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Élmer Mendoza
Mendoza: explicar el lenguaje del norte de México.
Élmer Mendoza ingresa a la Academia Mexicana de la Lengua
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El novelista y dramaturgo Élmer Mendoza (Culiacán, 1949) ingresó como académico correspondiente en Culiacán, Sinaloa, a la Academia Mexicana de la Lengua, luego de una sesión plenaria llevada a cabo por miembros de este organismo el pasado 11 de agosto.

De tal suerte, explicó en un comunicado la AML, que esta centenaria corporación honra a tan destacado escritor y se enriquece con su presencia entre sus miembros de un sobresaliente novelista, dramaturgo, innovador literario, maestro universitario, incesante animador de la lectura y promotor de instituciones culturales.

El autor dijo que accede a la institución con el propósito de “ayudar a definir vocablos y expresiones” del norte de México y tratar de enriquecer el Diccionario de Mexicanismos. “Ahora que la literatura que escribimos los que vivimos por acá (en el norte) ha ganado lectores, a algunos no les viene mal que les expliquemos de qué estamos hablando”, explicó.

La labor que va a desarrollar es un trabajo “muy pertinente” del que él mismo no tenía conciencia hasta hace poco, cuando el éxito internacional de sus novelas le obligó a trabajar de manera estrecha con sus traductores y se dio cuenta de lo “arduo” de su labor.

“Hay necesidad de explicar muchas de las construcciones que nosotros utilizamos. Las explicaciones tienen que ser tan precisas y completas porque no sólo se trata de una expresión, un vocablo, sino que se trata prácticamente de una cultura, de una forma de ser, de ver la vida”, asegura.

Otros términos que podría ayudar a incorporar son “bichi” (desnudo), “chola” (órgano sexual masculino), o “cuisuqui” (inquieto). “Me gustaría mucho que estuvieran los que tienen que ver con las relaciones humanas. Por ejemplo, en el asunto de las relaciones sexuales. No he escuchado en otra parte que se utilice la palabra ‘matar’ para eso (tener sexo)”, agrega.

Ante los anglicismos, sobre todo los que llegan desde Estados Unidos, el nuevo académico mexicano no siente repulsión ni desagrado, al contrario, piensa que “enriquece al español”. “Si son la cultura más poderosa del mundo, que ha generado muchísimas señas de identidad, es un placer compartirlo. Yo así lo detecto”, afirma Mendoza, un consumado lector de literatura estadounidense.

Le entusiasma que haya en Estados Unidos cada vez más interés por los autores que escriben en español, y siente que es cuestión de tiempo y responsabilidad de los 500 millones de hispanohablantes del planeta lograr que su lengua goce de más consideración en ese país. “Ellos son muy fuertes. Compartimos casilleros desde hace tiempo y qué bueno que crezcan”, señala.

En relación a la violencia de su país, piensa que la proliferación de términos asociados con el crimen organizado es una consecuencia natural de una situación que ha capturado la atención social y mediática en los últimos años.

“Ahora con el asunto de la ‘guerra’ (contra los cárteles lanzada por el presidente Felipe Calderón en diciembre de 2006) surge la necesidad de nombrar, de descubrir cómo nombran ellos ciertos eventos. También enriquece el panorama”, sostiene Mendoza.

Destaca la riqueza que hay, por ejemplo, al recurrir a términos para quitar la vida como “escabechar”, “darle cran”, “darle piso”, “darle p’abajo” o “encobijar” (dejar un cadáver envuelto en una manta o tela), que se han popularizado. “No tiene nada que ver con expresiones del siglo XIX, por ejemplo ‘se lo mandamos a San Pedro’. Esto es como una fortaleza que implica una carga de crueldad”, apunta.

Mendoza es autor de tres volúmenes de cuentos: Mucho qué reconocer (1978), Trancapalanca (1989) y El amor es un perro sin dueño (1992), así como de dos de crónicas sobre el narcotráfico, Cada respiro que tomas (1992) y Buenos muchachos (1995). Actualmente enseña en la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Desde su primera novela, Un asesino solitario (1999/2001), Mendoza se había dado a conocer, a juicio de Federico Campbell, no sólo como el primer narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en México, sino también como autor de una aguda y vivaz exploración lingüística de los bajos fondos mexicanos, convertidos en rigurosa materia literaria.

El nuevo miembro de la AML es nativo del lugar del que hace menciones y ambientaciones comúnmente en sus obras, como se puede apreciar en Un asesino solitario, y con mayor regularidad en El amante de Janis Joplin, bajo el seudónimo de “Col Pop”, Efecto tequila y Cóbraselo caro.

En noviembre de 2007 ganó el III Premio Tusquets de Novela, por decisión unánime del jurado, por su obra Balas de plata, mismo que se le otorgó durante la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara. En 2010 publicó La prueba del ácido, en donde retoma al personaje de Edgar “El Zurdo” Mendieta, quien también protagonizó su novela Balas de plata.

Actualmente, la Academia Mexicana de la Lengua cuenta con 32 académicos activos y uno más electo, así como 23 concurrentes (los que trabajan desde sus lugares de origen y sólo sesionan en momentos puntuales), entre los que está Mendoza.

Fuentes: EFEEl Informador