La escritora colombiana Laura Restrepo, quien hace diez años ganara el premio Alfaguara de Novela con Delirio, ha sido designada este año presidenta del jurado del certamen, que en su 17ª edición coincide con los cincuenta años de la editorial que lo convoca. El anuncio fue hecho este 2 de octubre.
Para la escritora colombiana, el premio es un “sólido y necesario estímulo para las letras en español, porque pone a disposición del autor que salga elegido un buen apoyo económico, y sobre todo una plataforma de contacto con miles de lectores a nivel internacional”. En principio son 400 millones de personas en 19 países hispanohablantes donde la novela ganadora se publica de manera simultánea cada primavera.
El Alfaguara es el más internacional de los galardones literarios a una obra inédita. Incluso, dice Pilar Reyes, su editora, la noticia del ganador se ha convertido en un hecho cultural en cada país donde la editorial tiene incidencia y con una gran acogida cuando el autor presenta allí el libro.
Dos vertientes significativas destaca Pilar Reyes del galardón. El primero, afirma, trasciende el ámbito del castellano: “Hemos logrado que los libros sean traducidos a muchos idiomas y varios hayan sido finalistas o ganadores de premios internacionales”. El segundo tiene que ver con el hecho de ser ya “un referente de calidad basado en la apuesta y la renovación”.
Autores desconocidos como Xavier Velasco, que se ha convertido en uno de los más vendidos en México. Autores con libros importantes pero a quienes el premio les ha dado un empujón al darles más visibilidad, como Andrés Neuman, Santiago Roncagliolo o Juan Gabriel Vásquez. Autores consagrados que le han dado más prestigio, como Manuel Vicent, Sergio Ramírez, Tomás Eloy Martínez, Elena Poniatowska o la misma Restrepo.
2014 también será el año de la celebración del medio siglo de Alfaguara. Un sello, según Reyes, que ha sabido conversar con los tiempos: “Desde la Alfaguara luminosa de alguien como Jaime Salinas, en la que se pretendió ofrecer en español la literatura extranjera más exquisita, con gratas implicaciones culturales; la Alfaguara de los años noventa con Juan Cruz, que impuso la marca clara de reforzar el diálogo de la literatura en español y en conversación con América Latina; y la actual, que es un poco de las dos, un proyecto que intenta ser panhispánico pero que incorpora un catálogo que proyecta la literatura internacional, es decir, no de una lengua o un lugar sino de ese tiempo”.
Fuente: El País