura interior. Me gustaría pensar que el cuento tiene algunos nexos con El viaje vertical, de Vila Matas, que ganó el Rómulo Gallegos. Es una novela que me gustó mucho porque la reflexión parece ser esa: el viaje, a final de cuentas, tiene que ser interior. Tiene que ser vertical, donde quiera que uno vaya siempre está con uno mismo.

—Ya usted ganó, en 2008, el concurso de Monte Ávila, ahora lo hace con el de la Policlínica. ¿Tan importantes son los premios para los escritores de hoy?

—Sí son importantes, sobre todo porque son una estrategia de reconocimiento. Pero los premios no hacen a los autores, los autores se hacen y reciben premios por hacerse. Son incentivos, alicientes, pero un premio no hace al escritor, ni mucho menos. De hecho, el escritor que escribe para el premio se engaña a sí mismo. “Sudestada” fue escrito con mucha anterioridad, vi la oportunidad de meterlo en el concurso y tuve suerte. Pero así como tuve suerte en este concurso, he perdido montones y, si algo me ha demostrado a mí la brevísima carrera literaria que llevo, es que la paciencia es el arma del escritor.

—¿Qué le diría a aquellos autores que quedaron fuera del lote de finalistas?

—Yo creo que el veredicto fue generoso. Son pocos los concursos de cuentos que tienen tres ganadores, además de siete finalistas. Hay que entender el concurso menos como una especie de oportunidad dorada, de brillar y de acceder a la farándula, y pensarlo más bien como una especie de síntoma. Los concursos dicen cosas no solamente de los ganadores, sino de la literatura nuestra en general. Son como una especie de lectura parcial del momento. Un premio, en el fondo, es muy poca cosa si uno quiere dedicarle la vida a la escritura. Yo he perdido muchos. Para ganar no hay más que perseverar, como en todo en la vida.

—¿Y cómo ve a la narrativa venezolana actual?

—Ese es un tema difícil. Ahorita se está escribiendo mucho. Eso es innegable. Es un momento como de frescura de la narrativa. Pareciera que el venezolano se dio cuenta de que hacía falta narrar un poco. Pero yo creo que los venezolanos no somos buenos narradores.  Y creo que nuestra historia literaria así lo demuestra. Tenemos figuras importantes, pero continentalmente nuestro rol no es el de narradores. Yo no sé si eso vaya a cambiar a partir de esta generación de la que yo formo parte, pero obviamente hay un interés, que muchos han querido ver ahí un boom, sobre todo, pienso yo, influenciado por este inmediatismo tan nuestro, que sin duda se debe al rentismo petrolero, a pensar que todo va a ser ya. Yo lo llamo el término Vinotinto. La Vinotinto iba a ganar el Mundial, pero como no llegamos al Mundial ya todos se olvidaron de la Vinotinto. Es probable que pase así también con nosotros. Que se nos preste atención ahorita, porque estamos de alguna manera de moda, pero una vez que esa moda pase volvamos a una postura más anónima y menos seductora. Yo creo que el mejor favor que nos pueden hacer a los que estamos intentando escribir es esperarnos a que nosotros lleguemos. Y no darnos la sensación de que ya llegamos, de que por ganarse un concurso de cuento, que obviamente estoy feliz de haberlo ganado, ya uno estuviese consagrado, ya uno es un escritor. Escritora Victoria de Stefano, escritor Ednodio Quintero, escritores los que llevan la vida dedicados a eso. Nosotros estamos escribiendo. Agradecemos todos los alicientes y todos los ánimos, pero el peligro de pensar que esto va a ser inmediato está latente en ese supuesto boom narrativo y creo que es un peligro que nosotros mismos debemos combatir y entender. Porque en el momento en el que pensemos que ya llegamos, que somos escritores, es probable que dejemos de escribir como deberíamos.

—¿Qué viene ahora para usted?

—“Sudestada” forma parte de un segundo libro de cuentos, que tentativamente se va a titular Hotel. Yo pienso que como para julio debería estar ya terminado. Este año debería estar editándose. No sé aún quién lo vaya a editar. No he conversado nada con nadie, sino que estoy escribiendo. Una vez que esté listo se verá. También gané una de las becas de escritura creativa del Ministerio y ofrecí un proyecto que apunta hacia una novela breve.

—¿Se animaría a escribir otros géneros?

—Yo quise escribir ensayos alguna vez. Hice un taller con Armando Rojas, pero al final, es como si uno tuviese mucho menos decisión en esos asuntos de lo que debería. De momento, la novela es lo que más me atrae como norte escritural, pero me da mucha envidia la gente que escribe poesía.

—¿Le dio tiempo de cortarse el cabello? ¿Le agradó?

—Sí (risas).