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Tomás Segovia
Segovia: recordado.
Celebrado homenaje a Tomás Segovia en Ciudad de México
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En un homenaje rendido al poeta hispano-mexicano Tomás Segovia, realizado el domingo 8 de enero en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en Ciudad de México, amigos y familiares celebraron la obra del también traductor y ensayista fallecido a los 84 años el 7 de noviembre de 2011.

En medio de una sala llena, el poeta Eduardo Vásquez recordó los “últimos tiempos” del autor de Casa del Nómada. En ellos, dijo, el poeta “sentía entusiasmo por el movimiento de los indignados en la Plaza del Sol de Madrid y por el Movimiento por la Paz encabezado en México por el también poeta Javier Sicilia”.

Esto “era natural”, añadió Vázquez, pues, aseguró, “el autor de Poética y profética siempre sintió simpatía por aquellas actitudes civiles que confrontaban el poder sin querer suplantarlo, que ejercían su crítica sin desear hacerse del mismo”.

En su intervención, el poeta Marco Antonio Campos, citando a José Emilio Pacheco, señaló que “el lugar de Segovia —quien nació en Valencia en 1927 y llegó a México en 1940— fue el no lugar”. “Su obra”, continuó citando al autor de Las batallas en el desierto, “encontró el arraigo en el desarraigo, la pertenencia en la no pertenencia”.

En el homenaje también participaron su hija Ana Segovia —hija también de la cuentista mexicana Inés Arredondo— y su hijo Rafael Segovia Albán. La primera leyó en voz alta “Hasta el fin”, uno de los poemas reunidos en un cuadernillo que está por publicarse. Ana Segovia también leyó cuatro poemas incluidos en Rastros, un libro póstumo que ya está en circulación.

El poeta y ensayista José María Espinasa, quien veía en Segovia a un padre y a un maestro, indicó sin embargo que Rastros “no es un libro póstumo”, sino “un testamento, una herencia”.

Espinasa, quien ha editado veintiún libros del autor de Anagnórisis, aseguró que la poesía de Tomás Segovia “hace posible lo imposible”. “Su poesía amorosa”, añadió, “es refractaria a los usos del resentimiento; en ella no hay reclamo, no hay rencor”.

El creador de Ediciones Sin Nombre concluyó su participación diciendo que, a lo largo de su obra, Tomás Segovia “pasó de la transparencia a la desnudez”, pues, dijo, su obra fue cada vez más personal.

En la ceremonia realizada en honor al poeta hispano-mexicano, Ana Segovia también leyó un poema inspirado en su padre y Rafael Segovia leyó algunos fragmentos de El tiempo en los brazos, que compendia notas en las que su padre reflexiona en torno de su oficio de escritor.

Mientras que para Marco Antonio Campos, Tomás Segovia “murió entre el aplauso general por su obra, y el cariño de la gente”, para Eduardo Vázquez, “leer a Tomás Segovia es un acto de resistencia, uno de los más estimulantes actos de rebeldía que hoy puede hacer un lector y un ciudadano”.

Fuente: El Universal