Qué día y qué hora
¡Qué día y qué hora son estos,
Infiltrándose por mis poros,
Llegando a mis carnes,
Transciendo mis huesos
Con una palabra!
Tú,
Sí, tú,
Este día y esta hora.
En el patio, la cabeza
En el patio, la cabeza
En el frío de la madrugada,
En los hombros de hachero,
Desafiante sobre el torso de árbol
La vieja cabeza, los ojillos enrojecidos,
La floja boca, la maraña de arrugas.
Riendo los ojos en la marcada cabeza,
Ardiendo el tabaco apretado
En los labios temblorosos.
Los brazos largos y retorcidos,
Las largas piernas desnudas,
Las raíces de los pies, aporreadas,
Negras, acuchilladas,
Andante poder quieto
Esa madrugada,
Casi antes que la primera brizna
De luz.
Subiendo un poco el pecho,
Las orejas grandes oyendo
Los cantos amontonados,
La nariz abriendo los ollares,
La mano que va y agarra
En el cuello brotado de venas
La antigua manzana
Y atrae la voz ronca,
Rigurosa y rebelde.
Julio se llamaba la vieja cabeza,
El matepalo del cuello,
El vocear rebelde,
Los hombros de hachero,
El torso de árbol,
Los brazos largos,
Las desnudas piernas,
Los enraizados pies
En el patio.
Herido vengo
Herido vengo
Con la camisa flotando,
Suelta me la dejé
Al pisar tu reino.
Herido vengo
Con los pantalones recogidos,
Empapados en sangre
Por ti me los recogí.
Herido estoy,
Pelo sangriento,
Vientre sangriento,
Muslo sangriento.
Herido en tu reino,
Herido en tu vera,
Herido en tu puerta,
Herido en tu lecho.
Todo canta
Pasó, vino, oyó la canción del viento
Que más adelante iba entre las hojas.
Silbando andaba
Y silbando andaba el viento
Por entre las hojas
Y las hojas verdes y rojas,
Y las hojas secas y castañas
Silbaban en el viento
Y bajo el pie suyo.
Y la tierra estaba bajo los árboles
Y bajo las hojas secas
Fluyendo tozudamente,
Rozándose filosa
Mientras cantaba bajito,
Mientras silbaba una dulce canción.