El escritor mexicano F.G. Haghenbeck fue reconocido este 19 de octubre con el Premio Bram Stoker 2013 por su novela El diablo me obligó (Suma de Letras, 2011), considerada una las mejores obras de terror por la Asociación de Escritores de Horror (AWH, por sus siglas en inglés).
Haghenbeck se convierte en el primer autor latinoamericano en obtener ese galardón, tras competir contra los estadounidenses Stephen King, Joe Hill y Thomas Ligotti, aclamadas figuras de ese género literario.
El Premio Bram Stoker consiste en una réplica de unos veinte centímetros de la mansión encantada de Drácula, diseñada por Steven Kirk, la cual incluye el nombre de la obra ganadora y el de su autor, escultura que rinde homenaje a Stoker, considerado padre del género de horror.
El galardón se ha otorgado desde 1987 por la HWA y entre los escritores reconocidos destacan Ray Bradbury, Stephen King, J. K. Rowling y Joe Hill.
El diablo me obligó es una novela de terror con elementos de humor negro, muy irreverente y bastante entretenida, que se desarrolla en Los Ángeles, California, la cual habla sobre la caza de demonios que pululan por el mundo para organizar peleas ilegales contra unos oponentes muy particulares, los ángeles.
Haghenbeck nació en 1965 en el Distrito Federal mexicano y se ha convertido en un narrador de primera línea desde los años iniciales de este siglo, tanto en el ámbito del cómic como de la novela literaria sumando, además de premios y reconocimientos, un gran éxito de ventas y traducciones a 17 idiomas diferentes, incluido el chino mandarín.
Entre sus publicaciones destacan El código Nazi, La primavera del mal, Trago amargo, Solamente una vez, Hierba santa, Aliento a muerte y El caso Tequila.
Ha sido galardonado con el Gourmand Awards 2013, en Francia, por Hierba santa, y la nominación al International Latino Book Award, por la misma novela, que se fallará en noviembre de este año; también el Julio Verne (2005), el Mano de Obra (2006), el Nacional de Cuento Policiaco (2007) y el Otra Vuelta de Tuerca (2006).
Fuente: La Jornada