La Biblioteca Nacional de Argentina lleva desde ahora el nombre “Doctor Mariano Moreno” como “gran rescate de valor histórico” de su fundador y uno de los próceres de la Revolución de Mayo, afirmó el director de esa institución, Horacio González, este sábado 19.
González subrayó la importancia de la identificación de este espacio con su historia, “cuyos orígenes son laicos y revolucionarios, y la Biblioteca está íntimamente relacionada con la figura de Moreno”.
“Los pocos documentos que sobreviven (como el clásico texto de La Gazeta de Buenos Aires) muestran que él fue el fundador, de modo que es el único nombre que goza de unanimidad. Nadie podría sentirse incómodo”, explicó.
La ley 26.807 —un proyecto iniciado por los diputados Roy Cortina (FAP) y Raúl Alfonsín (UCR)— designa con el nombre “Doctor Mariano Moreno” a la Biblioteca Nacional, y fue aprobada en noviembre por el Congreso de la nación sureña. Su promulgación se produjo el 8 enero por el gobierno nacional, a través del Boletín Oficial.
González recordó que además de Moreno otros nombres “están íntimamente asociados” a la Biblioteca: Paul Groussac, director durante 40 años, y Jorge Luis Borges, a cargo durante la década del 60.
El director aseguró que ya están pensando en la futura placa nominal. Mientras tanto, continúan con proyectos como el de la Plaza del Lector, que piensan llamar “Rayuela”, a propósito del 50º aniversario de la publicación del escritor Julio Cortázar que se conmemora este año.
La Biblioteca Pública de Buenos Aires fue creada por decreto de la Primera Junta, el 13 de septiembre de 1810. Su primera sede estuvo en la Manzana de las Luces, en las actuales calles Moreno y Perú.
Mariano Moreno impulsó su creación como parte de un conjunto de medidas —la edición, la traducción, el periodismo— destinadas a forjar una opinión pública atenta a la vida política y cívica. Así, La Gazeta y la traducción y edición del Contrato Social se hermanan en el origen con la Biblioteca.
El primer fondo editorial fue el que el propio Moreno y Cornelio Saavedra expropiaron del obispo Orellana, juzgado como conspirador contra la Junta. También integraron el primer acervo donaciones del Cabildo Eclesiástico, el Real Colegio San Carlos, Luis José Chorroarín y Manuel Belgrano.
Entre sus bibliotecarios estuvieron hombres claves de la trama cultural argentina: Marcos Sastre, Carlos Tejedor, José Mármol, Vicente Quesada, Manuel Trelles, José Antonio Wilde y Paul Groussac, quien protagonizó el nuevo período de modernización y estabilización, acorde con el clima de época, los años 80 del siglo XIX, cuando la institución toma carácter de Nacional.
La Biblioteca obtuvo un edificio exclusivo en México 564 y durante la gestión de Groussac —que duró más de 40 años— se logró que este espacio fuera un punto de referencia para el pensamiento argentino, en especial en temas históricos y de crítica literaria.
Durante el siglo XX hubo dos largas gestiones, la de Gustavo Martínez Zuviría, autor de libros de venta masiva y difusor de posiciones antisemitas que desplegó una vasta labor de compras bibliográficas, publicación de documentos e intervención en los debates culturales.
La otra presencia capital fue la Borges. El escritor supo erigirla como tema de pensamiento y literatura, junto al subdirector José Edmundo Clemente, quien además fue muy activo en la construcción del nuevo edificio, situado en la manzana que antes había alojado a la residencia presidencial en la que convivieron Juan Domingo Perón y Eva Duarte.
Fuente: Télam