Artículos y reportajes
Matsuo Bashō
Matsuo Bashō. Retrato por Katsushika Hokusai.
El haikú, una experiencia poética

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Dos sucesos ocurridos en el mes de marzo de 2011 resultaron decisivos en mi incursión en la poesía japonesa, especialmente en el terreno del haikú: el terremoto y el tsunami en Japón con el consecuente accidente nuclear en Fukushima (11 de marzo) y el florecimiento de los apamates en la ciudad de Maracay y sus alrededores. Ante el caudal de noticias producto de la catástrofe centré mi atención en ese país del lejano oriente cuyas influencias son constantes en este lado del planeta desde hace varias décadas, llámese artes marciales, manga y animé, tecnología, automotriz, alta cocina, filosofía zen, entre otras. Paralelamente interviene un espectáculo que nos regala la naturaleza entre los meses de marzo y abril como lo es el revestimiento blanco y rosa de los apamates, tal como diría el poeta Erasmo Fernández: Otra vez marzo / se repite el ciclo / trinos, lluvia, apamates florecidos. De esta manera nace el primer haikú dedicado a la naturaleza circundante: la tarde llega / apamates florecen / alfombra rosa.

El haikú, como género poético, se rige por una serie de normas de forma y fondo en cierta medida estrictas que comprometen al haijin (escritor de haikús) a un estudio previo y un proceso de revisión constante de sus creaciones. El maestro y propulsor japonés Matsuo Bashō (1644-1694) proporciona una voz de aliento para el que recién incursiona: Aprende las reglas, luego olvídalas, aunque desde esa época de oro han surgido diferentes formas de ver el poema, el tema lleva a la comprensión de puntos básicos para generalizar su práctica y establecer otros estilos similares que impliquen diversas temáticas. El haikú es un poema breve conformado por tres versos de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente cuyo ámbito corresponde netamente al medio natural que nos rodea. El mismo define un momento específico en tiempo presente, “el aquí y el ahora”, y permite describir solamente “lo que el ojo puede ver”; debido a esto no es aconsejable el uso de imágenes relacionadas con los otros sentidos como el gusto, sonidos, olores, y por su carácter objetivo no tienen cabida los recursos expresivos del lenguaje como metáforas, símiles, onomatopeyas, entre otros. El español Vicente Haya lo describe en cuatro palabras: “asombro por un suceso”. El poema no lleva título y no debe rimar y debe incluir un kigo o referencia a la estación o período que involucre al clima (lluvia, sequía, cosecha, etc.) y un kirijei o referencia al día o la noche. El haijin encapsula un instante y en tres trazos mínimos desarrolla un universo en miniatura, una postal que resalta valores conservacionistas.

El haikú es un poema impersonal y, de aparecer el yo, éste debe estar involucrado en el mismo, aunque por su brevedad y los condicionantes que lo atañen es poco factible que se tomen en cuenta otros temas. Para este apartado surge el senryu y el zappai, definidos también por Vicente Haya como “diversión por un suceso” y “ocurrencia sin suceso”, respectivamente. El senryu abarca las emociones humanas y sólo se rige por las reglas de forma del haikú. La ejecución de estas tres formas poéticas emplea el uso de la sinalefa y las leyes de acentuación para el conteo de las sílabas; es decir, si la última palabra del verso es aguda se le suma una sílaba, si es grave no se modifica el conteo, si es esdrújula se le resta una y sobresdrújula se le descuentan dos sílabas a la cuenta.

A partir de Bashō surgen otros maestros que promovieron la práctica del haikú en Japón, poetas como Buson, Issa, Santōka y Shiki, entre los más importantes, todos con su estilo particular en una nación rica en tradiciones y respeto por la naturaleza. En Latinoamérica se tiene como primera referencia los aportes de los mexicanos Juan José Tablada y luego Octavio Paz, quien trata el tema de una manera más profunda y metódica, especialmente por su traducción del libro de Bashō La senda del Oku. Escritores de la talla de Jorge Luis Borges y Mario Benedetti se declararon adeptos a este tipo de poemas comprimidos y por las redes literarias en Internet es común ver grupos de personas dedicadas al estudio y promoción del haikú.

El haikú suele ser acompañado por un haiga o pintura de aparente sencillez relacionada directamente con la temática del poema, aquí vuelve a aparecer Bashō como su precursor. La inclusión del dibujo se ha generalizado y es común su uso hoy en día, para el cual también se han empleado como sustitutos las fotografías alusivas. Otra tendencia reciente para la elaboración de los poemas viene de la escuela inglesa, que suprimen signos de puntuación como los puntos y las comas y el uso de las mayúsculas con la finalidad de conferirle la levedad que es su característica, asemejándolo más a los pictogramas japoneses que no llevan signos de puntuación ni mayúsculas. Para escribir un haikú no se requiere el uso de palabras rimbombantes, científicas o complejas. Con esto se infiere que cualquier persona está capacitada para escribir un haikú siguiendo las instrucciones. Es por ello que en Japón, donde el analfabetismo es casi nulo, es difícil encontrar a alguien que en su vida no haya escrito uno.

Por lo descrito anteriormente, el haikú posee características propias y bien definidas en su formalidad y temática. Atendiendo a este apartado Luis Andrade hace énfasis en el respeto que debe mantener la estructura como tal con el fin de perpetuarla, tomando como irresponsables aquellos autores que publican supuestos haikús sin siquiera mantener la estructura silábica de 5, 7 y 5. Aunque muchas traducciones no nos lleguen de esa manera, es deber del haijin tratar de ajustarse con fidelidad a lo establecido y, a partir de allí, rendirle tributo a la inmensidad que se concibe en un instante.

Vale destacar que apenas realizamos un intento por acercarnos a la esencia misma del haikú, ya que el originario suele estar imbricado en la filosofía zen y en la concepción que manejan los orientales de la naturaleza en su esplendor. Podemos conformarnos con la adaptación de este estilo de poesía a nuestra lengua, cultura y modo de ver la vida. Un proceso que compromete al haijin a brindarle el respeto que se merece cualquier manifestación de energía viviente. Levantar la vista por unos segundos y contemplar el terruño, salir del ensimismamiento y apreciar lo bueno que nos ofrece el suelo que pisamos y el cielo que nos cubre. En base a esto nace otro haikú: las garzas vuelan / del llano a las montañas / tras el crepúsculo.

 

Fuentes consultadas

  1. Andrade S., Luis. El haikú en lengua castellana. 9 de mayo de 2010. En: TransLetralia.
  2. El Rincón del Haiku.
  3. Fleitas, Carlos. Cómo escribir un haikú: o el arte de bailar en un centímetro cuadrado. Mayo de 2002.
  4. Haiku. En: Wikipedia.