El escritor mexicano Sergio Pitol, galardonado con el Premio Cervantes en 2005, valoró en Pekín, el pasado 22 de septiembre, el desarrollo de su creación literaria desde 1961, cuando hizo su primera visita a China, truncada por el inicio de los acontecimientos que posteriormente desembocarían en la Revolución Cultural.
“Cuando llegué, México quería entablar relaciones diplomáticas con China. Este era un país vivo, con una vida teatral febril e intensa y una historia milenaria bella y sostenida en el tiempo”, aseguró Pitol, quien, aquejado de problemas de salud, cedió la lectura de su discurso a un alumno de la Universidad de Veracruz.
De 81 años, Pitol rememoró, en la conferencia dada en el Instituto Cervantes de Pekín, su inmersión en China, hecha a través del Templo del Cielo, la ópera pequinesa o la gastronomía, y truncada por los hechos previos a la Revolución Cultural (1966-76), que causó la muerte de al menos dos millones de personas.
Durante esta década, Mao, apoyado por una parte de la dirección del Partido Comunista, conocida como la Banda de los Cuatro, organizaron una multitudinaria movilización encaminada a desacreditar al ala “pro-capitalista”, que tuvo como principales objetivos a personal cualificado, profesores e intelectuales.
“En aquellos meses (estuvo ocho en Pekín) vi cómo la vida cultural se apagaba y se instauraba un único pensamiento, el Estado. Cuando ocurrió la catástrofe ya estaba lejos de China”, afirmó Pitol, quien celebró lejos del país asiático el fin de esos días.
“Me alegré enormemente cuando aquéllos que habían sido castigados volvieron como víctimas inocentes tras ser perseguidas como demonios”, declaró el mexicano, quien tras cuarenta años sin regresar, aseguró haberse congraciado con China en su segunda visita en 2006.
“A mi llegada constaté que había merecido la pena reencontrarse con este país. La juventud se asomaba a todos los temas con una curiosidad inusitada e inédita en otros lugares del mundo”, afirmó el autor de, entre otros, El tañido de una flauta (1973), El mago de Viena (2005) o Biografía soterrada (2011).
Acerca de la influencia que China ha tenido en su literatura, aseveró que, sobre todo, le ha aportado “una visión amplia del ser humano y de lo que es capaz”.
Asimismo afirmó que la vida y la literatura “no tienen diferencia” y que todo aquello que vivimos “tendrá permanencia en nuestro ser” ya que, como aseguró, parafraseando uno de sus títulos, “todo está en todo”.
Fuente: EFE