Letras
Poemas

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la poesía es una gata desconocida

no por íntima dicha,
sino en soledad;

¡Qué más remedio
que besar con calma el largo
detalle de sus dedos!

no la indigesta luz de las aceras, no,

ella no entiende de esas cosas
y ella, en dolorosa herejía rezará
su propia maldición

descartará zapatos y calzones
y ha de enroscarse
como una gata pobre en el rincón,

en el canto más muelle

(muelle—digo yo,
y sorbo
el deleite más pequeño:
su regusto)

 

cuasipoema con injerto de foto
(invitación irracional a la paz, tras cinco mil años de guerra)

sobre tantas
                        y tan muertas sospechas de amistad
apenas logro balbucear incoherencias

“busco la Iluminación” —te digo— “busco una luz
              sin palidez”

cuasipoema con injerto de foto

“hay
muchos colores en la cara”;
—y luego, absurdamente (¿así es el dolor,
no es cierto?)— “cualquier rama de estas será
gentil y frágil en tu espera; indiferente, además,
por su propio bien”.

Todo lo cual me agota, deshuesa mi voluntad.
Es la pesadilla de la flor sin soporte,
la flor de la paz nacida sin su tallo
(ya Milton lo supo).

En vista de cuya suerte claudico y dejo, como bien apreciarás,
que una banal fotografía te diga lo que falta.

 

antepoema sin solución aparente

¿Y qué si mi almohada me despierta
con un susurro teológico?:
“la creación del hombre muestra que el
errar es divino”.
Errar. Y luego,
el cacareo impaciente
de las ideas,
mi lucha agotadora por
domarlas.

“Hoy será un día complejo” —me digo; y digo “complejo”
como una cortina, y “cortina” como una represa.

Todo prepara la fotografía plácida
mientras
en el fondo, cardenales disputan.

 

momento de la luna en mi mente

la luna es una estrella en paz, por fin
ocupada en crecer y menguar, y poco más;
en tan cotidiana placidez, ¿cómo no ser feliz?

 

momento del sonido amable

No puede el mundo
                                              ser más grande que este momento
del amanecer que gorjea en magno desorden; todo cabe, todo
                se hace escuchar,
tanto el búho como el lejano motor que sube una pendiente
y el perro que singular aúlla;
no puede ser nunca la luz
                                             más aliento
que cuando apenas
musita.

 

no con el viento

de este lado del corazón tus palabras,
nunca olvidadas, para mi mal;
las que curan, cuando callan,
las que hieren, un hilo de sangre siempre
—nunca se van con el viento, nunca olvidadas.

 

interés en homínidos de baja intensidad

Ni siquiera mi depresión es profunda.

Soy el que anda de gente a gente y unos piensan
“qué fortuna” y otros “tiene más de lo que se merece”.

No son sonoras sus voces;
                                                           van por el mundo y nunca se sorprenden,
ya tienen el manual y las páginas
                                                           raídas les bastan.

No conocen la soledad y el miedo; van
de rito en ritual a costumbre y hábito, y llenan
su cuarto de amuletos,
                                             y nunca se sorprenden.

Saben llorar cuando les toca,
buscan el sustento y preparan
                                                           fructíferas empresas;

no conocen el fracaso,
ni saben notar que yo les noto
                                                           y que en cierta forma sostienen
mi ligero interés en el entorno
                                                           —nunca intenso, tampoco.

 

marzo

hay días que la tristeza
domina con dulzura,
otros que subyuga
con tiránica crueldad

hoy es miércoles y es marzo y es
cualquier calendario el que se agota

y es la fría venganza por haber soñado ingenuo
que un día
la tristeza cambiaría

son días así, los que se borran
tan pronto de la vista de los otros
que no quieren dejar de soñar
todavía

son las ponzoñas
de la vida misma envenenando
la razón

son el motivo de caretas y jolgorios
bajo el ojo sagaz que no perdona

es miércoles,
y es marzo,
y es cualquier voluntad
               que se desploma