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Ricardo Piglia
Piglia sigue ganando.
Blanco nocturno, de Ricardo Piglia, obtiene el Premio Hammett
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El escritor argentino Ricardo Piglia ganó este 29 de julio el Premio Hammett de Novela Negra, que otorga la Asociación Internacional de Escritores Policiacos, por su obra Blanco nocturno, por la que también acaba de recibir el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos.

Reunido en la Semana Negra de Gijón, el jurado formado por Elia Barceló, David Torres y Raúl Argemí valoró los distintos planos de la narración y el uso de un lenguaje coloquial pero culto, para premiar a una novela “muy bien escrita”.

Blanco nocturno (Anagrama, 2010) “sorprendió” al jurado con una trama directa y compleja que desnuda traiciones y negociados, pasiones y trampas. Ambientada en las llanuras de la pampa argentina a comienzos de los años setenta, la novela de Piglia retrata la vida en un clima sereno tradicional de los pueblos rurales y el infierno de las relaciones familiares, en un contexto sociopolítico complejo que refleja con mucha aproximación la realidad de Argentina en aquellos años.

Es una novela negra en toda regla, porque parte de la investigación puramente policial de un caso para llegar “en un plano superior” a la denuncia social, explicó el escritor Raúl Argemí.

Piglia recurre a Emilio Renzi, su “alter ego” literario, el periodista, el policía o el investigador privado, según sea el caso, para desentrañar la verdad en un caso que todo el mundo da por cerrado al haber sido condenado un japonés por el asesinato de un negro portorriqueño educado como americano en Nueva Jersey, llegado a las pampas argentinas siguiendo la estela de dos hermanas gemelas liberales.

Tony Durán, el extraño forastero asesinado, las hermanas Ada y Sofía Belladona, hijas del acaudalado hacendado dueño de casi todas las tierras del lugar con las que tenía una relación de triángulo amoroso, y el hermanastro de ellas, un tipo raro que vive encerrado en una fábrica, participan del entramado que intenta desarmar Rienzi.

Piglia cuenta dos historias centrales a la vez en una trama “sórdida” que va desvelando los negocios sucios, el tráfico de intereses entre la oligarquía terrateniente, los dirigentes políticos, los jueces, los bancos y las compañías financieras que pugnan por hacerse son las tierras donde se asienta la fábrica del hermanastro de las Belladona.

La obra narra el cambio de un país, que pasa de ser productor a la cultura de la especulación, que comenzó a gestarse a finales de los años sesenta y principios de los setenta con la dictadura de Juan Carlos Onganía, y se asentó definitivamente con los militares en los ochenta y los gobiernos liberales posteriores, ha explicado Argemí.

Al premio llegaron también como finalistas: El humo en la botella, de Juan Ramón Biema; Cuadrante las Planas, de Willy Uribe; Todo es silencio, de Manuel Rivas; El cebo, de José Carlos Somoza; y Orquídeas negras, de Juan Bolea.

La Semana Negra premió también este año al español Ismael Martínez Biurrún con el Celsius de novela de fantasía, ciencia ficción o terror; al colombiano Juan Esteban Constaín con el Espartaco de novela histórica; al español Javier Calvo con el Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela negra; a los españoles Cruz Morcillo y Pablo Muñoz, además de Lluc Oliveras y Dani “El Rojo”, con el Rodolfo Walsh al mejor libro de no ficción sobre tema criminal, y al español Reynaldo Amado Liyo con el Premio de Cuentos Ateneo Semana Negra.

Fuente: EFE