El informe encargado por la Justicia chilena a un equipo de especialistas internacionales, reunidos desde el martes 5 de noviembre en Santiago de Chile, determinó que el poeta Pablo Neruda sufría de cáncer de próstata cuando murió en 1973 y que no había agentes químicos en su cuerpo que permitieran concluir que fue envenenado, según se anunció el viernes 8.
La historia oficial indicaba que Neruda falleció por cáncer de próstata el 23 de septiembre de 1973, doce días después del golpe militar que derrocó a Salvador Allende. En 2011, sin embargo, el chofer del poeta, Manuel Araya, denunció que fue asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet mientras estaba ingresado en la Clínica Santa María de Santiago.
El Partido Comunista, en el que militaba el escritor, presentó una querella para esclarecer las causas de su muerte y la Justicia chilena abrió una investigación. El cuerpo fue exhumado en Isla Negra, una localidad costera a 100 kilómetros de la capital, el pasado 8 de abril, como anunciamos en nuestra edición 282.
Patricio Bustos, director del Servicio Médico Legal chileno, a cargo de coordinar al equipo, explicó que los exámenes practicados a los restos de Neruda determinaron que el nobel tomaba medicamentos para combatir el cáncer de próstata, que no se encontraron agentes químicos en su cuerpo y que no existe evidencia de que el escritor haya muerto por causas diferentes a su enfermedad.
Los especialistas señalaron que se utilizó toda la tecnología disponible a nivel mundial y que el estudio fue especialmente complejo por tratarse del cuerpo de una persona que falleció hace 40 años.
“Hemos llegado a una conclusión técnica y científica que se debe complementar con la investigación judicial. La verdad final la determinará el juez Mario Carroza”, señaló el forense español Francisco Etxeberria, académico de la Facultad de Medicina de la Universidad del País Vasco. El experto, quien participó en la investigación sobre la muerte del ex presidente Salvador Allende y el cantautor Víctor Jara, recalcó que la conclusión del equipo científico fue unánime.
El informe encargado a este equipo multidisciplinario constituye una prueba trascendente para el magistrado Carroza, que esperaba hace siete meses las conclusiones de los expertos españoles, estadounidenses y chilenos. El juez a cargo de la investigación, sin embargo, aclaró que seguirá adelante con la investigación: “El expediente del caso Neruda no se va a cerrar mientras existan ciertas dudas y, si es necesario, se realizarán nuevas pericias durante el tiempo que sea necesario”.
Carroza se refiere a las sospechas que todavía mantienen tanto el Partido Comunista como el sobrino de Neruda, Rodolfo Reyes, que después de conocer el informe reiteraron su convicción de que el nobel fue envenenado por el régimen de Pinochet.
“Pudiera ser que, por el tiempo transcurrido, no haya constancia de determinadas sustancias que le fueron inyectadas a Neruda. Hay elementos, como el gas sarín, que con los años desaparecen. El mérito del proceso nos tiene convencidos de que el escritor fue asesinado y el caso no se cierra con este informe científico”, indicó el abogado comunista, Eduardo Contreras.
La justicia chilena, a petición de los querellantes, encargó paralelamente un estudio de ADN para determinar que los restos que se analizan correspondan efectivamente a los de Neruda. Los resultados se conocerán en los próximos días, explicó el ministro Carroza, pero son independientes del informe científico divulgado el viernes en Santiago de Chile.
El chofer chileno que trabajó con Neruda durante sus últimos meses de vida explicó en 2011 que el Nobel fue asesinado por tratarse de una figura mundial que iba a organizar la resistencia a Pinochet desde el extranjero. “Después del 11 de septiembre, el poeta iba a exiliarse en México junto a su esposa Matilde. El plan era derrocar al tirano desde el extranjero en menos de tres meses. Le iba a pedir ayuda al mundo para echar a Pinochet. Pero antes de que tomara el avión, aprovechando que estaba ingresado en una clínica, le pusieron una inyección letal en el estómago”, dijo Araya.
Fuente: El País