Letras
“Detrás de la bruma”, de Camila Charry Noriega
Detrás de la bruma
Camila Charry Noriega
Poesía
Editorial Común Presencia
Colección Los Conjurados
ISBN 978-958-9233-12-2
Detrás de la bruma
Extractos

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Ruido

Ruido
no silencio henchido de torpeza
vacío de secretos;
no el silencio que pretende inteligencia
sí la imagen que se deja caer sobre sí misma
y revienta fractal hasta el último laberinto de deseo;
ruido que me invade
ruido que me anuncia
que en el centro de la tarde
siempre arde un volcán que hemos olvidado.
No el silencio
         su deseo perdido
sí el estrépito, como trueno que rebota dentro de las campanas
eco entre eco.
Sí el movimiento de la sangre que se abandona
al estremecimiento de la carne
tajo que revela el hueso de la espina
voces que el corazón espera
en mitad de las hogueras que crepitan y alejan el amor.

 

Tempestad

El deseo
íntima batalla de insectos radiantes que se alzan
como una tempestad en medio de mi noche.

 

Olvido

Estarás lejos
cuando en las tardes el aguacero de siempre
esconda golondrinas y gusanos.
Sabrás al fin que olvidar es sólo
esquivar entre las calles
fantasmas
que la luz de los faroles imagina.

 


 

Padre,
hay un poema que pone fin a la noche,

una insólita geometría verbal
que recita nuestra sangre
sin decirnos…

Adalber Salas Hernández

Eso que recibía
era el áspero deseo
de una caricia
de una palabra aunque lejana.
La voz del padre que recorre con su canción
todas las medias noches de la infancia.
Mi cuerpo carga la raíz de su espíritu
que brilla desde la patria más oscura
mi padre ha hecho en mí
ese silencio pesado que cae allá en la montaña
y la necesidad de mirar las estrellas
para confirmar que todo sigue en orden.
Mi padre
guarda para mí
todas las nostalgias
que en el último momento mojarán su frente
y sabremos siempre
que todo lo que no llegó
es lo que duele.
Padre, ahora que el tiempo nos alcanza
confirmamos
que no es tan terrible la extraña lejanía que nos ató
terrible la que vendrá;
mis culpas, mis malcriadas palabras
relevando el lugar del silencio
esas noches tristes que ya amenazan
calcinarán mis ojos
cuando tu cuerpo se canse al fin de soportar
tanto afán por tocar con los labios
otras constelaciones.

 


 

Hemos bebido, Señor

La sangre y la imagen que había en la sangre, Señor.

Paul Celán

Señor
te arrojo el brillo de mis lágrimas
las tripas del sacrificio
y la cabeza muda del buey.
Te arrojo la semilla
que crece apretada
en este lado de mi noche.
A ti debo
estas pesadillas
y la respiración ausente del corazón.

 


 

Dentro de ti sólo festejé lo perdido.

Renové mi muerte y sentí al tiempo partir

Gonzalo Márquez Cristo

Somos los desterrados
los que se miran
desde la desgracia que habita
todos los finales.
Somos los que rasguñan la entraña de esa fiera
que llaman Dios
para que sangre y llore
porque no podemos retener el tiempo
y su vértigo
en mitad del cuerpo.