He terminado de releer Los huesos de la luna y ahora me gusta más la historia que Les Quintero y Sebastián Beringheli han creado en torno a unos vampiros con pocas similitudes con los convencionales. Me ha gustado, sobre todo, la forma como los autores se apartaron de las historias clásicas con aristócratas decadentes que andan buscando niños y jovencitas para saciar su apetito, un recurso que fastidia por lo repetitivo. Me ha parecido muy bueno que también se apartaran del catolicismo, nada más ridículo a estas alturas del siglo que un vampiro huyendo de cruces y agua bendita. Y es que estos vampiros creados por Les Quintero y Sebastián Beringheli no son criaturas salidas de ataúdes pestilentes, sino una especie que ha convivido desde el nacimiento del mundo con los humanos, de manera que siempre han estado con nosotros, y la verdad es que esta idea no deja de ser atractivamente terrorífica, y a esto llega una pregunta inquietante que se ha posado en mi mente... ¿habrá vampiros cerca de mí? En este aspecto es una historia vampírica que toma su propio rumbo alejándose de los argumentos tradicionales en el género. El tema de Los huesos se basa en una venganza por asuntos familiares, por decirlo de alguna forma, entre dos clanes poderosos de vampiros, pero tras una larga persecución surge otro motivo más ambicioso, y la venganza pasa a un segundo plano. Por supuesto, no les contaré toda la historia.
Pero no puedo aguantarme las ganas de comentar otro aspecto extraordinario, y es que estos vampiros no tienen largos y afilados colmillos para traspasar los cuellos de sus víctimas, nada de eso. Los almatinenses, esa raza que no teme al sol, tienen un aguijón retráctil que la hace pasar desapercibida; claro, los almatinenses siguen siendo letales, mortíferos y terribles, pero más parecidos a los humanos. El hecho de parecer humanos no disminuye la atmósfera gótica que envuelve toda la historia, y aparece desde el principio, con la noche, la melancolía que se siente en Guillermo y Arabella, y se mantiene hasta el final con la luna como otro personaje que no abandona la vieja casona ni los pasos de los personajes. La soledad de ellos queda expresada en esta frase:
Quizá ahora tenía otro enemigo, o tal vez había ganado un cómplice para compartir la eternidad. Esa reflexión la hizo pensar en su condición solitaria, porque los vampiros son huérfanos del tiempo, los huérfanos más solitarios del mundo. Solo hay un hogar en la noche donde la luz plateada de la luna llena deshilacha los pecados y los placeres...
—Allí tenemos nuestra morada eterna —se dijo mirando hacia la luna, con sus manchas y sus códigos encerrados en misterios insondables.
Disfruté la lectura, me entristeció un poco porque no hubo romance y eché de menos la historia de amor; naturalmente, esta observación no resta fuerza a las intrigas que rodean el mundo de Arabella y Guillermo, dos seres que se buscaron a través de la eternidad para recuperar una memoria que, a lo mejor, los unirá en una segunda parte que desde ya estoy esperando. La narración es maravillosa, y me pregunté muchas veces cuál será la parte de Sebastián Beringheli, a quien admiro muchísimo y es punto de referencia obligatoria en temas góticos, y cuál la de Les Quintero, que es más conocida por otro género de escritura, aunque en su cuento “La fiesta de la castaña” se puede notar el gusto por este tipo de temas. Busqué otro de sus cuentos, “El dogal rojo”, también con tintes neogóticos, pero no lo encontré en el blog Lector Cómplice, donde estaba publicado. El recuerdo de estos cuentos me hace preguntarme si, al igual que la Susa de Bitácoras ignotas, Les Quintero encontró en alguno de ellos el punto para girar hacia otro género. Si es así, le auguro mucho éxito.
No me queda más que felicitar a Les y a Sebastián por crear esta ficción que me atrapó varias noches, y pedirles la segunda parte de esta historia que espero ansiosamente.
Referencias sobre Los huesos de la luna: