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Muere a los 81 años el fotógrafo chileno Sergio Larraín
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Sergio Larraín
Larraín: famoso y ermitaño.
 

El fotógrafo chileno Sergio Larraín Echeñique, reconocido por su trabajo en la agencia Magnum en la década del 60 y considerado uno de los más relevantes de la historia de Chile, falleció a raíz de complicaciones cardíacas este 7 de febrero a los 81 años en Ovalle, a 412 kilómetros de Santiago.

Tras hacerse del reconocimiento internacional, Larraín se retiró de la profesión en los años 70 del siglo pasado y se dedicó a la meditación, dando paso a un verdadero mito en torno a su figura.

Nacido en 1931 en Santiago de Chile, Larraín dio sus primeros pasos en la fotografía en 1949. Viajó a Estados Unidos para estudiar ingeniería forestal, pero rápidamente viró hacia la profesión que lo llenaría de prestigio. A su regreso a Chile, hizo la primera exposición en 1953. Enseguida llegaron las muestras en Berlín, Valencia, Londres, París y Chicago, entre otros lugares.

Desde temprano tuvo inclinación por la estética de la pobreza y la marginalidad, como lo atestigua su trabajo con los niños que vivían a orillas del río Mapocho, una producción a pedido del Hogar de Cristo que lo consagró internacionalmente. Por esa época, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (Moma) adquiere algunas de sus imágenes; más tarde fue becado por el British Council y partió hacia Inglaterra.

El trabajo fotográfico que hizo en ese país, titulado “Londres” y considerado uno de los fotorreportajes más importantes de las últimas décadas —y editado recién en 1998—, llegó a manos del francés Henri Cartier-Bresson, quien le facilitó su entrada como miembro asociado en 1959 de la agencia Magnum y con pleno derecho a partir de 1961. Sería el único chileno en entrar en la prestigiosa agencia francesa.

Magnum le encargó un reportaje sobre la mafia siciliana, el que requería el retrato de su “don”, Giuseppe Russo. Cuatro meses después, volvió con varias fotos del capo durmiendo la siesta, que fueron vendidas por miles de dólares a revistas de todo el mundo.

El primero de sus libros, El rectángulo en la mano, fue publicado en 1963, y tres años más tarde colaboró con sus fotos en el libro de Pablo Neruda Una casa en la arena. En Francia trabajó para revistas como Paris Match y Life, y fue allí donde el escritor argentino Julio Cortázar lo conoció.

Un día revela una fotografía de la ciudad, tomada a un costado de Notre Dame, y al ampliarla descubre a una pareja en pleno acto sexual. Según Armando Uribe, Cortázar se fascinó con la historia y la usó para el cuento “Las babas del diablo” (1964). Dos años después, Antonioni convirtió el cuento en la película Blow up.

En 1968, con motivo de una exposición en Lausana, publica Chile, y recién en 1991 sale su libro más importante, Valparaíso, considerado uno de los mejores retratos que se han hecho del puerto.

Poco después del golpe de 1973, Larraín fijo su residencia en el Norte Chico, después de haber estrechado sus lazos con el grupo místico Arica, liderado por Oscar Ichazo. Y abandonó la fotografía. “Él sintió que ya había realizado su trabajo, dio su obra por terminada”, cuenta su amigo Luis Poirot, que lo conoció en la redacción de la revista Paula en los 60.

En 1999 realizó una exposición en el Centro Julio González del Instituto Valenciano de Arte Moderno (Ivam), donde se editó un catálogo retrospectivo de su obra. Actualmente sus fotos pueden verse en diversos museos y colecciones, como el Castillo de agua Laganne en Toulouse y el Moma, de Nueva York.

A Larraín le sobreviven sus hijos Juan José Larraín Huneeus y la pintora María Francisco Gregoria Larraín Truel. Sus restos fueron sepultados en el pueblo de Tulahuén, donde vivía la mayor parte del tiempo dedicado al yoga, la pintura y a la elaboración de libros artesanales con textos ecológicos y sus fotografías, que fotocopiaba y pedía “hacer circular”.

Fuentes: La TerceraTélam