Prefiero tu cabeza para guerrear con ella en silencio;
a la salida del día, a la entrada de la noche, la prefiero.
Pepe Barroeta, Arte de anochecer
a Daniela Barroeta
La Cabeza de Pepe
es el cenicero del sol y la prefiero a ella que al sol
y que a cualquier estrella
Los colores líquidos de su voz petrifican el silencio
en tu vientre polar amanecido,
mientras su interior alumbra la intemperie absoluta
Me lo dijo la tabacaria siniestra del mono y
las tembladeras, me lo dijeron las saudades violentas que amo:
¡La cabeza de Pepe es la tumba cuántica de mi corazón!
Allí guardaré los colibríes de la sed,
las crayolas y las semillas.
Las cositas dormidas del mar y
un fractal de tu espalda de trigo
Reclamo su cabeza, que me la traigan llena de drogas silvestres,
como la piñata de los nietos de Peter Pan.
Que me traigan su cabeza viva de caballo vertical
trepanada de conejos y caminos
Su cabeza caliente de huevo prehistórico que se funde en la primera página del misterio en tu senos
En sus intersticios craneales acomodaré los libros de la buena memoria y me iré por los montes, de la mano tuya, haciendo el amor dentro de los hormigueros,
dentro del cráneo de las estrellas marítimas
La cabeza de Pepe es una luna congelada de semen
bajo la lengua de las colinas, y la prefiero a ella que a las colinas
y que a los valles
He desangrado el silencio de los lugares en los bosques, el silencio de los vientres espectrales, y me he quedado despierto dentro del rocío, muriendo los poderes
Un niño me regaló un vasito de miedo mientras meaba el amanecer sobre los hombres
No le dije nada al niño y un rumor de luz me sentenció la magia en los huesos y desaparecí entre las nubes como un pájaro gaseoso
La pondré de casco en la cabeza caliente de un niño loco para que siga jugando a los argonautas, para que siga dándole a la guerrilla en la tarde, para que siga tumbando paracos de los árboles de esta parte del mundo
La cabeza de Pepe son los testículos de un guerrero azteca
rebotando en la panza de un astro decrépito, y la prefiero a ella, antes que cualquier profecía. Y la prefiero, pero no tanto como a ti, oráculo de carne abierta
Necesito cerrar los nombres detrás de la vida y aparecer las palabras desnudas abriendo en tu alma la cicatriz de los colores
Mis ojos comestibles para la sed perduran en la lucidez de su hambre
Día y noche dejo los dientes colgando de los planetas remendados por sus huesos:
Soles petrificados en el nacimiento de su amor
En la cabeza de Pepe se olvida todo menos el paisaje de la memoria brillando las constelaciones de la ausencia dormida sobre los montes
Aunque esté infectada de nubes, de pájaros y olvido, la prefiero
Su pensamiento hediondo a alcohol y calle partida
a sexo de muerte abierto hasta la trasparencia del mundo
Pesa como el plomo, la cabeza de Pepe, y sin embargo, en la ebriedad de las noches sin estrellas, la veo ascender
sobre los pinos como un fantasma mordido por coníferas resplandecientes.
La culpa es un sol más grande que el sueño, pero este sol mío no es más brillante que tu cabeza endurecida por el silencio
La muerte es un sueño más grande que el olvido
Y su cabeza, más grande que el mundo, aplasta los continentes de la muerte
Pido que me traigan su cabeza en una cesta hecha de astrolabios y lirios
Doy buena recompensa para quien me la tire en la pata de la oreja
Y cuando esté solo miraré adentro como en un caleidoscopio
Mis ojos ayunarán las nubes del primer día
Reclamo la cabeza de Pepe para sentar cabeza
He estado muy loco estos días y no quiero estar tan loco
La necesito para partirle la cabeza al verbo
y el poema sea por fin una playa desnuda de fractales o un mediodía
ovulando en tu inocencia
Reclamo la cabeza de Pepe
La necesito para partirle la crisma a los poetas que odio
La cabeza de Pepe es el sexo portátil de la muerte
pero prefiero el sexo de la damita dormida que ronca burbujas en el hueco del sonido
Su cabeza trepanada de naipes y solsticios, la prefiero, antes que cualquier azar echado en el solar de la página.
En un agujero de su cráneo tú y yo prendimos un incienso de toronjil y planeta,
para que no huela el charco de su pensamiento en la vida
Allí ahogué la muerte un día hasta el orgasmo de sus burbujas de plata mística ascendiendo como pájaros marsupiales hacia la noche eterna
Decapitarme antes de ir a dormir y encajarme la cabeza de Pepe hasta el cuello
como un estrellado sombrero, podrido de leche y oro,
de mago para conciliar el sueño,
y no estar tan loco bebiéndome la copa del mundo
y fumándome los dedos de la muerte
Reclamo la cabeza de Pepe
para mi colección musical de intermitentes piedras
para mi colección de ruidos de máquinas
Tengo cosas valiosas:
Una radiografía de un piano olvidado de Felisberto Hernández al lado de un afiche donde aparece Ian Curtis electrocutado por los pelos del sol;
una carie de Julio Cortázar colgada de la lámpara
alumbrando los bichitos de la demencia;
una ladilla atrapada en el bosque púbico de Anais Nin, la conservo en un frasquito de mermelada de pájaros,
y los zapatos de un padre más vivo que los piececitos de Jesús
Reclamo la cabeza de Pepe para sentar cabeza.
He estado muy loco estos días y no quiero estar tan loco.
Ayúdame tú que has dormido como un cocuyo en su insomnio
Ayúdame tú que no me conoces como un mendigo tiritando de sueño
Necesito sentar cabeza para romper la cabeza del mundo
y entrar en el pensamiento de los dioses como a una casa vacía
Y la necesito vacía, sin culpas, sin remordimientos, sin polvo, sin nada
La necesito vacía, desnuda como un eclipse en la arena
Ayúdame tú que has bebido del néctar cerebral de sus paisajes puros
Ayúdame tú que no me conoces como una violencia de música líquida
Reclamo la cabeza de Pepe para sentar cabeza.
He estado muy loco estos días, y no quiero estar tan loco.
En el precipicio de tus ojos derramo la leche elemental de las espirales
y me sumerjo
sin testigo, como arte de anochecer