Agobiado por la depresión y el exilio, Gu Cheng (1956-1993) atacó a su esposa con un hacha y luego se ahorcó. Era uno de los más importantes poetas chinos de su momento. Hai Zi (1964-1989) fue una estrella efímera que ingresó a la Universidad de Pekín a los 15 años; diez años después se acostaba en la vía férrea en Shanhaiguan. Ge Mai (1967-1991) sólo escribió durante seis años; lo que no le impidió construir una obra prolífica, aunque trunca por su decisión de amarrarse a una piedra y lanzarse a un río. Luo Yi-He (1961-1989) se apoyó en frases antiguas y vocablos de su invención para escribir una poesía única, aunque poco reconocida por el gran público; tras los sucesos de la plaza de Tiananmen murió, posiblemente ingiriendo veneno.
El escritor venezolano Wilfredo Carrizales ha escogido algunos de los textos emblemáticos de estos cuatro autores para ofrecerlos al lector de habla hispana, acompañándolos de notas introductorias y de un prefacio en el que expone la percepción que del suicidio se tiene en China.
“Lo que distingue a un suicidio conducido por un valor de otros tipos de suicidios es su esperanza de construir algo más allá de la muerte”, escribe Carrizales. Y uno de los poetas recogidos en este trabajo parece darle la razón. Es la palabra de Ge Mai: “Yo me convertiré en el más joven de entre todos los cadáveres / Pero no seré el rey de ellos / No abrazaré a los miles de hijos en el trono del infierno...”.
El regreso del caracol
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