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Guillermo Fernández
Fernández: asesinato vil.
Rinden en México homenaje póstumo al poeta Guillermo Fernández
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El poeta mexicano Raúl Renán intervino este domingo 15 de abril en el homenaje que se le rindió en la Sala Ponce del Palacio de Bellas Artes, en Ciudad de México, al recientemente asesinado poeta y traductor Guillermo Fernández, para pedir que la actividad fuera “a su vez un acto de protesta por el horrendo crimen de que fue víctima, y que los culpables sean castigados con rigor por la justicia”.

“No puede ser que una persona que sólo estuvo en el mundo cultivando el bien espiritual haya sido objeto de un atentado de esa naturaleza”, completó Renán, quien fundara con Fernández la editorial La Máquina Eléctrica.

El pasado 30 de marzo, Fernández fue asesinado en su residencia de Toluca, estado de México. Su cadáver fue hallado atado de manos y amordazado en su propio domicilio, con un golpe en la cabeza. “Fue víctima de un asalto en su propia casa y ahí fue asesinado”, explicó entonces Jorge Esquinca, poeta, traductor, editor y amigo de Guillermo Fernández.

Esquinca estuvo presente en el homenaje de este domingo y habló de la trayectoria profesional del poeta tapatío, recordando que el año pasado se presentó Arca: poesía reunida, volumen editado por la Secretaría de Cultura de Jalisco con toda la obra poética del autor a partir de su primer libro, Visitaciones (1964).

Héctor Orestes Aguilar, moderador del homenaje, explicó que el mismo “tendría que haberse realizado el próximo 2 de octubre, para celebrar los 80 años de nacimiento de Fernández”, a quien llamó “el más importante multiplicador de la cultura italiana en lengua española”. En efecto, amigos cercanos, colegas y diversas instituciones literarias organizaban un homenaje para celebrar las ocho décadas del escritor y sus muchos años al servicio de la poesía y la traducción.

Sobre la fecha en cuestión, el poeta, ensayista y narrador Vicente Quirarte anunció que “es la voluntad de varios de los que estamos aquí colocar ese día en su tumba, en el cementerio de Toluca, una lápida que contenga un epitafio, para que nuestro poeta tenga un sepulcro que lo identifique y nos permita seguir hablando con él”.

Los integrantes del taller de poesía que Fernández impartía en Toluca, donde se mudó a raíz de los terremotos de 1985, se organizaron para pagar su funeral, y “ante su tumba le prometieron que dentro de siete años, cuando sea posible exhumarlo, se cumplirá su voluntad: ser cremado y que sus cenizas sean dispersadas en el Nevado de Toluca, su espacio predilecto de peregrinación”, acotó Quirarte.

Participante en el acto, también exhortó a los presentes a luchar “para que de la manera más rápida y eficaz, en cuanto los heraldos negros permitan la entrada a su casa, rescatar sus documentos, archivos y los libros que reunió a través de los años, para que ingresen a una institución que los custodie y haga accesibles”.

También habría que rescatar toda una serie de trabajos que no han visto la luz, agregó Aguilar, coordinador de Publicaciones del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Para Renán, la poesía “siempre fue su curación permanente de una herida”, mientras Quirarte observó que “en los últimos años Fernández regresó a la poesía personal cada vez más breve, antirretórica y seca, cada vez más alta y diferente a lo que había escrito antes”.

Si Guillermo Fernández publicó 300 páginas de poesía en medio siglo, su trabajo como traductor de literatura italiana, sin paralelo alguno en nuestra lengua, lo llevó a publicar decenas de miles de cuartillas: “No es que Guillermo tuviera cada vez menos que decir como poeta, sino que lo hizo preferentemente por medio de sus traducciones”, apuntó el poeta y escritor Hernán Bravo Varela.

Nacido en Guadalajara (Jalisco) en 1932, Fernández solía decir que traducir la literatura italiana al español fue su tabla de salvación, aunque consideraba igualmente que en lugar de traducción debía hablarse de versión. “El traductor es el criadito, el porterito de noche de los textos, uno es el servidor”, escribió.

Esa labor a la que dedicó más de 35 años de su vida lo situó como el más importante traductor del italiano, idioma del que vertió al español textos de Dino Campana, Umberto Saba, Giuseppe Ungaretti, Eugenio Montale, Salvatore Quasimodo, Mario Luzi, Italo Calvino y Antonio Tabucchi, entre otros.

Por su trayectoria recibió la Condecoración de la Orden al Mérito de la República Italiana, en grado de Caballero, que le confirió el gobierno de esa nación europea en 1997 —año, también, en que recibió el Premio Jalisco de Literatura.

Fernández dirigió en Toluca hasta su muerte el taller de poesía “Joel Piedra”, del que se editaron dos antologías: Camisa de dieciocho varas (1997) y Reino de nadie (2006); asimismo, coordinó la colección “La Canción de la Tierra”, de la Subdirección de Publicaciones del Instituto Mexiquense de Cultura.

Entre sus poemarios se encuentran Visitaciones (1964 y 1993), La hora y el sitio (1973), Bajo llave (1983) y Exutorio (1998), así como las antologías El asidero de la zozobra (1983) e Imágenes para una piedad (1991). En 2006 el Fondo de Cultura Económica publicó Exutorio, una antología de su obra poética (1964-2003).

Fuentes: El InformadorEl UniversalLa JornadaMilenioNotimex