Artículos y reportajes
El libro forrado con papel de periódico

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El Barrio de la Moureira
El Barrio de la Moureira.

Cae por la cuesta de Moyano un alegre carrito de hortalizas. Los puestos de libros de lance guardan, herméticamente, su botín inmenso de vanas ilusiones que fracasaron, ¡ay!, sin que nadie se enterase.

Camilo José Cela, Viaje a la Alcarria (1948).

Esta mañana de domingo, llegada ya la primavera, la Cuesta de Moyano está repleta de curiosos que miran y remiran los libros de viejo en sus cajones. Subida la cuesta unos turistas se hacen unas fotografías con la estatua de Pío Baroja detrás. Me he quedado el puente en Madrid. No me apetecía coger el coche, ni coger el tren, el autobús, ni menos el avión para esperar colas allá donde fuere. No he venido por un libro concreto que quisiera tener, o que llevara tiempo buscando. Tenía la sensación de encontrarme con alguna sorpresa. Pero no hubo suerte. Ya, cuando me iba, vi en una caja un libro forrado con papel de periódico. Lo cogí y leí que estaba forrado con una hoja de periódico del día 13 de diciembre de 1938. No puede ver de qué periódico se trataba hasta que llegué a casa. Era un libro de Lengua y Literatura Española, edición cíclica, de segundo curso, Tercer Año Triunfal, publicado en Ávila, en la Imprenta Católica de Sigirano Díaz, en la calle Pedro de la Gasca, número 6. El precio era de cinco pesetas. Y el autor José Rogerio Sánchez, catedrático del Instituto de San Isidro de Madrid. Decidí comprarlo. Una vez en casa, con sumo cuidado, fui quitándole el papel de periódico. La sorpresa fue encontrarme con una nota manuscrita de la dueña del libro, un Reglamento de la Asociación de Mareantes de 1918 y un historial del Servicio Social de los trabajos de la cumplidora, la propietaria del libro, que llevó a cabo en el Departamento Provincial de la Falange Española Tradicionalista de las JONS. Dentro del libro había otra nota, escrita a mano, con lapicero, en el que su padre, antiguo marinero, se dirigía al gobernador civil solicitándole un puesto de trabajo en el Ayuntamiento de la localidad. Además de una nota, ésta escrita con pluma, en la que indicaba el nombre y el día en que nacieron sus hermanos. En la última página del libro, debajo del índice, había unas cuantas sumas hechas por la misma persona. Debajo de éstas, un dibujo perfectamente trazado a lápiz de una talla de San Roque, inconcluso. Junto al dibujo se podía leer: “Perteneció a mi abuela”. Alguien se quedó con la talla. Y dos sellos, perfectamente conservados; uno, de una peseta, de color rojo con la imagen de José Antonio Primo de Rivera, y otro de color gris de dos pesetas del Servicio Social. Se había abierto delante mío toda una época y las páginas de una vida, que me suscitó toda la curiosidad. Como si alguien hubiera esperado durante todos estos años a que me quedara este puente del mes de mayo en Madrid, para visitar la Cuesta de Moyano y encontrara este libro. En él se me habían abierto cada una de sus páginas para que su antigua propietaria quisiera que siguiera sus pasos. Había que leer, primero la página del periódico con el que se había forrado; después, todos y cada uno de los documentos que se conservaban. Y uno, que por deformación profesional no podía pasar por alto tantos datos que se me habían dado: decidí ponerme a investigar. No dudé en que esos hilos que mueve alguien, algo, o que nosotros mismos alguna vez nos ponemos en su camino, me habían proporcionado todos los datos para descubrir una historia de una mujer anónima, que a juzgar por lo visto hasta ahora se había procurado una formación, quizá ejemplar para la época. Quizá no me encontrase con nada de particular. Puede que fuese una existencia más, anodina, gris, en medio de una época convulsa, de opresión, en la que no se dieron héroes sino supervivientes, callados y sumisos. No dudé en ponerme a ello. Algo dentro de mí me decía que aquel encuentro no fue fortuito. Y si realmente lo fuera, nada perdía en el intento. Me sentía excitado, impaciente. Puse todos los documentos sobre mi mesa de trabajo para leerlos y analizarlos. Dentro de la propia Gramática, a medida que iba hojeando sus páginas, me fui encontrado anotaciones hechas al margen que nada tenía ver con la propia disciplina, sino con sucesos puntuales de su propia existencia.

 

La hoja del periódico

Olía a moho, a humedad. Hube de poner todo el cuidado, porque la hoja del periódico no admitía un solo descuido. Se trataba de la página tres y cuatro en el reverso del Faro de Vigo, del martes 13 de diciembre de 1938. La página tres estaba dedicada al deporte. Lo encabezaba la noticia de la brillante final de “football” en Balaídos: “El Bella Vista ganó la Copa Regimiento de Mérida”. Aparecían dos fotografías. Debajo de ellas, aparecía este texto: “LA FINAL DEL TORNEO MILITAR DE FOOTBLL EN BALAÍDOS. Arriba: los jugadores del Peñasco (a la izquierda) y del Bella Vista ( a la derecha), brazo en alto saludan a las autoridades y al público antes de iniciarse el juego. Abajo: una fase del emocionante match, que entusiasmó a los espectadores del estadio”. A la parte derecha de la hoja se lee: “Falange Española Tradicionalista y de las JONS. ORGANIZACIONES JUVENILES FEMENINAS. Presentaciones. Deben presentarse en esta Delegación hoy, a las siete de la tarde, las siguientes jefas de grupo...”. En la página cuatro aparece una crónica de “Spectator” (POR RADIO NACIONAL). “Hay que vigilar las fuerzas ocultas que se mueven contra nosotros para desenmascararlas. Nos hemos habituado demasiado fácilmente a la guerra victoriosa y a la guerra de conquista en la retaguardia, con tal seguridad, que después de dos años muy largos de contienda, hay muchas personas que no cuentan para nada con el enemigo, y el enemigo, vencidos tantas veces en el campo de batalla sigue moviéndose, no sólo para preparar los golpes de manos que utilizan para la propaganda que derraman sobre el extranjero, sino que utilizan todos los medios a su alcance para causar el descontento y la alarma en la España Nacional. Es natural que ello así sea. Utilizan esos golpes de manos para conseguir los pequeños triunfos que sigan sirviendo de espejuelos para cazar incautos, y no desperdician resorte alguno para poner en práctica sus planes. Desde el tremendo fracaso del Ebro los marxistas han redoblado sus esfuerzos para llevar a cabo una política de espionaje, que, por qué no decirlo, había sufrido un tremendo fracaso, dada la rapidez de nuestro avance por pueblos y provincias que hacía ineficaces los servicios de los traidores. Ahora el procedimiento que siguen es el siguiente: lanzar mentiras, calumnias que pueden perjudicar a nuestra unión. A este respecto quiero repetiros lo que recientemente le oí al comisario rojo: preguntado cómo era que aún continuaba la resistencia en sus filas, contestó que ello era debido a que se les aseguraba a los milicianos que en un momento dado contarán con la ayuda necesaria para salir del paso, y se les repite con mucha frecuencia el que los nacionales que estaban ganando la guerra por las armas, la perderían por la política. Y se dan consignas secretas para venir a nuestro campo y sembrar el desconcierto. Últimamente para lograr esto se han provisto hasta de uniformes. Por ello quiero recordar a los españoles que no basta con un encogimiento de hombros o con un silencio más o menos discreto, sino que hay que vigilar mucho la demasiada insistencia de algunas personas en saber detalles y noticias. Hay que vigilar las fuerzas ocultas que se mueven contra nosotros y desenmascararlas. No es que puedan triunfar contra nosotros, ni mucho menos, pero es conveniente tener en cuenta que hay entre nosotros elementos que quieren producir malestar. Por las armas ya está vencido el comunismo y sus aliados, pero es preciso el apoyo de todos los españoles para que la victoria en este otro aspecto de la política sea tan rotunda como la de las armas. SPECTATOR”.

Más abajo se pueden leer las crónicas sociales: “CUMPLIMENTADO A S.E. EL JEFE DEL ESTADO. Burgos.- S. E. el generalísimo recibió a audiencia al presidente del Tribunal Supremo D. Felipe Clemente de Diego, al fiscal del mismo Tribunal, don Blas Pérez y al consejero nacional y miembro de la Junta Política de Falange Española Tradicionalista y de las Jons, D. Eduardo Aunós.

”EN ASUNTOS EXTERIORES.

”Burgos.- Hoy estuvieron en el Ministerio de Asuntos Exteriores, conferenciando con el subsecretario de dicho Departamento, general Espinosa de los Monteros, el duque del Infantado y el marqués de Magaz.

”EN EL MINISTERIO DEL INTERIOR.

”Burgos.- El Excmo. Sr. Ministro del Interior, señor Serrano Suñer, recibió hoy las visitas del conde de Ibarra, secretario provincial de Falange Española Tradicionalista y de las Jons de Sevilla, del jefe provincial Sr. Arjona y de otras personas.

”EL AUTO SACRAMENTAL ‘LAS BODAS DE ESPAÑA’.

”Burgos.- El Excmo. Sr. Ministro del Interior, señor Serrano Suñer y la hija del caudillo, Carmencita Franco, han asistido a la representación del Auto Sacramental ‘Las Bodas de España’, de autor desconocido del siglo XVIII, que el Teatro Nacional de la Falange ha representado hoy en el Teatro Principal de esta ciudad.

”D. EUGENIO D’Ors

”Doctor ‘Honoris Causa’ de la Facultad de Letras de Coimbra.

”Coimbra.- En la Sala de Campelos de la Universidad de Coimbra se ha verificado la solemne investidura de Doctor ‘Honoris Causa’ de la Facultad de Letras de don Eugenio D’Ors. El embajador de España, don Nicolás Franco, actuó de padrino en el solemne acto”.

En el borde sin publicar de la página del periódico encontré una anotación hecha a mano: “Ruiseñor, enséñame a cantar la canción de amor que me hace llorar”.

 

El Barrio de la Moureira

“El Barrio de la Moureira se encontraba situado a orillas del Lérez, que es un río que se encuentra con la ría pontevedresa, y cuando la marea sube, y lo hace, sobre todo, en los meses del otoño, toma visos desproporcionados. En él vivían la gente relacionada con el mar, y aún conservaba las típicas casas rematadas en forma de mitra, que recibían en el siglo XV el nombre de casas de Outón, porque acababan en dos aguas. La Moureira era el barrio donde residía el gremio de Mareantes. Este arrabal marinero, dedicado a la pesca y salazón del pescado, estaba ubicado extramuros, se extendía desde la ponte del Burgo, incluso la desembocadura del río Gafos. Se dividía en tres partes: la llamada ‘A Moureira de Arriba’, situada en las cercanías de la ponte; la ‘Moureira de la Barca’, más próxima a Poyo, y la ‘Moureira de Abajo’, el actual barrio de San Roque.

”En él se erigió la Capilla de San Roque, que junto a San Sebastián se les consideraba abogados de la peste. Este templo fue erigido en las Corbaceiras, muy próximo al puerto, para proteger a la ciudad de los efectos mortales de los barcos infectados. Sería allá por 1283, fecha en la que los dominicos construirían el primer convento, junto a la ‘Fuente de los Frailes’. Los cronistas han destacado el carácter de la gente marinera, por su religiosidad sincera, por los antiguos testimonios de los mareantes del arrabal pontevedrés. La edificación de la Basílica de Santa María, costeada enteramente por ellos. Cerca de la baliza el Pau de San Miguel, estaba un santuario de San Francisco, ampliado en el XVIII, con muchas imágenes en los muros del atrio: Los Santos de Mollabao. El Gremio de Mareantes juntóse con la Cofradía del Cuerpo Santo (el del fraile Pedro González Telmo). A más de las grandes fiestas gremiales del Corpus, de San Miguel, de San Telmo y del Viático con privilegio, excepción de llevar el Santísimo. La Moureira era el viejo barrio pontevedrés que encerraba los recuerdos más entrañables de la historia de Pontevedra por la importancia que tuvo en los años pasados por sus cofradías, con sus gremios, con su flota pesquera, y el raigambre de sus tradiciones. La Moureira de Arriba y la Moureira de Abajo, para saber si se hablaba de los pescadores o de las pescantinas (quienes venden el pescado), o de la Moureira, en donde tenían su asiento oficial y controlado las casas y bares de las prostitutas. Un mismo nombre cuyo límite y línea divisoria estaba en las inmediaciones del Puente de la Barca. La Moureira de los pescadores tenía como punto central las Corbaceiras y las viejas rúas y casitas blancas, en las que se respiraba el olor salitroso de las ropas de aguas usadas por los marineros, y que se colgaban en improvisados tendales a las puertas de las casas, de la misma manera que se colgaban las redes y aparejos en el campo de San Roque, en la explanada del muelle y en las inmediaciones de la puerta de sombra de la Plaza de Toros. Popular en el barrio, la taberna de ‘O Canteiro’. Las Corbaceiras despiertan también al latido de hechos tristes, por el recuerdo de algunos ahogados que allí hubo, en los veranos. No podemos salir de las Corbaceiras sin mencionar la fábrica de Pazó, pionera de una actividad industrial que dio nombre a Pontevedra. El nombre de Pazó era popular, pues había un dicho que se repetía cuando no daban crédito a lo que nos decían: ‘Vaillo contar a Pazó que morréu dunha inundación de ferro fundido’ (‘Ve a contarlo a Pazó que murió de una inundación de hierro fundido’). O lejos de la fábrica de Pazó la capilla de San Roque, que atraía la atención por la fiesta del titular con la solemne procesión que salía de Santa María y se recogía en las mencionadas de la capilla. Era la procesión de los ofrecidos, de los niños y niñas y de los jovencitos que estrenaban traje y calzado para ir en la Procesión de San Roque. El barrio marinero se ponía de fiesta y el pan de maíz, que entonces era uso corriente en las casas marineras, dejaba el paso franco al pan de trigo, a las empanadas de carne, al cabrito asado y a los postres caseros que nunca faltaban. Esta alegría se aumentaba con el bullicio de las corridas de toros que encajaban en los días de la Peregrina y en las fiestas de San Roque. El barrio de la Moureira, ocupado por prostitutas, que no faltaban en los enclaves que en todas las ciudades conservan los lugares acotados por las casas, cafetines y bares en donde viven y desarrollan sus actividades de conquista y negocio las mujeres. Separándolas de la convivencia ciudadana, sin pensar en las taras y problemas humanos, que se encierran en la mayoría de estas mujeres, desgraciadamente marginadas y tristemente explotadas por quienes se abandonan de sus necesidades y abandono. Entonces la prostitución estaba autorizada y las mujeres que se dedicaban a esta vida tenían su correspondiente carnet y su ficha constaba en la Comisaría de Policía y en la Clínica de Sanidad, a la que acudían todas las semanas para ser sometidas a un determinado control médico. Nombres de mujeres más o menos populares por la categoría de los queridos a quienes tenían como amigos: La Dominga, con casas en Pontevedra y negocios del ramo en Vigo. La Colitre, que dio su nombre al querido, un conocido pontevedrés al que llamaban ‘El Colitre’. La Platillera, amiga de un timbista que hacía mesa en el bar Carrillo. La Pitisa, a la que ya mayor se encontraría en Pontevedra como recadera de algunas casas que le ayudaban a vivir. Los tiempos cambiaron y la prostitución fue suprimida. Con la supresión de las casas de mujeres libres, los bares del barrio cercano, quedando en el recuerdo el Bar Abanico, Las Tres Columnas, María do Dente, El Tropical”.

Esta hoja suelta estaba arrancada de un libro, que he llegado a saber quién es el autor. Se trata de Hipólito de Sá Bravo: Estampas pontevedresas (recuerdos de mi niñez).

 

I

REGLAMENTO DE LA ASOCIACIÓN DE MAREANTES Y SOCORRO MUTUOS DE PONTEVEDRA Y PUERTOS AGREGADOS DE LOURIDO, CAMPELO Y COMBARRO. Pontevedra Tp. Antúnez Hermanos. 1918

De la Sociedad y los socios

Artículo 1º Esta Sociedad que comprende a los marineros pescadores de Pontevedra, Lourido, Campelo y Combarro, se denomina “Asociación de Mareantes” y tiene por objeto el socorro mútuo de sus socios.

Art. 2º Sólo podrán ser socios los individuos que se hallen inscriptos en el libro de matrícula de dichos puertos y sean además, naturales de los mismos.

Las personas que se hallen ausentes y quieran disfrutar de los beneficios proporciona la Asociación, pueden inscribirlos sus familias, o de lo contrario al regresar al país, solicitar el ingreso, mediante el pago de dos anualidades o las que lleve de vida la Asociación.

El ingreso en ella se efectuará a los diez seis años y mediante reconocimiento facultativo.

Puesto en vigor este Reglamento, el plazo para el ingreso en la Asociación será el de seis meses.

Art. 3º No podrán pertenecer a esta Asociación lo que no ejerzan el oficio de marinero, pero podrán ser inscriptos como socios, los individuos que ejerzan cuatro años por lo menos el oficio y además ser matriculado.

Art. 4º Todo socio, después de inscripto en las listas de la Asociación, abonará una cuota de dos reales mensuales, previa la entrega del recibo firmado y rubricado por el Tesorero y Contador.

Art. 5º El socio que deje de pagar la cuota durante tres meses, perderá el carácter de tal.

 

Deberes y derechos

Artículo 6º Los socios tienen la obligación de asistir a cuantos actos los convoque el Presidente y de aceptar los cargos para que fuesen elegidos, a no ser que a juicio de la Junta general hubiera motivos justificados para lo contrario.

Art. 7º No tendrán derecho a los socorros con que han de ser atendidos los socios enfermos, hasta los diez y ocho meses constituida la Asociación siempre que se hallen al corriente en el pago de las mensualidades.

Art. 8º La familia del socio fallecido recibirá un donativo de 25 pesetas.

Art. 9º Los socios no tendrán derecho a ningún socorro, en los casos siguientes;

1.º Si se hallase en descubierto de alguna mensualidad o multa que le fuese impuesta.

2.º Si al pasar parte de enfermo, no viniese firmado en regla por el médico de la Asociación.

3.º Cuando la enfermedad que padezca fuese adquirida por vicios notoriamente abusivos, duelos o riñas...

 

Se me ha venido a la memoria este verso de Lorca: “No voy a decir por hombre las palabras que ella me dijo...”. Ya se habrá adivinado que he descubierto de quién se trataba. Pero lo dejo en suspense. ¿De qué valdría revelarlo? Me fue dada al azar esta historia. No digas todo lo que sabes, no hagas todo lo que puedas, no creas todo lo que oyes, no gastes todo lo que tienes.