A mi padre
Soy un sueño de amarilla estrofaria
en el fondo de botellas vacías
do lágrimas ahogadas había
gritando perorata estrafalaria.
Soy el látigo para la jauría
de los perros, la sociedad bancaria
y una ansia sorda, revolucionaria,
pedrada estrellada en la vidriería.
Unos centavos lanzados, rabiosos,
desde un caballo ruano encabritado,
por capataces asaz sospechosos.
Mas hoy de pretéritos espumosos
solo queda el corazón jubilado,
sobre el podio de los pies achacosos.
Conjuro del año que agoniza
Anda el mundo de amor muy escaso:
¡seas en estas cuatro paredes!
grita ahora mismo en ellas y hiere
el estrecho pedernal mis sienes.
Del Norte te conmino a que vueles
al gélido mar de los placeres.
Del Sur lanza con fuerza tus redes
de arena y sal, de morenas pieles.
El levantino que de Oriente llegue
de ti cargado me oree de mieles
y, con dolo, galerna borrascosa,
rabiosa y bufa me colme de bienes.
Para que luego en enero el monte
mullido de ti estalle en claveles
y del aire el mohín pesaroso
trocar pueda en danza y risa leve.
Ven, pasa, renueva y no te quedes
sigue más bien liando atardeceres,
de tiempo nuevo: sauce y laureles
de lucha, empeño de sueños muelles.
Impaciencia
I.
Espérame Verlaine
la semana que viene
ya por fin nos veremos.
Yo, una sombra que pasa
tú la sombra de un sueño
yo envüelto en un manto
de pasajera gloria
tú muy sucio de envidia
de mierda, oprobio y cieno.
De tu cara a la mía
lágrimas alzarán
arrítmicos vüelos.
En mi corazón tuyo
un gato maullará
mazurcas de düelo.
Espérame Verlaine
la semana que viene
ya por fin nos veremos.
II.
Hoy por fin, Verlaine, nos vimos.
Hoy por fin un verso escribimos.
Hoy amargo ajenjo bebimos.
Hoy del amor pasado reímos.
Hoy un sueño acabado vimos.
Hoy lloró la vid sus racimos.
Ayer, Verlaine, amor tuvimos.
Ayer gran ideal fingimos.
Ayer la vida consumimos.
Hoy nada queda, solo el limo.
Mañana lo que nunca fuimos
será, Verlaine, engaño y timo.
Transilvana beldad rabiosa
A Enzo Navone.
Odio es, que no amor puede
—pingo de Rumanía—
ser eso que te mueve.
Es rabia y soledad
lo que tu alma contiene,
navajas afiladas
que te punzan las sienes
y tu paso ligero
que va leve y lucífugo
a los breves placeres
Besar, tu boca quiere
mas dejarla no puedes
pues cautivas las manos,
de felonías tienes
y así están secuestradas
de ternura, caricias,
amores y quereres.
...Pero cae la noche,
pobre pelafustán
que al amor no se atreve.
Como cae la noche,
anda otra vez, alígero,
ve a engañar mujeres.
Torre de Hércules
Galicia, amor, esta tarde
ha encendido una alharaca
de pájaros tramontanos,
de sierras defenestradas.
Porque está el mar asustado
en la ría descansada.
Porque estás tú aquí a mi lado,
cual sueño de fina plata,
soñando playas lejanas,
de ruda arena escarlata,
que andar los dos deseamos
mirando por la ventana
La Coruña enjaezada
de ocre, amarga espuela y lama.