El escritor Javier Marías recibió este sábado 30 de julio en Salzburgo el Premio Estatal Austríaco de Literatura Europea 2011, de manos de la ministra de Cultura, Claudia Schmied. Es el segundo español —después de Jorge Semprún, que lo obtuvo en 2006— en recibir este galardón, creado en 1965 y dotado con 25.000 euros.
Ante un nutrido auditorio presidido por la ministra de Cultura de Austria, Claudia Schmied, y su par española, Ángeles González-Sinde, Marías agradeció que, con el premio, su nombre se agregue al de otros ilustres ganadores a los que admira, como el poeta Wystan Hugh Auden, el novelista Italo Calvino y el dramaturgo Eugene Ionesco.
La obra de Marías (Madrid, 1951) fue calificada de “maestra”, capaz de “expandir la conciencia del lector” y dotada de una prosa “digna de ser leída en voz alta, como un poema”, según el encargado del discurso de encomio, Alexis Grohmann.
La ministra austríaca le agradeció haber “poblado con algunos personajes memorables el continente literario europeo, como Teresa Aguilera, de Corazón tan blanco; Peter Wheeler, de Tu rostro mañana, y Cromer-Blake, de Todas las almas”.
Y González-Sinde arrancó las risas de los asistentes al recordar “la rara oportunidad” que como ministra tenía para hablar de Marías, ya que éste no aceptaba premios estatales españoles.
La responsable española le transmitió “el orgullo y la admiración sincera de millones de españoles que le siguen y le quieren”, y le agradeció “por contribuir de forma tan significativa a construir la Europa contemporánea basada en la cultura”.
En su intervención, el escritor comenzó por ironizar sobre la pretensión de los escritores jóvenes por ser “casi únicos, más que un miembro intercambiable de una generación” para finalmente acabar reconociendo que “lejos de ser únicos, tenemos mucho en común con nuestros predecesores y con nuestros contemporáneos”.
“Nada irrita más a un escritor que aquellos críticos, profesores y comentaristas culturales que insisten en etiquetarlo o contextualizar lo que hace o en establecer vínculos entre su obra y la de otros contemporáneos”, afirmó.
“En describirle como realista, histórico, o escritor literario, esa tautología absurda que se ha convertido tan popular en nuestro estúpido tiempo. O como escritor posmoderno, algo que nunca he sabido qué significa aunque, por fortuna, está cayendo en desuso”, dijo.
El autor de Los enamoramientos reflexionó sobre la soledad que el escritor necesita, en parte elegida y en parte porque carece de alternativa, para acabar un libro que cuando haya finalizado será “una gota en el océano”.
También sostuvo que “el escritor sabe que el país en el que ha nacido y la lengua en la que escribe, aunque importante, es sólo secundaria. Incluso hasta un punto accidental”.
Y con sarcasmo agregó que “la lengua es un vehículo, una herramienta, nunca un fin en sí mismo (...). No es un factor determinante, quizá sólo para algunos escritores ornamentales que, por ejemplo, en español, parecen esperar que los lectores griten ‘olé’ después de cada frase explícitamente elegante”.
El también académico de la RAE trató sobre el tiempo actual, en el que la inmediatez se imponen hasta el punto de que “todo es viejo en el momento en el que nace”.
“Siempre hubo algo ligeramente ridículo y patético en la idea de posterioridad. Ahora parece directamente grotesco dado que la vida de las cosas es incluso más corta”, afirmó al reflexionar sobre la tarea de escribir en un mundo en cambio permanente.
“Es como si la idea de durabilidad perteneciera a otra edad” y sólo estuviera en poder de gigantes de la literatura como Shakespeare, Montaigne, Cervantes y Conrad, concluyó.
Los diarios austríacos coincidieron el sábado en destacar la diversidad y la productividad de Marías, novelista, autor de libros de relatos, ensayos y literatura infantil, traductor, lector en la Universidad de Oxford, editor y articulista. También, miembro de la Real Academia Española desde 1996.
La dimensión europea del galardón caracteriza muy bien a Marías, que ha vivido en Madrid, Venecia, Barcelona, París, Oxford (Reino Unido) y en Connecticut y Massachusetts (EUA). En estas dos últimas ciudades pasó parte de su infancia debido a que a su padre, el filósofo Julián Marías, represaliado durante el franquismo, se le prohibió impartir clases en universidades españolas, por lo que tuvo que trasladarse con su familia de cinco hijos al extranjero.
La publicación de Corazón tan blanco (1992), su séptima novela, marcó un antes y un después en la carrera internacional de Javier Marías. La elogiosa crítica que hizo de la obra en su programa televisivo el gran gurú alemán de la literatura Marcel Reich-Ranicki hizo que el libro escalara puestos como la espuma.
Fuentes: EFE • LNE