Letras
Tres poemas

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La flor de cala

Yo seré aquel argonauta de lo oscuro, el minero de estrellas que cava en la mina en busca de la Flor Alpha Fornaci: la Estrella Roja del Dolor. Si tú quieres, serás la estrella cautiva de aquel acuífero que el alquimista prospecta. Seremos un sistema binario, con insólitos tiempos de sombra y luz. Dime, Flor de Cala, ¿qué prefieres? ¿Un alquimista que canta al borde del abismo de la dolencia y de la locura o el minero de estrellas que silencioso trabaja con el pico la oscura diaclasa de tu cuerpo? ¿Dejarás que él penetre en ese mundo peligroso y extraño? Te advierto que sólo podrás libar la flor oscura de su entrepierna. Es sorprendente que no te hayas dado cuenta de que él está al borde del precipicio. Y en todo abismo habita un ángel terrible, según Rilke... Lucho contra las arcillas expansivas empapadas de húmedo salitre y te observo como una íntima enemiga cada vez más coralina, más acuática, más coquine. Te reto a que nos midamos en un campo de plumas, pero en lo oscuro del silencio, en la luz de lo profundo.

(de La flor de Tarsis, 2012).

 

1501

A Quique Falcón

Nadie debe vivir siendo inocente.
Es imposible y además es injusto.
Luis Rosales

...la inocencia me contempla desde una esquina como un perro barcino ladrador. Culpable, busco en una ciudad mil veces 150 más grande de lo necesario. No encuentro 15 amigos ni 15 enemigos a quien nombrar. Sólo la Flor de la elocuencia sabe que el tiempo auténtico es el tiempo del parlamento, el de los límites, el tiempo de hacer que ruja el tambor. Hacer cosas pequeñas como sembrar semillas, como aprender del silencio de las sombras del sol o construir con círculos la casa encantada de un animal que no existe sino en la memoria. En lo ínfimo vemos exuberancia. Aprendemos del Maestro Apócrifo que vive en la Costa de los Conejos y sabemos que un buen poema es una plegaria-pregunta. Y a veces una respuesta incierta entre miles de respuestas. Siembro en mí tu verbo y al cabo de unos días brotan flores con la forma de mi lengua...

(Escrito entre el 20 y el 27 de julio de 2012. Inédito, a publicarse en mayo de 2013 en la antología Alquimia de la tierra).

  1. Se trata del número que predijo Dunbar para grupos humanos sostenibles cuyo tamaño fue determinado en 147,8 (usualmente representado como 150). Dunbar teorizó que un grupo con un tamaño de 150 personas debía tener un incentivo muy alto para mantenerse juntos. Para que un grupo de este tamaño posea cohesión, Dunbar especuló que por lo menos un 42% del tiempo del grupo se debía dedicar a la socialización. Correspondientemente, sólo grupos bajo una intensa presión de supervivencia, como poblados de subsistencia, tribus nómadas y grupos militares pudieron, en promedio, alcanzar la cantidad de 150 miembros. Dunbar propone también que el lenguaje se puede haber generado como una manera fácil para socializar, ya que sin el lenguaje los humanos hubieran tenido que ocupar casi la mitad de su tiempo en socialización, lo que hubiera hecho que cualquier esfuerzo de cooperación productiva fuera casi imposible. El lenguaje puede haber permitido a las sociedades permanecer cohesivas, reduciendo la necesidad para una intimidad física y social.

 

Gastrosofía para salvar / terminar el mundo

A Joy Harjo

MI MADRE vivió en la cárcel de su cuerpo.
Ella me dijo: “el mundo comienza en la cocina”.
No importa lo que comamos “cerdo o flores,
siempre estamos completando un círculo un vínculo”.
Paracelso dijo: “lo que comes eres”.
En el carbón de la cocina está la lluvia del pasado.
En la mesa está la carne de antiguas mordeduras
y nuestros huesos asumen la reumática pesadumbre del alma.
En la mesa está el pan desnudo
de aquella luz sorbiendo el frío de la noche inflamada.
En la mesa está el mar exhausto de sardinas y sirenas.
En la mesa está el negro aceite de la tierra.
En la hamburguesa del macdonald
está el fragor de la selva sin apenas ranuras para el sueño
En la mesa está la oscura gravedad de la luna, la sangre
que cierne sus símbolos sobre la sombra de tus ojos,
En la mesa está el estrepito rutilante de la luna llena de lamentos;
el intangible enigma de tanta realidad (in)soportable.
En la mesa están los calostros del sol nutriendo tus irisados labios.
En la cocina está el frío acondicionado que calienta el planeta.
En la mesa de mármol está la excelsa roca
abierta como un grito en gótica penumbra.
En la mesa está el rumor omiso de la muerte animal.
En la mesa está el jinete hambriento de corazones y sediento de sangre
Acaso el mundo no acabe en la mesa de la cocina.
pero sí acaba en la memoria oculta del paisaje perdido.
El mundo terminará con agua o con fuego,
con la misma materia del origen, compacto herraje
para párvulas bocas hambrientas de sustancia.
El mundo terminará lleno de lágrimas
cuando el último hombre dé el último mordisco
a su mujer muerta.

(Inédito, 2012, a publicarse en mayo de 2013 en la antología Alquimia de la tierra).