Tras dos años de quebrantos de salud, la noche del pasado jueves 7 de junio falleció a los 73 años de edad, en el Hospital “Adolfo López Mateos” de Ciudad de México, el escritor Arturo Azuela, a causa de un paro respiratorio, según informaron en un comunicado sus hijos Rodrigo y Tamara, así como su hermana Carmen. El también historiador y académico había recaído en las últimas semanas —en mayo había sido sometido a una cirugía de hernia— y el miércoles hubo de ser internado.
Licenciado en historia, maestro en ciencias (matemáticas), doctor en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y doctor cum laude por la Universidad de Zaragoza, España, Azuela presidía desde hace siete años el Seminario de Cultura Mexicana, institución que celebró en meses recientes el XII Coloquio Nacional “70 años de cultura mexicana”. Era, además, miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua.
Nacido en Ciudad de México el 30 de junio de 1938, Azuela publicó El tamaño del infierno (1973), Un tal José Salomé (1975), El matemático (1988), Estuche para dos violines (1994), y Desde Xaulín: historia de la Ruta de Goya (2009), entre otras. Además de literato se desempeñó como catedrático en diversas instituciones de educación superior de México, Francia, España, Estados Unidos, Chile y Portugal.
Algunos de los premios que obtuvo en vida son el Xavier Villaurrutia (1974), el Nacional de Novela otorgado por el Inba (1978), el Iberoamericano de Narrativa Científica del Consejo Cultural Nabor Carrillo (1994) y el Carlos V de Bélgica (1995).
Azuela dirigió en 1986 la Facultad de Filosofía y Letras de la Unam, que ahora recibirá en donación su extensa biblioteca, según adelantó su hijo Rodrigo. Fue también director de la Casa del Lago y de la revista Universidad de México; editor de la nueva época de La Vida Literaria; director del Consejo Directivo de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Escritores; director de Literatura y subdirector general del Instituto Nacional de Bellas Artes, Inba; coordinador del Sistema de Universidad Abierta de la Unam; presidente de la Asociación de Escritores de México, y consultor internacional y director del Fondo de Cultura Económica en España.
“Queremos llevar su biblioteca, que es muy amplia y tiene libros de ciencias, ciencias sociales, literatura e historia, entre otros, a la Facultad de Filosofía y Letras, como la de mi abuelo Salvador Azuela”, explicó Rodrigo, quien agregó que su padre preveía la publicación de al menos dos libros, uno dedicado a la amistad que tuvo con el escritor Juan Rulfo, y otro sobre el pintor Diego Rivera.
“Se iban a publicar a través del Seminario Mexicano de Cultura y supongo que se lanzarán como sus libros póstumos. El que escribió sobre Rulfo es como una biografía, y el de Rivera es una investigación en la que trabajó por más de 25 años. Además tiene muchos cuentos y hay que hacer entonces una selección”. Sobre el dedicado al autor de Pedro Páramo publicamos un reporte en nuestra edición 262.
“Es una figura difícil de sustituir en cualquier terreno por la multiplicidad de sus intereses, pero creo que lo que más vamos a conservar en la memoria es su obra narrativa”, dijo Jaime Labastida, director de la Academia Mexicana de la Lengua. “Recuerdo que El tamaño del infierno, su primera novela, causó un impacto enorme porque nadie esperaba que después de haber pasado por las facultades de ciencias, y filosofía y letras, se dedicara a la escritura, quizá tuvo que ver la admiración que tuvo por su abuelo”, continuó, refiriéndose al reconocido escritor y crítico Mariano Azuela (1873-1952).
Labastida dijo que Azuela había hablado de sus proyectos en las reuniones en la Academia. “Por desgracia, en las últimas sesiones su salud había disminuido, la enfermedad lo había golpeado mucho y a veces pedía permiso para retirarse porque se cansaba; pero recuerdo que nos planteó una investigación que partía de la premisa: ‘los aspectos científicos están en El Quijote’, nos pareció muy curioso y a varios nos invitó a participar, pero ya no pudimos conocer en detalle, no sé si logró cuajar. Lo que sí sé es que hasta el último día de su vida estuvo lleno de proyectos y tenía la voluntad férrea de vivir y trabajar”.
Eduardo Matos Moctezuma, vicepresidente del Seminario de Cultura Mexicana, destacó el trabajo de Azuela como presidente de la institución: “Hizo muchísimo. Gracias a él el seminario tiene corresponsalías en muchas ciudades. Fue un gran impulsor de la cultura y por ejemplo, una de las últimas cosas que hizo fue el convenio por el que el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes va a apoyar las actividades del seminario. Fue realmente una persona formidable, aun con su estado de salud no faltaba, quería estar en las reuniones”.
Fuentes: El Universal • La Jornada • Milenio