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Haruki MurakamiHaruki Murakami, elementos comunes en su obra

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Un lector de ficción, aplicado y apasionado, suele encontrarse con hilos invisibles que lo llevan a determinado autor o autora. Surge el encuentro con el primer trabajo que le da paso en muchos casos a la lectura fiel de toda su colección sin importar el género que involucre. Y en el transcurso de una vida, más bien breve, por la cantidad de autores y libros destacados que se pueden quedar por fuera, se va preparando un altar imaginario con los escritores favoritos y que siempre se recomiendan con fervor entre el círculo de amigos lectores. Y un escritor que se está ganando un lugar entre el altar de miles de lectores en el mundo es el japonés Haruki Murakami.

Don Juan, el mítico chamán de los libros de Carlos Castaneda, expone el siguiente razonamiento: “El mundo es como una cebolla, tiene varias capas. El mundo que conocemos es una de ellas. Algunas veces cruzamos los linderos de estas capas y entramos en otra de ellas, en otro mundo, muy parecido a éste pero no el mismo”. De esta manera se podría sintetizar la esencia en la narrativa de Murakami. Sus novelas se definen por un planteamiento sereno de un viaje físico, un recorrido, una exploración desde los paisajes propios de Japón y sus ciudades hasta el encuentro obligatorio con el mundo onírico y otras realidades que suelen entrecruzarse como líneas que se proyectan en un espacio definido para luego cortarse de manera perpendicular. Tooru Okada, en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, se introduce en un pozo vacío y desde allí se conecta con otra realidad para enfrentar sus miedos. Kafka Tamura, en Kafka en la orilla, quien huyendo de su padre se encuentra con su progenitora en un plano real (en la biblioteca) y en un mundillo aparte convertida en una joven habitando en un pueblo escondido. En Sputnik, mi amor, el narrador y dos mujeres viajan por Europa, una experiencia con consecuencias nada previsibles. Un camino que por lo general busca saldar cuentas, arreglar asuntos trascendentales que parecen no tener cabida en el mundo real.

Murakami comparte con los lectores las preferencias literarias de sus personajes, que son las suyas también, y recrea comparaciones: en Tokio Blues, Toru Watanabe lee con dedicación El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald, y en su viaje al sanatorio de su amada surge una analogía con La montaña mágica, de Tomas Mann. Kafka Tamura hace énfasis con su amigo bibliotecario en las novelas escritas por Franz Kafka y la poesía del japonés Santôka, creador de haikús, y en dicha historia surge la comparación entre el destino del protagonista con el de Edipo Rey. Una manera peculiar de Murakami de integrar sus estudios en literatura y de teatro griego y las influencias recibidas de escritores estadounidenses que, inevitablemente, marcarán una distancia con el resto de escritores de su país de origen.

La afición por la música es otro elemento que se pasea por la totalidad de sus novelas: música clásica, blues, jazz, pop y rock de los 60 y 70 británico y estadounidense. Un factor por el que ha recibido fuertes críticas de los grupos literarios conservadores de Japón. En El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas toma presencia Bob Dylan a lo largo de un segmento de la trama o la sonata en re mayor de Schubert en Kafka en la orilla. Una manera de mostrar al lector su lado melómano, un sello indiscutible relacionado con su primer trabajo en una tienda de discos como Toru Watanabe, o los siete años que regentó el bar de jazz Peter Cat tal como lo hizo su personaje Hajime en Al sur de la frontera, al oeste del sol.

Así como los gatos juegan un papel importante en el entramado novelesco murakamiano, entran en escena otros personajes surrealistas que se involucran en las tramas, tal es el caso de Johnnie Walken (alusivo al emblema de Johnnie Walker) y del Colonel Sanders (al Coronel Sanders, imagen del fundador de la Kentucky Fried Chicken, una extensa cadena de comida rápida estadounidense) en Kafka en la orilla, o el mono de Shinagawa en uno de sus cuentos de Sauce ciego, mujer dormida. Un elemento que transmite misterio es la presencia del pozo, tanto en Tokio Blues como en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, un espacio que se conjuga con la oscuridad, un portal para otro submundo, un vínculo relacionado desde el punto de vista cultural con el pozo que aparece en la película hollywoodense El aro, inspirada en la novela homónima del escritor japonés Kôji Suzuki. Otro ejemplo lo encontramos en After Dark, donde aparece en la imagen de un televisor desenchufado un portal hacia otra dimensión. En todos estos casos lo irreal nos toma por sorpresa y surgen acontecimientos inevitables que definen el curso de una historia.

De manera breve y puntual se establecen nexos y elementos comunes entre siete novelas y un libro de cuentos de Haruki Murakami. El lector es llevado con su consentimiento por un pasaje secreto en donde le es posible avizorar otra realidad, en donde lo ilógico, lo onírico y lo imprevisto puede tener cabida, siempre aderezado con aspectos de la vida cotidiana, claro está, de la rutina de cualquier ciudadano japonés, posiblemente de clase media, entre 18 y 38 años, enfrascados en sus vicisitudes, seres con una voluntad férrea para superar los retos, entusiastas y creyentes en las figura de Orfeo, que adquiere el valor suficiente para atravesar cualquier camino con el fin de rescatar a Eurídice.

Unas palabras son suficientes para describir el prototipo de varios personajes de Murakami: “Es cierto que soy un poco diferente a los demás. Pero, fundamentalmente, yo también soy un ser humano. Me gustaría que lo tuvieras claro. No soy ningún fantasma. Soy un hombre normal. Y siento lo mismo que los demás, actúo igual que ellos. Sin embargo, a veces esta pequeña diferencia me parece un abismo insalvable. Claro que esto no tiene solución, lo mires como lo mires”. Ôshima hablando con Kafka Tamura en Kafka en la orilla, p. 281 (Tusquets, 2008).

La aventura novelesca de Murakami continúa con textos ya traducidos como la trilogía 1Q84 y Baila, baila, baila, todos bajo el sello editorial de Tusquets, y La caza del carnero salvaje, de Anagrama. Un universo propio y bien definido para un escritor que se ha ganado un sitial entre los narradores contemporáneos más influyentes. Posible ganador del Premio Nobel de Literatura en los años por venir.