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lo que me digo para usted
es que el agua saltó de más arriba de las regiones
del frío
y ahora anda unida al extenso firmamento
azul sobre azul
y a su huella vamos hundiendo la cabeza
en su pecho
cortando nuestra lengua torpe para escuchar su color
es lo que hay:
puntos de agua rara donde crecimos
y picos que bajan en la noche
subimos-bajamos
subimos-bajamos
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lo que me digo, entonces, hermano
es que nos dejemos hundir
en el centro de su nombre de agua
que no hemos podido tocar
que crucemos la ciudad fluvial para conocernos
que sigamos la ruta
de los que ya no están aquí y siguen
caminando
que no tengamos miedo de hundirnos en el templo
y postremos la cabeza en el agua
para tener, por fin, los pies sobre la tierra
sobre
azul sobre agua azul
dices: “nos escogió el aire
y los cielos derretidos, tan pequeños y vastos”
sonrío
toma la montaña y muévela —insisto a tu voz—
que el pensamiento tiemble con las piernas
sus várices caigan
hiérelo, como nunca, con la O azul / del agua / de arriba
blanco-silencio-azul-agua-blanco-
sea este el lugar donde empezó todo
donde nos cruzó la noche grande
para ver qué hacíamos
(del libro La O azul).
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nos tenemos que ir (afuera)
por su bien / por el bien de todos
ella ha sufrido un nuevo paro cardíaco
en mi corazón
todos hemos muerto de esa manera alguna vez
sólo que después cuenta nos hemos dado
creyéndonos finados
y que el mentado órgano rojo
se lo han llevado
sin guantes, sin amor en las manos
y duele el viento atravesado
mitad aire mitad hombre somos
bajaremos pues
de la casa materna que suena sola
al valle que se da cabezazos contra los muros
por el bien del aire prójimo
duele ser anémico, mentiroso, indeciso, irresponsable
además frente a un paisaje tan frío
irnos lejos en el cuerpo hecho viento
ya nos dirán, luego, para qué sirve el bendito
corazón:
- la cena de los cerdos
- paciente para un hospital
- para que lo guarden en un envase
por alguna bruja solitaria que se acuerda
de uno cuando está en el cementerio / con gatos
- para que alguien lo sueñe
ya se hablará claro, sencillo y directo
como Raimundo, como mamá, como papá
en vez de huir, otra vez, queridos insufribles
óigame bien José Gregorio Hernández,
San Benito, San Valentín
aunque estén muy ocupados en pensar en otros
que no se olviden de la gente de la balanza tirada al aire
que le guarden un saludo, una postal amarillenta siquiera
fuera de aquí hay latidos de enamorado
se terminó el tiempo de las sombras desganadas
todo por culpa del aire y de su agua que cae adentro
todo por culpa de una familia que se conmueve
varias veces al día por lo más conocido
todo por las reinas de la angustia, ladronas,
y el aire atravesado que suena a frío en el pecho
no habrá que decir adiós entonces
y salir por la puerta de atrás con chaqueta, bufanda y lentes
a mirar frente a frente el camino
¿de ida? / ¿de vuelta?
que suena latidos que enamoran
que mueven las montañas que hablan, Dios mío, que nombra
(del libro La O azul).
Donde hay rincones vacíos
acá entran todos y sus sombras Grandes
el hombre donde yacen todos los soles
entra
donde nada es explícito, los lenguajes del silencio caben
nos construyen
acá
entra tu palabra plena, aunque afuera renieguen
y no seamos dignos
llega la pobreza con todos sus paraísos
y éstos pasan
deliran en comunión con nosotros
pero también heridos por palabras inventadas,
repetidas desde
lo oscuro
sólo una puerta única
sin afuera, no hay otra orilla en la casa que suena
con una ventana que da directo al mundo
que no esconde su intimidad
y hace lo posible por ser visto
acá hay mucha gente por quien puede llorarse
y todos los consejos que me diste mientras dormía en mi silla,
la casa,
ésta,
donde mis padres cantar sólo saben
y nos protegen del sol con sus cuerpos cansados
llenos de toda una historia del silencio
su idioma otro
mis amigos
de la casa número dos, tan sonora,
que nada tiene y me llama por mi nombre
todo es visible en esta habitación, se escuchan los colores
(vivos)
y enseñan a ser “violentos” con el mundo
afuera
lejos
(raro)
(del libro La rendija de la puerta).