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María Teresa Fernández Hall
Fernández Hall: despedida.
Murió la escritora guatemalteca María Teresa Fernández Hall
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El pasado 24 de abril falleció, a causa de un paro cardíaco, la escritora guatemalteca María Teresa Fernández Hall, quien fuera definida por Mario Antonio Sandoval, director de la Academia Guatemalteca de la Lengua, como “una formadora de toda una generación, maestra, literata y catedrática de primer orden”.

Estudió dibujo y pintura en la Academia Nacional de Bellas Artes, con la guía de Rafael Yela Günther. También fundó la Sociedad Literaria-Guatemalense Juan Fermín Aycinena y el periódico escolar La Sagrada Familia. Escribió en el semanario católico Verbum y en medios como El Imparcial, además publicó libros como Caléndulas de arcilla y Saetas místicas, y realizó trabajos como Historia de la literatura y las artes en Guatemala, y Figuras femeninas en la historia de Guatemala.

En 1967 fue propuesta por el doctor Carlos Martínez Durán como académica de la lengua. El 8 de septiembre de ese año, en un acto solemne, leyó su discurso basado en el soneto “Flor y espina”, con el cual logró ser la segunda mujer en integrarse a la Academia.

Dos años después se convirtió en la primera mujer guatemalteca que asistió a un Congreso de Academias de la Lengua en Quito, Ecuador. El diploma que le otorga al privilegio de pertenecer a la institución fue entregado por la Real Academia Española (RAE) el 13 de marzo de 1970.

Su labor en la institución quedó plasmada en la Comisión de Diccionarios, que le solicitaba investigar y proponer palabras propias de la jerga guatemalteca, para que se incluyeran en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Lo hizo, y por ese trabajo recibió una felicitación del entonces director de la RAE, Dámaso Alonso.

Ese mismo año de 1967, con su investigación Historia del Colegio de Belén, ingresó en la Academia de Geografía e Historia de Guatemala. “Ha sido una de las pocas escritoras guatemaltecas que han trabajado la temática religiosa”, asegura Francisco Albizúrez Palma, de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

Sus versos en libros como Apóstol de la campanilla, Trigos de eternidad, Florilegio para la Virgen del Rosario y ¡Dios te salve, María! reflejan su devoción. Su amor y fe la llevaron a formar parte de la primera división del Rosario Perpetuo. “Sus versos y delicadeza hacia la Virgen del Rosario demuestra la entrega que tenía con su religión”, asegura su hija Ana María.

Fuente: Prensa Libre