Letras
El Helicón vacío

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Introito a modo de sonatina

Aproximarse todo, aproximarse
al vórtice de letras vacilantes
que aúnan las imprentas.
Verter el molde hasta la propia ánima
y pronunciar la oración de los dedos
sobre la vil silueta.
Sumar, desmarcarse de la máscara
que se mofa del rictus y la rosa
que golpea la tierra
Permanecer a un lado y ser el cabo,
el agudo, la aurora, los amagos,
la primera cadencia.
Compartir el engaño de lo auténtico,
la suerte de la umbría y los colores
que la muerte rodea.
Amar o contemplar que se es amado
a ras de las musas, que se vive
deslizando la esencia.
Y aproximarse solo. Aproximarse.

 

Eolia

Este secreto no es ningún poema.
Sólo vacío.
Sólo.
Como el aire.
Tú, el aire.
Por eso la emoción no es importante
en el postrer ascenso de los párpados
y el silencio es ahora la mandíbula
de los silencios llenos de silencios.
La mirada se ha abierto y es apenas mirada.
Otros ojos me duelen como ausentes,
como agujas de lirios observándonos.
Otros pájaros ríen al final de las lágrimas.
No es el verso del día lo que surge del agua
con la pequeña voz de la amatista.
Solamente unas notas,
unas voces aéreas,
un inmenso de inmensas sinrazones de alas.
Ya no es de las sombras el ariete,
no lo son tus palabras
ni el compás de la sierpe,
la suave mordedura que nos une.
Porque nunca fue igual amar que recorrerte.
Nunca fuiste la suerte
ni el jazmín de los dedos,
los manuales en ramas taciturnas.
Porque tu verso esconde otras manos vacías
y modela el absurdo sin palabras
y sutura los miedos con renglones sencillos
tu presencia me basta.
Aire.
Por eso ya no sé dónde escribirte.
Por eso no.
Ya no.
Este secreto jamás será un poema.

 

Medusa

Sí.
Ladera.
Tú eres curva, boato todavía,
caminar de troncos y pesados vértices.
Ladera,
piensas,
sientes,
merodeas,
fluyes,
sigues sumando con los brazos abiertos,
secundas los hallazgos de habitadas ruecas
sobre hilados olmos.
La voz que serpentea el drama austero
con escamas de piedra
es tu guarida
de gargantas humanas.
Plenilunios ojos.
Las cínicas esquelas de los vientos
anunciando la muerte de los árboles.
Te rodean las médulas
de limones adentro,
los planetas ávidos,
el más minimalista de los soles.
Por tu lomo de estelas
las mareas serpentean la tierra
con sus dedos azules.
Bellas raíces que simulan plumas
de un abrazo remoto.
Se emancipa tu sombra y llena los obstáculos
de sus propias linternas.
Imagino tus caderas, tus metáforas anchas
y las alas grises
ensayando el pubis de los altozanos,
el gran caparazón redondeándote
de un placer sin esquemas.
Medusa.
Suelo virgen.
Selva
del cabello que acaba en la simple cascada
de una sola respuesta
límpida,
ausente,
rebosante,
tuya.
Sabe la muerte,
sabe el adiós a tibio desengaño,
a madera distinta.
Por eso no me resigno ni me adentro de pájaros.
Elaboro mis propias, sucesivas ramas.
Por eso te sitúo en los versos replegados
y cultivo tus días en los pesados libros.
Permaneces en mí como la savia
que recurre a los pájaros.
Y el dolor es mi aldea.
Ladera mía, diosa.
La muerte o el deseo nada importan
a nuestros bellos ojos solitarios.

 

Psique

Frente a tus piernas caería exhausto,
en tu regazo de aproximadas sierpes.
Para el millón de encuentros llegaría
acercando los dedos como notas
a tus ramas sensibles.
Para así toda alcanzarte
de luz procesional, numerosísima,
ascender hasta amar,
sentir la hueste, tus hordas en el Sol
y no ser vértigo,
todo silencio y más, no sólo música,
eterna incertidumbre de los pájaros.
Y seguiría y rozaría el címbalo de los vastos celestes
para así escucharte afán, tú deslizándote,
silenciosa hasta ayer en los embates
de hermosas soledades como brazos
y poder así negar los argumentos
de sumergidos dientes y de pérdida.
Volvería a escalar cada silueta,
a rozar la búsqueda con las alas profundas.
Encontraría las fauces sencillas de los claros
palpitando los ecos con tu umbral nuevamente.
Otra noche púrpura poblaría los ojos
de algaradas sin nombre
y los silencios viajarían solos
en lugar de las hojas.
Elegiría de nuevo tu sendero
hasta que el Sol viniera con su música
a arrancarme los días.