Artículos y reportajes
Lina Meruane
Lina Meruane.
Escritura con sangre en el ojo

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Resulta estimulante descubrir una nueva generación de escritoras jóvenes que marcan el territorio literario nacional con gran propiedad y —me atrevería a formular— superioridad manifiesta sobre escritoras consagradas y reconocidas a nivel internacional, más por las disparadas ventas de sus libros que por sus capacidades escriturales. No creo que sea un desatino nombrarlas: Isabel Allende, Marcela Serrano, Carla Guenfelbein o Elizabeth Subercaseaux. Las jóvenes a las que me refiero son Lina Meruane (1970), Alejandra Costamagna (1970), Nona Fernández (1971), Andrea Jeftanovic (1970), María José Viera-Gallo (1971) y varias otras que comienzan a publicar sus primeros libros con alentadora acogida crítica. Un aire renovador que hace pensar que la narrativa chilena está a buen recaudo y que los narradores hombres deberán ponerse a la altura. Este movimiento, por la concordancia de edades, podría configurar una nueva generación literaria, como lo fueron las antecesoras del 80, 60, 50 o la mítica generación del 38. Perfectamente podrían ser catalogadas como las del 2000 o del nuevo siglo XXI, pero sus intereses se perfilan en otros ámbitos y siempre han dado señales de indiferencia a este tipo de clasificaciones.

Lina Meruane ha publicado Las infantas (1998), Póstuma (2000), Cercada (2000) y Fruta podrida (2007). Ahora nos presenta Sangre en el ojo (Random House Mondadori, 2012, 177 páginas), que ha sido editada simultáneamente en España y Argentina. Obra galardonada con el prestigioso Premio Sor Juana Inés de la Cruz (2012), en la reciente Feria del Libro de Guadalajara. Valorada y reconocida por la crítica en el exterior, en Chile ha recibido algunos comentarios adversos, producto más de la “mala leche” de ciertos reseñistas resentidos que de juicios valorables. Decir que la novela peca de una “masculinidad detestable” (propio del feminismo a ultranza), o que el personaje protagónico es “una mujer burguesa muy narcisa, superficial y clasista”, es no entender el texto y negar una escritura de altísimo valor. Si resulta prohibitivo tomar personajes burgueses en las novelas —según las constantes especulaciones de esta reseñista—, la obra de José Donoso y gran parte de la narrativa chilena estaría fuera de lugar.

“Sangre en el ojo”, de Lina MeruaneLina Meruane, a quien en sus inicios se relacionó con la estética de Diamela Eltit, con el tiempo se ha alejado de ese paradigma literario para desarrollar un estilo muy personal. Novela a novela ha ido creando un lenguaje muy depurado, elaborando una literatura cada vez más decantada, más consistente, más renovadora y de una profundidad y agudeza que sorprende en cada una de las temáticas abordadas. Meruane es una autora dueña de una escritura muy sólida, desde sus primeros cuentos, en donde demostró un hábil manejo en los registros narrativos, en las tramas originales, en la reescritura de los cuentos clásicos infantiles, desacralizados con finura y oficio.

La refracción del mundo circundante en la conciencia del que cuenta, dota a este relato de una poderosa impregnación subjetiva. La novela entera recae en este hablante que sufre, observa, cuestiona, maldice y rechaza cualquier intento de compasión. Es un testimonio entrecortado, fragmentario, con arranques líricos y objetivos de una Nueva York intimidante para una persona semiciega, una mirada inteligente y siempre alerta a una perspectiva de novelista propositiva. La soltura ecléctica del lenguaje narrativo aporta al texto una inquietante funcionalidad significante. Las temáticas de sus novelas son difíciles de ejecutar narrativamente. Lina Meruane las trabaja desde una voz muy personal y una subjetividad cambiante y visionaria. Sabe hurgar en los detalles, en la oralidad urbana, en las enfermedades que se ocultan por prejuicios falsos, en el rencor o la ira del enfermo terminal o el atado a una enfermedad paralizante como la ceguera, como es el caso de esta novela.

La historia es contada por una narradora en primera persona, llamada Lucina o Lina Meruane, que sufre de un derrame de sangre en uno de sus ojos y que la deja con una ceguera casi total. Sólo percibe luces y sombras y debe depender casi exclusivamente de su pareja, el español Ignacio, en una Nueva York inhóspita. Esta forzada dependencia, sustentada en el amor incondicional del joven, que debe soportar y tolerar los cambiantes estados anímicos de la joven escritora chilena, que se siente mutilada en su vida intelectual y social, crea una atmósfera intensa y opresiva. La espera de una operación que la puede dejar ciega de por vida o devolverle la visión, forja estados depresivos y de rebelión de la joven víctima. El juego de identidades entre el personaje y la autora, que sugiere un relato biográfico, es sólo ficción.

La enfermedad en la literatura es un tema que apasiona a Lina Meruane (que también sufrió una afección grave a los ojos) y que actualmente prepara un ensayo sobre el sida y la literatura. En este relato la enfermedad es el verdadero protagonista, ese mal extraño y poco común que coarta la vida creativa de la escritora y las relaciones familiares y afectivas con su pareja y amigos.

Sangre en el ojo es un texto breve, pero de gran intensidad, que sobrecoge y no incurre en ningún momento en el sentimentalismo testimonial. El personaje de Lina o Lucina no da tregua en su menguada autosuficiencia. Sólo la cercanía de Ignacio la mantiene erguida, por amor y necesidad, como último soporte en un mundo sorpresivamente negro. Novela que sitúa a Lina Meruane a la cabeza de una generación brillante y que nos enorgullece destacar y valorar.