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Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 27, del 7 de julio de 1997

Las letras de la Tierra de Letras


Poemas

Luis F. Zaurín

La escuela

Eramos más que niños,
todavía delebles como huellas de pájaro,
y éramos más que niños,
treinta pares de ojos con sus manos
y sus pies y sus uñas,
y con sus inquietudes,
con el asombro exacto de saber
para qué sirve un astrolabio
y que la tierra, indefectiblemente,
daba y dará sus vueltas alrededor del sol
gracias a Galileo
y a pesar de la Santa Inquisición,
y que la hipotenusa no era una palabra mágica,
ni un arcano antiguo,
sino nada más que la suma de los cuadrados
de los catetos,
también que levantarse era quedar sin patio
o repetir tantas y tantas veces
no debo hablar en clase.

Los tontos ya eran tontos,
sabido era de todos,
allí estaban, los últimos,
al final de la fila
y su cara de asombro
eran las ganas de salir corriendo
a coger saltamontes, a jugar a canicas,
a pegarse y a darle patadas al balón.

Los listos ya eran listos,
todo lo controlaban,
desde los que se hablaban
a los que se tiraban
bolitas de papel con los bolígrafos;
allí estaba ellos,
con sus ojos abiertos,
como ventanas huecas, como platos sin fondo,
callando y apuntando, callando y apuntando,
ya todo lo sabían
pues ya desde el principio conocían
que el saber no ocupa lugar,
que no hay que dejar que nadie te pise los talones;
es la ley de la vida
y ellos la conocían mejor que los demás.


Extraños

Eran
generalmente ancianos,
de Castilla,
siempre de tierra adentro
en todo caso.

Eran serios,
oscuros,
tosían extrañamente
números y letras
que olvidábamos
al tiempo que aprendíamos.

Hablaban solos,
iban por el aula dibujando en el aire
borrosísimos gestos y palabras
que luego repetíamos.

Estaban
hace tiempo vencidos,
y no disimulaban.

       


Depósito Legal: pp199602AR26 • ISSN: 1856-7983