El pasado sábado 23 de julio fue inaugurada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en Ciudad de México, la muestra itinerante “José Saramago, la consistencia de los sueños”, que con más de 1.600 objetos y el apoyo de videos y otros recursos multimedia e instalaciones, constituye un recuento de la creatividad y existencia de 87 años de José de Sousa Saramago.
Se trata de la cuarta edición de esta muestra sobre la vida y la obra del autor, quien nació en 1922 en una aldea de “una familia de campesinos sin tierras”, y está revestida de un carácter especial, ya que es la primera vez que se abre al público sin la presencia física del escritor, quien había participado en las otras tres aperturas en Lanzarote, Lisboa y Sao Paulo.
La exposición reúne obra inédita, textos literarios originales, manuscritos y mecanografiados, apuntes, diarios, fotografías, cartas, muebles y otros objetos personales, además de la medalla del Nobel, en una reconstrucción del mundo personal y creativo, y del pensamiento crítico y humanismo de Saramago, una persona “como cualquiera de nosotros”, que fue obrero mecánico, oficinista, periodista, traductor, poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, humanista, comunista, zapatista y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1998.
Se han incluido fotografías de sus abuelos analfabetos, “pero muy sabios” —como solía insistir Saramago—, sus credenciales de los primeros años de escuela, sus primeros pasos en su pueblo natal, Azinhaga. También, aunque no de forma específica, la intensa relación de Saramago con México, su compromiso indeclinable con las causas del zapatismo, sus viajes a la selva Lacandona, sus críticas primero al régimen priísta y después, con la misma virulencia, los efectos de las políticas conservadoras de los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón.
Fernando Gómez Aguilera, curador y director de la Fundación César Manrique y amigo muy cercano de Saramago, respondió a la pregunta del moderador Eri Cámara, curador de San Ildefonso, sobre qué verá el visitante de la exposición: “Una experiencia de emociones, las palabras hemos querido convertirlas en emociones. En emociones contenidas, no escandalosas. Los libros son emociones también. El pensamiento riguroso ha de sostenerse sobre emociones vinculadas a la búsqueda de la verdad, del conocimiento, a la compasión, una línea central de la actividad literaria e intelectual de Saramago: compadecerse de los otros, de los compañeros”.
Y esa tarea suya de pensar compadeciéndose en los demás, agregó Gómez Aguilera, quien consideró a Saramago “una de las pocas conciencias universales en todo el mundo”, es la que se buscó en la exposición, “y por eso el reto fue pasar las palabras a imágenes también, sin que las palabras se perdieran”.
Luego de la charla se realizó la inauguración oficial en el patio central de San Ildefonso, con la participación de funcionarios de culturales del Instituto Nacional de Bellas Artes, la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y el Gobierno del Distrito Federal.
“Si visitan la exposición y les gusta”, dijo ahí Pilar del Río —compañera de vida del escritor portugués—, “digan a quien no la ha visto, cuéntenle a los demás que se trata de la vida de una persona como todos nosotros, no de élite, no universitaria, que se hizo a sí mismo y que fue ejemplo de la gente sencilla que, a base de trabajar, nos ennobleció a todos. Y eso le hace falta mucho a México”.
Del Río expresó su preocupación sobre los atentados del viernes 22 de julio en Noruega mientras traía a cuento algunas reflexiones sobre el mundo contemporáneo, incluidas en los libros del autor. “Saramago hizo literatura, pero no para contar su vida, sino sus obsesiones: el poder, la religión, las leyes que no parecen ser aprobadas para que los derechos no colisionen, sino para tejer enjambres que nos esclavicen”, afirmó durante su charla en el Anfiteatro Simón Bolívar de San Ildefonso.
“A las leyes religiosas me refiero, a esas que mandan matar o cuidar la pasión o enfriar y castigar el cuerpo; a las leyes que mandan contra el otro, no tu semejante, sino tu enemigo, porque tiene otro estilo de vida u otro color”, agregó Del Río, presidenta de la fundación que lleva el nombre del escritor.
“Miremos hoy Noruega, que parecía el paraíso y el viernes se desencadenó el infierno por la intransigencia. El sueño de la razón genera monstruos, repetía Saramago con Goya, que para él no era un pintor: era un filósofo”.
Saramago advertía sobre la contaminación y suciedad del mundo, que “era para él algo inaceptable, un dolor, una obligación cívica en la que debía empeñarse antes de que el lodazal se instale definitivamente en nuestros corazones”.
Para Saramago, “los sueños eran consistentes cuando se podían levantar del suelo, como del suelo se levantan las cosechas, las casas, los hombres y las mujeres”, comentó Del Río en relación al título de la exposición.
“Vamos a hacer un viaje por Saramago, el mejor viaje posible, según el propio José dijo. Se descubrirán documentos y se confirmará que la forma de estar en la vida de este portugués y mexicano, como un día lo definió Carlos Fuentes, es la mejor posible, porque es la de quien utiliza la herramienta del pensar, y junto a la herramienta del pensar, la herramienta del sentir. Saramago era un hombre contenido, pero emocionado”.
Del Río reconoció que a Saramago le hubiera emocionado mucho ver la exposición en un sitio tan sobrio y hermoso como San Ildefonso: “Lo conocía y no sabes qué dolor siento de que no pueda ver la exposición... Sería un orgullo, una alegría tan grande para él ver a sus abuelos analfabetos colocados en un lugar tan impresionante”.
Y compartió una posibilidad: “Paseando por estos claustros de San Ildefonso tal vez veamos a Saramago mirando sorprendido todo esto que se ha montado por él, y diciéndonos que estamos locos. Y tal vez sea verdad que lo estemos, locos de amor y de solidaridad por quien tanto amó y tanto dio de sí mismo”.
La compañera de Saramago adelantó que sí se publicará la novela que dejó inconclusa y que, otra coincidencia con México, habla precisamente de uno de los fenómenos que más afectan a este país: la violencia desatada y enquistada en gran medida por el tráfico de armas.
“Se publicará, pero no este año. Se pretende que además de un hecho literario sea un hecho moral. Es un tema que en México es especialmente sensible: las armas. Saramago se enfrentó a ese asunto en los últimos meses de su vida. Y cuando esas páginas aparezcan, tiene que ser de tal manera que todos nos pongamos a pensar. Insisto: tiene que ser un aldabonazo en las conciencias. Si no, no hubiera merecido la pena el esfuerzo que hizo, sabiendo que se iba a morir, al abordar ese trabajo. Y con la profundidad, la perspectiva ética, la agilidad con que lo hizo... Quiero que todo mundo conozca estas páginas, pero de la mejor manera”.
Fuente: La Jornada