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Élmer Mendoza
Mendoza: cada autor es un sistema de escritura.
Élmer Mendoza ingresa a la Academia Mexicana de la Lengua
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El escritor mexicano Élmer Mendoza, cuyas novelas están inmersas en la llamada “narcoliteratura”, ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua el pasado jueves 26 de abril como académico correspondiente en Culiacán, Sinaloa —designación decidida en sesión plenaria del 11 de agosto de 2011 de la AML—, con un discurso en el que habló de sus referentes literarios y de su aprendizaje del oficio.

El acto, presidido por el director de la AML, Jaime Labastida; el director adjunto, Felipe Garrido, así como por los miembros Gonzalo Celorio Blasco, Diego Valadés, Adolfo Castañón y Ruy Pérez Tamayo, se celebró en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en Ciudad de México.

Mendoza contó que decidió ser escritor una madrugada de 1977, aunque pasaron 21 años y ocho meses antes de que publicara su primera novela, Un asesino solitario. Poco a poco, explicó, se fijó tres metas: tomar al toro por los cuernos, escribir la línea que nadie ha escrito y tener voluntad de estilo, consejos que tomó de escritores: Fernando del Paso, el poeta Abutalid y Gonzalo Celorio, en ese orden.

El escritor nacido en Culiacán en 1949 dijo también que con los años, y persiguiendo esas tres metas, fue alcanzando verdades: que cada autor es un sistema de escritura, que hay que crear una literatura que toque las fibras más sensibles, crear personajes que se vuelvan entrañables, que hay que tener la escritura como laboratorio y la literatura como arte.

“Escribiendo Un asesino solitario, en alguna página comprendí el asunto del ritmo, del tono y que de momento no podía excluir del texto el lenguaje popular. No fue una decisión, simplemente lo supe”, señaló el narrador durante su discurso en el que habló de sus años forjándose como escritor.

Felipe Garrido, recién galardonado con el Premio Xavier Villaurrutia, celebró la escritura de Mendoza definiéndolo como un escritor que en efecto tomó el toro por los cuernos, y celebró igualmente su lenguaje popular tomado de la calle: “Quién decide cómo debe ser el lenguaje, no la academia, sino los hablantes”.

Con su ingreso a la AML se reconoce al escritor que ha sabido reflejar en sus obras el habla particular de su región. Al mismo tiempo, se destaca así su labor como catedrático de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), tallerista, incesante animador de la lectura y promotor cultural.

Mendoza es autor de varios volúmenes de cuentos: Mucho que reconocer (1979), Quiero contar las huellas de una tarde en la arena (1985), Cuentos para militantes conversos (1987), Trancapalanca (1989), El amor es un perro sin dueño (1991), Firmado con un klínex (2009) y de dos crónicas sobre el narcotráfico, Cada respiro que tomas (1991) y Buenos muchachos (1995).

Con su primera novela, Un asesino solitario (1999/2001), se dio a conocer, a juicio de Federico Campbell, no sólo como “el primer narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en México”, sino también como autor de una aguda y vivaz exploración lingüística de los bajos fondos mexicanos, convertidos en rigurosa materia literaria.

Mendoza nació en Culiacán, lugar que menciona en sus novelas y cuyas ambientaciones figuran comúnmente en ellas, como se puede apreciar en El amante de Janis Joplin (2001), que obtuvo el XVII Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares. Otras de sus novelas son Efecto Tequila (2004), finalista en 2005 del Premio Dashiell Hammett, y Cóbraselo caro (2005).

En noviembre de 2007 ganó el III Premio Tusquets de Novela, por decisión unánime del jurado, por Balas de plata, premio que recibió en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara. El jurado valoró en ella “la rabiosa modernidad en el uso del lenguaje, en la estructura narrativa hermanada con los últimos lenguajes televisivos, y en el ritmo endiablado que, como la mejor novela clásica, no da tregua al lector hasta su desenlace”.

En 2010 publicó La prueba del ácido, en donde retoma al personaje de Édgar El Zurdo Mendieta, quien también protagonizó su novela Balas de plata.

La Academia Mexicana de la Lengua, fundada con el nombre original de Academia Mexicana Correspondiente de la Española, inició sus trabajos en 1875 con el fin de contribuir en la construcción de la identidad lingüística de los mexicanos. Ha contado entre sus integrantes a los más ilustres escritores, lingüistas y estudiosos de México: filólogos, gramáticos, filósofos, ensayistas, poetas y novelistas, así como comunicólogos y jurisconsultos, dramaturgos e historiadores, humanistas y científicos.

Fuentes: El UniversalProceso