Un progresista se confiesa
Yo, como hombre moderno
No padezco de prejuicios: acepto y tolero.
Y con las diferencias festejo. Pero...
Lamento las tristes muestras
de la impúdica homosexualidad:
Hombres que de la mano pasean,
Y a los ojos del sol se besan. ¡Por suerte
No se echan a fornicar!
¡Mira para allá! Camina un drogadicto, ¡pobre alma!
Un joven perdido que fuma marihuana (esa hierba maldita)
Pero yo tolero las diferencias
Y que cada quien haga lo suyo
Aunque no ante mis ojos, y con respeto, por sobre todo.
El respeto que no tiene esa juventud
De pelos sucios y ropas gastadas
Y zapatillas ajadas y la lengua reducida
Que sólo sabe vomitar guarangadas.
¡Qué mal que habla, esa juventud! ¡Qué insolentes son!
Pero, si es por mí, ¡que vivan las diferencias!
¡Que reine la pluralidad y la democrática convivencia!
Obedeciendo las justas leyes y cumpliendo reglas
No como aquellos, rebeldes e insidiosos
Los extraviados extremistas (me apiado de ellos)
Que viven de su ideología, y no trabajan
Y robar las fortunas ajenas anhelan
(El justo trabajo de justos hombres)
Pero yo soy un hombre que se consagra a la diversidad.
Aunque no acepta la transgresión inútil
De las sanas costumbres (las cristianas, por supuesto)
Las normas sempiternas (universales y sagradas)
¡Que no vengan los promiscuos que con varios se acuestan,
por un día... por una noche... con sus amigos... con sus parientes
que se deliran en inefables orgías
que maltratan a la sagrada familia
y ofenden (¡Qué terrible!) a sus razonables mayores!
Yo... yo soy hombre democrático
Plural, abierto y tolerante...
¡Pero no lastimen los valores, ni amenacen el orden!
¡Mi orden! El que impone el Dios Padre
Aunque otros (cuyas creencias respeto)
Proponen falsamente, convencidos en el error (pobres)
La irreal superstición de otros dioses, de otros cielos...
¡Pero yo soy hombre de respeto! ¡de pluralidad!
De permisión, de apertura... ¡Un OpenMind!
Pero no me hablen (¡No, por favor!)
No me la nombre, no me la digan ni sugieran
Todo eso que implica la genuina libertad.
Que cada uno haga, que cada uno diga, que cada uno ejerza
Practique, rece, fornique, piense, indague, consuma
Se ponga, se pinte, escuche, insulte, ofenda o ignore
Según le parezca, según le plazca, siguiendo un solo principio:
Dejar a los otros vivir felizmente en paz.
Interpretación del traidor
¿Por qué estos hombres me gritan traidor?
¿Por qué la injuria, la historia y el deshonor?
¿Acaso por cometer tan vil pecado como obedecer?
Acaso (me consuelo) porque creí y confié
Porque mi cuerpo entero, y mi alma
Se consagraron a la misión encomendada.
Acaso ellos (me suplico) con su negación
Titularon su condición de alucinado
Desterraron la fuente de su santidad
Derrocaron su prístino argumento (elemental, por cierto)
Falsearon su peregrinaje (y a sí mismos).
¿Debería haber descreído? Acaso
La traición reporte presuntuosas venturas.
Pero yo no pude caer en la suspicaz cobardía
No huí ni contemplé pavoroso
Cómo al altar de muerte arrojaron al guía.
¡No defraudé mi fe, conversos!
No claudiqué ante el espanto del sacrificio.
En la gracia devota de mi instinto, continué
Una a una las palabras del profeta (la Palabra)
Honor hice a su Virtud, respeto a su Figura.
La piedad la ungí ante su Verbo
(y a su prédica consagré mi vida).
Y ahora, estos hombres (los traidores)
Me agravian con pasión y orgullo
Humillan mi acto y regresan —como otrora—
A mancillar su arrojo, su gesta y reverendísimo espíritu.
Invocándolo —otra vez— los cobardes lo traicionan.
Porque son la herencia del viejo terror
Que condenó su nombre y divinidad
Con la pávida indiferencia, la hipócrita amistad.
Me condenan aquellos perjuros, siempre de regreso.
Despedida del verdugo
Tu nombre se me escapa (se escapará por siempre)
Tu identidad es sólo una sombra entre los arbustos.
Tu misión, igual a la mía.
Es que somos hermanos en una misma tarea
Que sólo la ocurrencia del azar inexplicable nos puso enfrente.
Jamás tu rostro he conocido (jamás lo conoceré)
Sin embargo, tu estampa y tu historia me pertenecen
Serás mi compañero hasta el día de mi muerte
Aunque ni siquiera haya estrechado tu mano.
Sólo un fulgor nos unirá eternamente
Un destello de luz, un estallido. Quizás un quejido.
Y desde entonces, extraño y desconocido varón
Todo tu futuro será únicamente mío.