Feliciano Carvallo, considerado el precursor de la pintura ingenua en Venezuela, falleció la mañana del pasado miércoles 28 de marzo en Catia La Mar, Vargas. El artista popular solía plasmar en sus pinturas escenas de fiestas populares, mitos, fábulas y costumbres y folklore usando para ello una amplia gama de colores y armonías contrastadas.
Nacido en Naiguatá el 11 de noviembre de 1920, el artista se entregó a la pintura desde temprana edad. Oculto en su terruño con la humildad característica del hombre sencillo que puebla la ruralidad venezolana, hizo sus primeras obras con tinturas naturales, como azulillo, negro de humo, zumo de hojas y tierras rojas, negras y amarillas, entre otras.
Su “descubrimiento” por parte del mundo artístico venezolano significó un paso importante para la pintura ingenua nacional. En 1945 se convierte en discípulo de otra leyenda del arte venezolano, Armando Reverón, quien le enseña el valor de la originalidad: “Haz lo que te dé la real gana, muchacho, haz lo que te dé la gana y pá’lante. Pero no copies ni imites a nadie. Que lo que hagas, bueno o malo, sea tuyo siempre”.
En 1949 el Taller Libre de Arte de Caracas realizó una exposición individual de sus obras. En 1955 el crítico de Arte Gastón Diehl le organiza una exposición en el Instituto Cultural Venezolano Francés. En el ámbito internacional, las piezas de Carvallo se dejaron ver en la parisina Galería Villand & Galanis y en la exposición Ingenuos Actuales de América, realizada en el Museo de Arte Moderno de Madrid en 1967.
Entre los galardones que recibió gracias a su trabajo se cuentan la Mención Honorífica en el Salón Oficial y Premio Antonio Edmundo Monsanto en 1965; además de dos reconocimientos en el año 1966, el Premio Nacional de Cultura mención Pintura y el Premio Armando Reverón.
Fuentes: El Nacional • El Universal