Esta noche he sido
devorada por el espejo
mi realidad en negativo se hace transparente
entro en una casa poblada
habitada por ellos
en cada uno el reflejo
se hace fragmentario
es hondo
insondable
Puedo caer dentro del reflejo y ser transportada a otro
y a otro
en donde soy una
múltiple-caleidoscópica
Las formas que devuelven los espejos
son disímiles
ante ellas
el grito surge
pero nada se oye
y soy varias y una
u n a e n p e d a z o s
en la casa de los espejos.
Alumbramiento
En su vientre están contenidas
las fuerzas dormidas
que durante el día
pugnan por salir
Ella las olvida
de vez en cuando en un silencio una voz y nada más
Acostada en la cama
sus manos
a cada lado del vientre
y de pronto lo hala lo desgarra
y todo surge
Un torbellino
de crisálidas amorfas
de sombras antropófagas
y caballos de mar deformes
vuelta tras vuelta tras vuelta
tras vuelta tras vuelta
Ella
manjar sangrante de monstruos nocturnos
Luego se para
y descorre las persianas
Dormía, se acercaba la medianoche. En mis ojos estaba la bruma. Esa que se forma tras el caer: dormía. De pronto una serpiente alada salió por mi boca, me enroscó. De mi ombligo surgió un árbol, pleno de manzanas que, durante el paso de la noche, crecieron y se maduraron. De mis oídos crecieron un par de arbustos espinosos, que me rodearon. Una de las manzanas del árbol cayó en mi estómago. Y yo sentí que todo había empezado, un calor que se expandía desde mi vientre a todo mi cuerpo, un calor que al llegar a mis manos las helaba. De mis venas nacieron sombras que se esparcieron recortadas por todo el cuarto, pero no les presté atención. Las semillas de la manzana cayeron en mis senos, y una niña se arrulló en ellos y se quedó dormida. Con las luces de la mañana, todo seguía allí. Hasta la niña, con sus ojos tranquilos, interrogantes. La tomé en mis brazos y se deshizo en polvo.
De puntillas me asomo
a la grieta florida del insomnio
magma de barro
hecho cenizas
Abrazar la hoguera cada noche
hasta que mi piel calcinada
se acrisole
Derramar un poco de alcohol
para los muertos
convocarlos con el canto
explorar la grieta
y ver cara a cara
cara y cruz
al insomnio
con sus flores sangradas
tú
habitante crepuscular
que vives en mí
calladito
Enróscate en mis ojos
multiplícate
vibra
pero no te muestres
La antesala
Una mano sobre el espejo
testigo silente del día a día
ese que duerme
gran ojo despierto
pero si lo toco me es más cercano menos hostil
hueco acuoso testigo mudo
¿Acaso es Él lo cierto?
o la realidad anda dormida por zaguanes desperdigados en la memoria
el ojo se metamorfosea
se invierte
o la que cambia soy yo
al tocarlo
el espejo vomita
o vomito yo
sobre la conciencia
algo muerto
Sangre fluvial
plagada de peces dormidos
en el vestíbulo
Mi mano se hunde
paso de un zaguán a otro
ando descalza
pisando peces podridos pegajosos
triste antesala de eso que Es
Queda la sed
En mi lengua hoy
se desnuda un alacrán
en mi pie la orquídea
contraparte de la ponzoña
Con la vista trato de fijar
la realidad a la que quiero atarme
aquel poste esa calle ese niño llorando y su madre
aquel carro y la moto y la señora que lleva pan
cuadro tras cuadro
una línea tras otra
pero el boceto interior queda borrado
no logro aprehenderlo
En el horizonte matinal
he buscado la hebra que me lleve
al reflejo
la permanencia
Ha transcurrido el día
queda la sed
Esperas
Algo de noche tienen tus alas
algo de ráfagas tus pezuñas
silente me miras desde la ventana
Algo de calor hay en tus huesos
y hasta de fiebre se diría
Siento como mía tu pústula
la herida abierta
Siento como mía la espina en tu ojo sangrante
la cicatriz la carne viva
esa que se abre cada noche que no cesa de torturarnos
Silente me miras desde la ventana
allí estás dispuesta a ser mi alteridad
a ser esa contraparte doliente febril antropófaga
Con la noche en tus alas
merodeando
mi espacio nocturno
Con ráfagas en tus pezuñas
arañándome la cara
con tu mirada fiera
me miras desde la ventana
y esperas