Artículos y reportajes
Postal navideña
Mensaje a los compañeros del taller literario “Los Moradores” (también para los amigos y público en general)

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Ilustración de “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupèry

I

En estos días de la navidad me he puesto a pensar en los amigos que por distintas circunstancias no he visto en mucho tiempo, en los que se han ido y, obviamente, en aquellos que se encuentran más cercanos. Si algo me ha regalado la vida es tener una gran cantidad de amigos con los cuales he compartido en distintas épocas, como en el poema de Horacio Salas: “Me desbordo de amigos casi siempre: / ya tengo tantos que nunca alcanza el tiempo / a descifrar sus nombres”.

En el prólogo de La máxima felicidad, Isaac Chocrón hablaba de dos tipos de familia: una heredada y otra escogida; en la primera aparecen nuestros padres, hermanos, tíos, primos y demás fauna. En la otra se sitúan los amigos y esas personas con quienes decidimos compartir el pan de cada día. “Aunque en ambos núcleos está presente el amor —escribe el dramaturgo—, en el primero el sentimiento es automático y a veces obligatorio, mientras que el amor no consanguíneo da sin necesariamente recibir nada a cambio y debe mantenerse tan prensado como una cuerda floja, porque si se pierde la tensión desaparece el equilibrio. En otras palabras, la relación con la familia heredada es inevitable y natural; la relación que uno escoge es revocable y llena de tensiones”.

A lo largo del tiempo vamos juntando amigos y ellos forman parte de esa familia que uno elige. La amistad es un sentimiento profundo y complejo, por eso a veces resulta incómodo escuchar a alguien que apenas ha cruzado un par de palabras con un fulano y ya quiere vendérselo a uno como un “amigo”. Es conveniente saber que no toda persona que te ofrece un cigarrillo, o que nos saluda cuando estamos esperando el bus, puede ser considerada un amigo (aunque entiendo que hay amistades que nacen a primera vista como algunos amores). Decir amigo es decir responsabilidades.

Muchos de ustedes recuerdan la escena entre el zorro y el Principito en la que el animal le pide al niño que lo domestique; el Principito, que desconoce el significado de la palabra domesticar, le pide al zorro que le explique qué es eso; entonces el zorro (que por eso era zorro) le contesta que es “crear lazos”, e insiste en que lo domestique:

—Quisiera hacerlo —respondió el Principito—; pero no dispongo de tiempo. Además he de buscarme amigos y conocer muchas cosas.

—Sólo se conocen bien aquellas cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo para conocer a las personas y las cosas; compran las cosas a los comerciantes, pero como no existe ningún comerciante de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si tú quieres tener un amigo domestícame.

La amistad se funda en coincidencias. Somos amigos de aquellos que como nosotros buscan crear un tejido de relaciones donde sobran los intereses y donde la palabra compartir aparece constantemente: “Y ayer y siempre lo tuyo nuestro, y lo mío de los dos”, dice una canción de Serrat.

Ahora bien, el Tiempo, ese destructor implacable, muchas veces nos separa de los amigos y a veces están separaciones suelen ser definitivas y dolorosas. Sin embargo, llega la navidad y con ella el recuerdo de los amigos más queridos. Esto es lo importante: los verdaderos amigos, aunque ausentes, permanecen allí junto a nosotros, pues como dice Juan Salvador Gaviota: “Si nuestra amistad depende de cosas como el tiempo y el espacio, habremos destruido nuestra propia hermandad. Pero supera el tiempo y nos quedará un Ahora. Supera el espacio y nos quedará un Aquí. Y entre el Aquí y el Ahora, ¿no crees que podremos vernos un par de veces?”.

 

II

Lo que acabáis de leer lo escribí en 1997 y se publicó el 21 de diciembre de ese año en mi columna de entonces, “El fantasma del ocio”. Me parece que todavía sirve ya que muchos de los amigos de aquellos días aún permanecen activos, y aunque algunos lamentablemente han partido, son muchos más los que han aparecido para enriquecer mi vida y la de otros (no se crean) con quienes nos interconectamos. Así que sirva este viejo artículo como postal navideña (sobre todo tomando en cuenta que hace varios días que no nos vemos) y como una forma de agradecerles a todos su amistad y su paciencia.

Como anexo a estas líneas he incluido una serie de ¿poemas? que borroneé este noviembre mientras no nos veíamos. La verdad no escribía poemas desde enero de 2003, por lo que han pasado algo más de diez años, y no sé por qué sentí la necesidad de volver sobre estos asuntos. ¿Será que como no hemos hecho taller en varias semanas y no hemos podido seguir conversando sobre poesía, esta es una forma de mantener el diálogo abierto? Creo que estos textos poco agregan a lo publicado en Un lento deseo de palabras, pero ustedes verán: su suerte ahora depende de sus lectores. Los dejo como un regalo navideño para todos mis amigos y público en general. Feliz navidad y próspero año, en enero nos vemos para celebrar la llegada de los Reyes.

 

Líneas que un pájaro dibujó en el aire

No nos queda dijo Bataille
sino escribir comentarios
                                     insensatos
sobre la ausencia de sentido del escribir
Comentarios que se borran
                                     La escritura poética
es borrar lo escrito
                         Escribir
sobre lo escrito
                         lo no escrito

Octavio Paz.

 

Il mestiere di poeta

(Homenaje a Cesare Pavese y Luis Rogelio Nogueras)

Algunos días son tan aburridos
que las noticias de los diarios
te parecen tristes anécdotas familiares

Piensas en una solución
avocarte quizás a escribir un poema
de imágenes efectivas

Haces varios intentos sin resultado
hasta que caes en cuenta:
la poesía resulta menguado oficio

Basta de palabras
un gesto

Sigues escribiendo

 

I.

Cada poema
un desgarro de soledad

Un misterio de sombras

Un reflejo de cenizas
en el paso del tiempo

 

II.

Vértigo de un viaje que parte
de lo más recóndito de la memoria
y se convierte en vigilia

En promesa de palabra revelada

 

III.

Estructura hecha de voces
hundidas en nuestra simiente

Levantando pared a pared
la poética de nuestra intimidad

 

IV.

Toda escritura
transita los espacios
de una palabra
que nos murmura
acerca de la fugacidad
del tiempo

Del deterioro
de cuanto nos rodea

Toda memoria
se convierte en palabras

Palabras sentidas
dichas desde lo más profundo
de la conciencia

En busca de una densidad
para la celebración

Para el canto

 

V.

El hombre es solo un testigo silencioso
de un mundo cuyo inmenso poder
que apenas conoce

Un mundo genésico
enraizado en la esencia de sus fantasías

Un mundo que sólo tiene arraigo
en el tapiz del poema

 

VI.

Una voz concentrada
emana de lo más recóndito de la noche

Una voz prestada a los fantasmas
que habitan en la memoria

Una voz nocturna
cuyas palabras trascienden
los espacios signados por el deterioro

 

VII.

Comarca del recuerdo

Espacio de la querencia

Mundo perdido
y por siempre anhelado

Lugar que convoca
nacimientos y muertes

La casa es nombrada infinitamente
desde el amor y la nostalgia

 

VIII.

Las sombras familiares
acuden entonces al conjuro
de la palabra convocada en el poema

Colmadas de figuras
de voces y de sombras:
son el rescate de lo humano
perdido en el laberinto de un pasado
del que apenas queda un eco falleciente

Es el tiempo desvalido
formado de presencias cálidas
cubierto por un manto de voces fantasmales
venidas de un pasado nocturno
como el alma del hombre que las invoca

 

IX.

El silencio es asumido
como una forma más del paisaje
como un motivo para el encuentro

A través de la palabra
el poema observa
las mutaciones del recuerdo
las registra para darles permanencia

Sin embargo ella es apenas audible
diríase más bien un susurro
que se expande
sobre las voces de la nostalgia

 

X.

Invocar los fantasmas de la memoria
es entrar en una selva profunda
y silenciosa
habitada solamente
por el rumor de algunas palabras

Que nombran el principio

Que nombran la vida

Que nombran el poema

 

XI.

Aquí todo es silencio:
la mirada fija
ante la fugacidad del tiempo

Expresión de un vacío
apenas enunciado
en la sonoridad
de unas pocas palabras

 

XII.

Entre decir
y el deseo de decir
se abre un abismo
un sentimiento de duda

El deseo carece de forma
lo inunda todo
pero es intangible

Entonces:
¿cómo apresarlo en el poema
si su reino está en lo indecible?

 

XIII.

El poema habla de su tiempo
de su devenir

El transcurso de las edades
van dejando huellas
y el poema las advierte
las registra
en el ritmo de sus palabras

El poema habla de su tiempo
y del tiempo de las cosas que lo rodean

De las querencias que el mismo tiempo
ha venido borrando
con mano lenta pero precisa

 

XIV.

Y al vivir de pronto
nos encontramos inmersos
en una proximidad constante
con los misterios
que mantienen al hombre
en permanente vigilia

La muerte es la principal
protagonista del poema

La muerte transfigurada

Transmutada en sueño

 

XV.

En el cerrado canto del bosque
florece un árbol de imágenes

Sus frutos están a nuestro alcance

Sólo basta despertar los sentidos
ante la humildad de las palabras

Respirar el aroma fértil
que convoca el poema

Aceptarlo en su más profunda verdad

 

XVI.

Todo poema es una derrota
escrita con el ritmo reiterado
de una oración
cuya religiosidad es el rostro del abismo

El triunfo de la desolación
tiende su sombra
sobre el árbol secreto del paraíso

 

XVII.

También está
el misterio de la fijeza

De aquello que permanece
estacionado
en el recodo de la palabra

 

XVIII.

El amor se transmuta en deseo
para abrirse paso
ante la fugacidad del tiempo

La muerte aparece
no como un fin
sino como una transformación

Morimos cada día
para transfigurarnos cotidianamente
en la esperanza de una nueva vida

En brazos de Eros.

 

XIX.

La palabra que nombra
es la misma
que borra lo nombrado

Todo es presencia
y al mismo tiempo
todo es ausencia

Pareciera que una fugaz sombra
ha de permanecer inscrita
en la dureza íntima de una piedra

 

Birds in the night

(Homenaje a Luis Cernuda y José Emilio Pacheco)

Como la palabra ética y poética riman perfectamente
¿será que hay que esperar de la poesía alguna conducta moral
que ayude a entender estos tiempos de desconcierto e incertidumbre?
¿o tal vez, se espera del poeta una respuesta definitiva
para establecer una norma de convivencia
que sirva a todos los ciudadanos sin importar sexo, raza o religión?

El poeta es un vago, lo sabe cualquier persona decente,
un tipo que se da a la tarea de soñar esplendores,
una especie de ave nocturna
que vive sin importarle lo que es bueno o malo para los demás.

De su actividad nadie obtiene ganancias,
ni siquiera él mismo,
aunque de vez en cuando patriarcas y notables
se ocupen de poner su nombre a una calle o a una escuela
después que la muerte ha terminado por escribir la última página
de una vida llena de desaciertos e ilusiones.

Pero aquí vamos, convencidos de que la verdad es una sola,
y se encuentra escrita entre las palabras de cualquier poema.

 

* * *

 

acabar pareciéndote después de tantos años
tanto poema y tanta astucia
a la palabra nostalgia

Julio Miranda.

 

Poetas, las palabras
terminan con nosotros, las palabras que un día
creíamos eternas en el delirio que une la belleza y el sueño,
el dolor y la sed, la pasión del misterio.
Y nosotros yaceremos con ellas en el polvo de las antologías
cada vez más remotos, más solos y más muertos.

Pero la poesía —inasible victoria— debe continuar
aunque el sueño de la poesía haya acabado.

Horacio Armani.