Letras
País de agua
Extractos

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Con mi lira

A los cuenteros del alba
que recogen margaritas en lo más tibio del otoño
y sacan riachuelos del bolsillo
y los ponen a solear en el carrusel de la esperanza.

A quienes llevan los ojos profundos como el mar
y van a pescar sirenas dentro de un caracol,

Para quienes echan a volar guitarras
en las noches cenicientas de la tristeza
y endulzan las estrellas con la miel de sus senos,

A los cazadores de luciérnagas
—duendes traviesos de la infancia—
que guardan en sus ojos el hechizo
de su viaje al país de nunca-jamás,

Para aquellos argonautas
que descubren vírgenes amantes
entre las dulces putas del week-end
y no saben cómo amanecer desnudos
frente a la ruleta del espejo,

A quienes siembran sus pechos de alelíes
y aroman el fulgor de los amantes
y llevan la ternura a flor de labio
para servirla en el banquete de los sueños,
canto.

 

Como el canto se parece a la luz

Con restos de humo martillando en mi ansiedad
y la metralla del reloj en su carrera loca de vejez
te desdibujo en mi cordura
y me pregunto cuánto tiempo he de esperarte
debajo de esta lírica tristeza
que me arranca a jirones la esperanza.

Con la cabeza más allá de la tangente
y más acá del corazón,
enfermo de consignas y ladridos
y sin saber quién soy a ciencia cierta,
pero sabiendo que mi sangre duele
y caen a pedazos mis angustias,
quiero que diluvies en mi alma,
al menos tú sabes dónde queda mi asteroide
y el instrumento en que delira mi ser humano propio.

Por eso hoy 14 de septiembre
de un siglo cruel y chantajista
en que me debato entre el ser y el no ser de mi país,
entre un girasol y luego el mar,
me demoro en ti toda la vida
porque eres tú mi única verdad
y porque te pareces a mi corazón
como el canto se parece a la luz.

 

Porque soy mortal...

Yo he visto en la noche oscura
llover sobre mi cabeza
los rayos de lumbre pura
de la divina belleza.

José Martí.

Porque soy mortal
no he de intervenir las luciérnagas
ni cuantificar el pasto.
Cada rebaño ha de pastar
donde la luz indique
y la fuerza de mi voz sólo está
en la margen del prójimo.

No acumulo todas las verdades,
ni soy un elegido.
Soy apenas un hombre que sabe su lugar,
que tiembla de frío algunas madrugadas,
se aflige,
desespera
y aguarda su alba o su rocío.
Porque soy mortal debo amar las gaviotas,
invento algún verso y me prevengo de los pedestales.
No tengo derechos reservados,
sino sólo a soñar con mi isla de espejos
en el convite de fatuas oratorias.

Porque soy mortal
tropiezo más de dos veces con la misma piedra,
y me equivoco.
No dicto teorías infalibles e incluso mi verso
no es exacto,
no es perfecto,
tal vez sea sólo un destello...

Porque soy mortal
no me resigno al índice que se posa en la llaga
con los ojos vendados
y no quiere mirar detrás de las pedrerías,
más allá de las hipótesis y los engranajes
pues sólo en los ojos bien abiertos sale el sol.

Porque soy mortal te brindo mis manos,
las puedes invitar a las semillas,
las puedes estrechar en los andamios,
ellas saben crecer en las espigas,
ellas quieren fundar en la belleza,
porque la belleza es el único partido
que los hombres no cuestionan.

 

Metafísica

Hay quien toma pedacitos de sol
para mostrar al mundo
cómo es la claridad.

Hay quien ofrece migajas desde su pedestal
e invoca a Dios o a los mortales
y dice que nos ama.

Hay quien proclama consignas de memoria
para ejercer su derecho de mando
sobre una multitud que se ha cortado las orejas
en memoria de Van Gogh.

 

Elíptica

No ha de temerse a los volcanes,
sino a las cicatrices.

No ha de temerse a la palabra
cuando es de curar.

No ha de temerse a la muerte,
sino al silencio que nos deja.

 

Poética

Ningún viajero regresa
sin las huellas del camino,
ningún poeta pernocta
en las llagas del silencio.
En el taller de su alma se cuece
la palabra encantada.

 

El agua

Si se seca la fuente
no quedarán abismos
ni selvas vírgenes.

Si se seca la fuente
no quedarán preludios
ni balcones en las guitarras.

El agua hace su milagro
sin algoritmos,
ni alquimias,
sin púlpitos,
hace su milagro.

 

Cuidado que se lanza...

El dilema del loco no son sus piernas,
ni sus zapatos huerfanitos,
o el edificio inconcluso
que ya apesta.

El dilema del loco es esta noche.

¿Cómo va a arreglarse el corazón
para que no le falle
cuando se encuentre con Laura
en la constelación Piscis?

Por eso está en el último peldaño
contando con su pecho las estrellas,
rogando —por favor—
que alguien haga una llamada
para saber con qué armadura
él deberá irse a navegar.