Este 28 de septiembre fue anunciado que, por su labor como difusor cultural y su brillante trayectoria periodística, el periodista mexicano Guillermo Sheridan (Ciudad de México, 1950) será este año el profesional reconocido en la vigésima edición del Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, que se realizará el próximo domingo 4 de diciembre a las 17:30 en el Auditorio Juan Rulfo de la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), en México.
Un reconocimiento que, señala, le cae “bien, porque (Fernando Benítez) fue mi cuate y nos divertimos mucho”, indicó Sheridan, quien incursionó en el periodismo “haciendo reseñas, como todo mundo, hace mil años”, en la Revista de la Universidad de México, Nexos y el suplemento La Cultura en México, de la revista ¡Siempre!, cuando era dirigido por Carlos Monsiváis.
“Luego Fernando Benítez y Humberto Batis me encargaron una columna en el suplemento Sábado del Unomásuno. Tenía que escribir sobre teatro, lo que era terrible, pues había que ir al teatro. A veces inventaba obras y hasta teatros que no existían. Fernando declaraba solemnemente: ‘¡Iré a ver esa esencial puesta en escena, hermano!’, y me pagaba y ya”.
De 1986 a 1999 Sheridan formó parte de la mesa de redacción de Vuelta. Actualmente es consejero en Letras Libres, donde tiene una colaboración mensual y en cuyo sitio web publica el blog El Minutario. Sus crónicas se han reunido en Frontera norte, Lugar a dudas, El encarguito y otros pendientes, Cartas de Copilco, Allá en el campus grande y Viaje al centro de mi tierra.
Guionista de la cinta Cabeza de Vaca y autor de la novela El dedo de oro, Sheridan aclara que, “más que a periodista cultural o a escritor, me dedico a realizar investigación académica. Estudio y escribo sobre historia de la poesía mexicana en la Universidad Nacional Autónoma de México. Y en mis ratos libres he seguido escribiendo crónicas y crítica. En fin, que el hábito hizo un monje más o menos anfibio”.
El Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez se entrega desde 1992 en la FIL Guadalajara. Sheridan recuerda que en México “ha habido buen periodismo cultural porque, como en todo el mundo, fueron los grandes escritores quienes inventaron el periodismo, de Fernández de Lizardi a Octavio Paz”.
Sin embargo, señala que, aunque “en teoría el periodismo cultural sirve para atraerle consumidores a los productos de la cultura, los índices de lectura en México dirían que, por lo que atañe a los libros, que es lo que me interesa, esa tarea no funciona. Es una pena, pero no hay indicios que permitan una respuesta más optimista”.
Al periodismo, dice, “lo mueven intereses diferentes a los que mueven la inabarcable cantidad de productos que hoy se agrupan bajo el rubro ‘cultura’. Creo que fue Wilde el que dijo que la tarea principal del periodismo es preservar la ignorancia de sus lectores. Yo aprecio a un puñado de articulistas y reseñistas, pero las secciones culturales no me interesan: son superficiales, no hay escritura, es un desfile de modas para las buenas conciencias, la pasarela de los plagiarios, el escándalo o el sentimentalismo. Sobre el cine y la tele y el Internet y eso, lamento no decir algo porque no sé nada”.
Cuando se le pregunta sobre el estado del periodismo cultural en México, Sheridan prefiere recomendar un ensayo de Gabriel Zaid, que se puede consultar en el sitio web de Letras Libres, y un cuento de Alejandro Rossi, “El botón de oro”, del libro Un café con Gorrondona: “Es genial, e ilustra mejor que nada las complicidades que rigen el asunto”.
Recuerda también un ensayo de Monsiváis, Del periodismo cultural, donde se observa “el pacto de mutua necesidad entre la cultura y su burocratización. Porque hoy en día no hay municipio en México, ni dependencia oficial de cualquier orden de gobierno, ni dependencia universitaria, que carezca de oficina de difusión cultural. Y entonces, claro, se necesita que la prensa divulgue su labor y genere réditos para los funcionarios”.
Al hablar sobre el humor que suele estar presente en sus colaboraciones periodísticas, Sheridan responde: “Siento que estás definiendo a Mark Twain o a Tom Wolfe, no a mí. Pero en fin, reconozco que escribo con excesivo mal humor. Por otro lado, el humor y el periodismo, y no sólo el cultural, se llevan muy bien. Tengo debilidad por el humor en el periodismo, sobre todo el involuntario. El humor involuntario en México es parte de la canasta básica, y no excluye al periodismo. Por otro lado, supongo que estoy condenado a arrastrar esta etiqueta del humor, pero dudo que me sometan a este homenaje por su culpa, o sólo por eso”. Y agrega, para despejar dudas: “También hago comentarios periodísticos serios sobre asuntos serios”.
Fuente: FIL