Artículos y reportajes
Junot DíazLa honda y breve novela de Junot Díaz

Comparte este contenido con tus amigos

Reseña tardía de La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Literatura Mondadori, 2008.

Una de las más apasionantes novelas de hoy —Premio Pulitzer bien merecido— es la historia de un adolescente negro, obeso, dominicano y nerd, que vive en un barrio de New Jersey. Son trescientas páginas en las que nos sumergimos de inmediato y con deleite, reconociendo nuestra piel en la de personajes latinoamericanos escindidos, suspensos en el ir y venir de ambas culturas. Al ir tejiendo sus historias, fusionando en sí mismos dos culturas casi antagónicas, elaboran sus territorios emocionales con retazos referenciales de los dos países a los cuales se supone que pertenecen.

La historia de Oscar, un muchacho que no encaja en ningún estereotipo, abre paso a las historias no menos significativas de otros personajes, desplegándose en abanico de sorprendentes resultados. Una lectura que se desliza con la levedad que recomendaba Italo Calvino, posee sin embargo la densidad que se requiere para dejarnos algunas interrogantes y proponernos una nueva lectura de lo latinoamericano.

“La maravillosa vida breve de Oscar Wao”, de Junot DíazEl tono fresco, claro y directo propio de los jóvenes, toma de los comics, el cine y la ciencia ficción, algunos ingredientes en dosis adecuadas, sin que ello signifique un limbo ideológico. Tal como el tema lo exige, el autor escribe en el idioma y las claves aprendidas, anclado en las referencias históricas ineludibles de Estados Unidos en Latinoamérica, y en particular en República Dominicana, sin panfleto y sin tapaojos.

Como ocurre únicamente en las grandes novelas, La maravillosa vida breve de Oscar Wao es mucho más que el tema, o sus anécdotas. Son los ritmos cambiantes según las diferentes épocas narradas, es el lenguaje crudo y puro mientras más contaminado y mezclado está. Son sus notas al margen que tratan al lector de tú a tú y apuntalan el texto con desparpajo, sin esguinces ni escondrijos, utilizando un recurso que es casi un personaje de la novela. Su estructura, que —para una lectora común como yo— podría parecer compleja al primer vistazo, se convierte en el vehículo más eficiente para permitirnos disfrutar todo el trayecto.

Este maravilloso andamiaje le costó al autor un trabajo de ocho años además de un primer manuscrito de otra novela en la papelera. Sin embargo, a mi juicio —no especializado en crítica literaria— es un espléndido regalo para lectores latinoamericanos, tanto por el tema y las referencias como por la excelente traducción de Achy Obejas. Por otra parte, el reconocimiento de la crítica en Estados Unidos nos habla de una nueva vertiente de posible interés para nuestros críticos y estudiosos.