Artículos y reportajes
Saber y Ganar, parábola de la televisión cultural entretenida

Comparte este contenido con tus amigos

Saber y Ganar

Saber y Ganar no es un programa de concurso cultural de la televisión española que acaba de cumplir 15 años; es decir, no es sólo eso, se trata de un fenómeno global que rompe fronteras gracias a Internet, pero sobre todo porque se trata de la mejor muestra de cómo la cultura puede llegar a ser un éxito de televisión, destronando a las novelas enculebradas, a la mediocridad de los realities, al facilismo de la desnudez, el escándalo y el chisme.

Decir que un programa cultural presentado por un señor de gafitas que no es un galán, una voz grave de un hombre invisible y una dama que no es modelo de ropa interior, emitido a media tarde, luego del almuerzo, lo que equivale en España a decir que compite con el mejor invento de la madre patria, es decir con la siesta, sería un éxito de programación, de por sí es un mérito. Comprobar que este mismo espacio, modesto en su producción pero pleno de inteligencia y buen humor, se mantiene por quince años como uno de los de mayor audiencia en su país de origen y gracias a las emisiones por el canal internacional de TVE (el canal público de Televisión Española) e Internet, en donde puede verse en directo o diferido, es seguido por el público hispanohablante del mundo entero, resulta ser un portento.

Así es, uno de los fenómenos televisivos en todo el mundo, y no es exageración, tiene una fórmula simple de éxito, combinar en las dosis adecuadas la cultura general, pruebas ingeniosas, presentadores y concursantes que terminan convirtiéndose en figuras muy cercanas, porque también el espectador ocasional siente que hace parte de esa gran familia. Es como algunas iglesias, en donde la palabra y la manera como se dice hacen parte de su aceptación. El demiurgo responsable de esta mezcla alquímica es Sergi Schaff, su director y creador.

Jordi Hurtado
Jordi Hurtado.

Jordi Hurtado, presentador del programa, es “culpable” en buena medida del favoritismo del programa, es simpático y no transpira soberbia, es el ideal vecino que uno quisiera tener por su carisma y amabilidad, sabe cómo felicitar a los ganadores y consolar a los perdedores. La tarea del ilustrado se la endilga a Juanjo Cardenal, la voz en off, quien las pocas veces que ha mostrado su rostro ha subido los índices de sintonía, pues se trata del sabio invisible. Para fortuna de Colombia, Juanjo mantiene una relación especial con nuestro país, pues en más de una oportunidad lo ha expresado. Les acompaña Pilar Vásquez, quien ofrece el toque femenino, la solidaridad para los concursantes y quien generalmente esconde las pistas que deben adivinar los participantes en una sección del programa.

La sustancia del concurso es el ingenio de las pruebas y de las preguntas. Secciones que se han vuelto legendarias como “Cada sabio con su tema”, “La pregunta caliente”, “La calculadora humana”, “El duelo”, “Última llamada” y “El reto”. En la nueva edición del fin de semana, han innovado con otros capítulos como “El nombre oculto”. Por el programa han pasado miles de concursantes y a pesar de las crisis económicas han entregado una buena suma de dinero, antes pesetas y ahora euros (mañana no sabremos), pero se ha ido conformando una cofradía de concursantes especiales, aquellos que han superado varias metas, los magníficos cuando pasan la cifra de siete mil puntos y los centenarios, unos pocos que han llegado al programa 100 y a quienes el programa les dedica un programa de celebración especial con un bono extra, el llamado minuto de oro, en donde el concursante puede expresar lo que desee durante 60 segundos, pues todos sabemos que en televisión el tiempo es oro.

Bueno, yo que pensaba que difícilmente iba a destacar algún producto televisivo que no fuera remembranza de la infancia o la juventud, afortunadamente me he equivocado (como suele ocurrirme) y peor aun, me permito recomendar a quienes se han perdido de esta maravilla que lo sintonicen o lo busquen en la siguiente página: http://www.rtve.es/television/saber-y-ganar.

Qué bueno elogiar algo que no es comercial sino producto de la televisión pública. Ahora bien, una advertencia al lector, tenga mucho cuidado al ingresar a esa página o al sintonizar el programa, es peligroso por lo adictivo. Se corre el riesgo de comprobar que la cultura puede gustar de una manera insospechada.